Lo Que Dicen De El.

Las Flores

Una oportunidad

Después de aquella noche en la fiesta, Ethan desapareció.

Y aquello desconcertó a Lily más de lo que estaba dispuesta a admitir.

No hubo mensajes.

No hubo llamadas.

No hubo intentos de encontrarla.

Nada.

Como si finalmente hubiera decidido rendirse.

Y aunque aquello era exactamente lo que ella había pedido...

Por alguna razón no se sintió como una victoria.

Tres días después, un enorme ramo de rosas apareció en la recepción de la universidad.

A nombre de Lily.

La secretaria le sonrió al entregárselo.

—Tienes un admirador muy insistente.

Lily no necesitó preguntar quién era.

Lo supo inmediatamente.

Entre las flores encontró una pequeña tarjeta.

La abrió.

Y casi rodó los ojos.

Perdóname.

Por favor.

— Ethan

—Idiota.

Pero aun así guardó la tarjeta.

Lo cual la convirtió en una idiota también.

Dos días después volvió a recibir flores.

Y después otra nota.

Y después otra.

Ninguna demasiado larga.

Ninguna demasiado dramática.

Solo pequeñas disculpas.

Pequeños recordatorios de que Ethan Hall seguía allí.

Y aquello empezó a irritarla.

Mucho.

O al menos eso se repetía.

Aquella tarde salió de la universidad decidida a ignorar cualquier nuevo intento suyo.

Pero al cruzar la puerta principal se detuvo.

Porque alguien la estaba esperando.

Y por un segundo no lo reconoció.

Era Ethan.

Pero no el Ethan de siempre.

No llevaba sudadera.

No llevaba ropa deportiva.

No parecía estar camino a un entrenamiento.

Vestía un traje negro impecable.

Con corbata.

Y el cabello cuidadosamente acomodado.

Lily se quedó inmóvil.

Porque la verdad era vergonzosa.

Se veía increíble.

Ridículamente increíble.

Y odiaba haberlo pensado.

Ethan sonrió al verla.

Y comenzó a caminar hacia ella.

—Hola, genio.

—No me llames así.

—Lo intentaré.

—Mentiroso.

—Sí.

Aquello arrancó una pequeña sonrisa de Lily.

Y Ethan la notó.

Por supuesto que la notó.

—¿Te gustaron las flores?

La pregunta la tomó desprevenida.

—Sí.

La respuesta salió antes de que pudiera detenerla.

Y cuando se dio cuenta de lo que había dicho, ya era demasiado tarde.

Ethan sonrió.

—Lo sabía.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Lily soltó un suspiro.

—Ethan...

—Solo una oportunidad.

—...

—Una tarde.

—...

—Si después de eso sigues sin querer verme, no volveré a molestarte.

Lily sabía que debía decir que no.

Sabía perfectamente que debía hacerlo.

Pero entonces lo miró.

Y descubrió algo extraño.

No parecía seguro de sí mismo.

No parecía el Ethan arrogante que conoció meses atrás.

Parecía nervioso.

Como si realmente le importara su respuesta.

Y aquello terminó de destruir sus defensas.

—Una tarde.

La sonrisa de Ethan fue inmediata.

—Una tarde.

Primero la llevó a almorzar.

A un pequeño restaurante que resultó ser su lugar favorito.

Lily esperaba algo elegante.

Extravagante.

Propio de Ethan.

Pero el sitio era sencillo.

Cálido.

Y sorprendentemente normal.

—Venías aquí antes de conocerme.

—Desde hace años.

—¿Por qué nunca me hablaste de este lugar?

—Porque quería mostrártelo.

Aquella respuesta hizo que Lily bajara la mirada para ocultar una sonrisa.

Más tarde caminaron por la ciudad.

Hablaron de clases.

De trabajo.

De cualquier cosa excepto del verdadero problema.

Hasta que finalmente terminaron en una cafetería.

Sentados frente a frente.

Con dos tazas humeantes entre ellos.

Y el silencio volvió.

Pero esta vez no era incómodo.

Solo inevitable.

Ethan apoyó las manos alrededor de su taza.

Y respiró profundamente.

—No sé cómo hacer esto.

Lily levantó una ceja.

—Eso es nuevo.

—Lo sé.

—Normalmente hablas demasiado.

—Contigo siempre digo las cosas equivocadas.

Aquello arrancó una pequeña risa de Lily.

Y Ethan sonrió.

Porque había extrañado ese sonido más de lo que podía explicar.

Entonces la miró.

Directamente.

Sin bromas.

Sin máscaras.

—Intenté seguir adelante.

Lily sintió que el corazón se aceleraba.

—...

—Lo intenté de verdad.

—Ethan...

—Pero no pude.

El silencio cayó entre ambos.

—Iba a clases y pensaba en ti.

—...

—Entraba a una cafetería y pensaba en ti.

—...

—Veía un libro y pensaba en ti.

Lily bajó la mirada.

Porque escuchar aquello era mucho más difícil de lo que esperaba.

—No podía concentrarme en nada.

Ethan sonrió con tristeza.

—Y créeme, para alguien que ya era malo estudiando, eso es un problema enorme.

A pesar de todo, Lily soltó una carcajada.

Y por primera vez en mucho tiempo...

Ambos sonrieron al mismo tiempo.

La conversación se extendió mucho más de lo que Lily había planeado.

El café se enfrió.

La tarde se convirtió en noche.

Y por primera vez en meses, hablar con Ethan no dolió.

O al menos no tanto.

Cuando finalmente salieron de la cafetería, Ethan insistió en acompañarla a casa.

Lily protestó.

Por supuesto.

Y Ethan la ignoró.

Por supuesto.

Caminaron varias cuadras.

Hablando de cualquier cosa.

De profesores insoportables.

De exámenes.

De libros.

De fútbol.

Y por momentos parecía que nada malo había ocurrido entre ellos.

Como si aquel mes de distancia jamás hubiera existido.

Finalmente llegaron al edificio de Lily.

Ella se detuvo frente a la puerta.

Y por primera vez desde que habían salido de la cafetería, ninguno dijo nada.




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