Lo Que Dicen De El.

Casualidades

Lily no quería estar allí.

Lo había dicho varias veces.

A Emma.

A sí misma.

Y probablemente al universo entero.

Pero aun así había terminado en aquella fiesta.

Porque después de un mes encerrada entre trabajo, apuntes y silencios, su amiga había decidido que ya era suficiente.

—Necesitas salir.

—Necesito dormir.

—Necesitas vivir.

—Qué dramática eres.

—Y tú demasiado aburrida.

Lily había intentado resistirse.

Había perdido.

Como siempre.

Mientras tanto, Ethan sostenía un vaso en una esquina del salón.

La música retumbaba.

La gente reía.

Algunas chicas intentaron hablar con él.

Ni siquiera recordaba sus nombres.

Su cabeza estaba en otro lugar.

Había pasado un mes.

Un mes completo.

Y todavía seguía mirando su teléfono algunas noches.

Todavía seguía revisando una conversación vacía.

Todavía seguía esperando una respuesta que nunca llegaba.

—Estás deprimente esta noche.

Ethan levantó la vista.

—Gracias.

—Lo digo en serio.

—Y yo también.

Su amigo soltó una carcajada.

—Necesitas superar a esa chica.

Ethan bebió un poco.

—Tal vez.

Pero no sonó convencido.

Porque no lo estaba.

Fue entonces cuando la vio.

Al principio creyó que era una ilusión.

Una mala jugada de su cerebro.

Pero no.

Era ella.

Lily.

Estaba al otro lado del salón.

Hablando con Emma.

Llevaba un vestido sencillo de color oscuro.

Nada llamativo.

Nada extravagante.

Y aun así Ethan fue incapaz de apartar la mirada.

Había pasado semanas intentando recordar su rostro.

Y ahora que la tenía delante...

Era peor.

Mucho peor.

Porque la había extrañado más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Entonces ocurrió algo que no le gustó en absoluto.

Un chico se acercó a ella.

Alto.

Bien vestido.

Demasiado sonriente.

Dijo algo.

Lily respondió con educación.

Después sonrió.

Y el desconocido pareció encantado.

Ethan apretó la mandíbula.

—Oh, no.

—¿Qué? —preguntó uno de sus amigos.

—Nada.

Mentira.

Porque de pronto una idea horrible apareció en su cabeza.

Lily podía seguir adelante.

Podía conocer a alguien más.

Podía olvidarlo.

Y por primera vez desde que la conocía...

Aquello le dio miedo.

Un miedo absurdo.

Irracional.

Pero completamente real.

Lily no había visto a Ethan.

Todavía.

Y sinceramente prefería que siguiera siendo así.

La fiesta ya estaba siendo suficientemente incómoda.

El muchacho que hablaba con ella parecía agradable.

Pero ella apenas prestaba atención.

Porque una parte de ella seguía comparando cada sonrisa.

Cada mirada.

Cada conversación.

Con alguien más.

Y odiaba eso.

Odiaba que todavía ocurriera.

Odiaba que después de un mes siguiera pensando en Ethan Hall.

Necesitando aire, decidió salir al jardín.

Lejos de la música.

Lejos de la multitud.

Lejos de todo.

Respiró profundamente.

El aire fresco de la noche golpeó su rostro.

Y durante un segundo se sintió mejor.

Hasta que escuchó una voz detrás de ella.

—Hola, genio.

Su corazón se detuvo.

Lentamente cerró los ojos.

Como si aquello pudiera hacer desaparecer la situación.

No funcionó.

Porque conocía esa voz.

La conocía demasiado bien.

Se giró.

Y allí estaba.

Ethan parecía ligeramente ebrio.

No lo suficiente para perder el equilibrio.

Pero sí lo suficiente para que sus ojos estuvieran más brillantes de lo normal.

Y para que su sinceridad fuera peligrosa.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Simplemente se observaron.

Como dos personas que no sabían cómo comportarse después de haberse extrañado demasiado.

—Hola, Ethan.

Aquellas dos palabras fueron suficientes para que Ethan sintiera algo extraño en el pecho.

Hacía un mes que no escuchaba su voz.

—No esperaba verte aquí.

—Yo tampoco.

—Emma me obligó.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Ethan.

—Suena a Emma.

Por primera vez en semanas, Lily casi sonrió.

Casi.

Pero no del todo.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Incómodo.

Pesado.

Lleno de cosas sin decir.

—Te ves bien —dijo Ethan.

Lily apartó la mirada.

—Has bebido.

—Un poco.

—Puedo notarlo.

—Todavía puedo caminar recto.

—Eso no es un gran logro.

Ethan soltó una pequeña risa.

Y por un instante todo pareció normal.

Como antes.

Como cuando compartían café.

Como cuando discutían sobre tareas.

Como cuando ella todavía lo miraba sin dolor.

—¿Cómo has estado? —preguntó él.

—Bien.

—Mentirosa.

Lily bajó la vista.

—¿Y tú?

Ethan observó el jardín.

Las luces.

La noche.

Cualquier cosa menos a ella.

—He estado mejor.

Aquella respuesta la tomó por sorpresa.

Porque sonó sincera.

Demasiado sincera.

—Ethan...

—¿Sí?

—No deberíamos hacer esto.

—¿Hablar?

—Sí.

—¿Por qué?

Lily tragó saliva.

Porque la respuesta era simple.

Porque cada vez que estaba cerca de él olvidaba por qué se había alejado.

Y eso era peligroso.

Muy peligroso.

—Porque nada cambió.

Ethan la observó durante varios segundos.

—Tal vez sí.

—No.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque te conozco.

Aquello hizo sonreír a Ethan.

Una sonrisa triste.

Cansada.

—Yo también te conozco.

Lily sintió que el corazón le dolía.

Y eso la enfureció.

Porque había pasado un mes intentando reconstruirse.

Y bastaban cinco minutos con él para derribar todas sus defensas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.