Lily se despertó una hora antes de lo habitual.
Y se odió por ello.
Porque sabía exactamente por qué lo había hecho.
—Patético —murmuró frente al espejo.
Aun así, abrió el armario.
Y comenzó a buscar qué ponerse.
Probó una blusa.
La descartó.
Probó otra.
También la descartó.
Después pasó quince minutos discutiendo consigo misma sobre si debía maquillarse o no.
Al final terminó haciéndolo.
Solo un poco.
Nada exagerado.
Al menos eso intentó convencerse.
Cuando terminó de peinarse se observó en el espejo.
Y se quedó inmóvil unos segundos.
Porque parecía que estaba preparándose para una cita.
Y definitivamente no era una cita.
Absolutamente no.
A las siete cincuenta y ocho terminó de acomodar sus apuntes.
A las siete cincuenta y nueve miró el reloj.
Y exactamente a las ocho sonó una bocina afuera.
Lily corrió hasta la ventana.
Apartó la cortina.
Y allí estaba.
—Diablos.
Ethan ya había llegado.
Apoyado contra su automóvil.
Esperando.
Como si no tuviera nada mejor que hacer.
Y por alguna razón aquella imagen hizo que su corazón comenzara a latir más rápido.
—Cálmate —se dijo a sí misma.
No funcionó.
Tomó su bolso.
Sus libros.
Su café.
Olvidó el café.
Volvió por el café.
Casi dejó caer los libros.
Y antes de salir se observó una última vez en el espejo.
Solo para asegurarse de que todo estaba bien.
—Patético —repitió.
Y salió corriendo.
Ethan levantó la vista cuando la vio aparecer.
Y durante un instante se quedó completamente quieto.
Porque Lily estaba preciosa.
Y aquello fue un problema.
Un problema enorme.
Porque de repente olvidó lo que iba a decir.
—Buenos días, genio.
Lily intentó responder algo inteligente.
Algo ingenioso.
Algo que no la hiciera parecer nerviosa.
—Hola.
Perfecto.
Brillante.
Ethan abrió la puerta del acompañante.
Y Lily sintió que el corazón le daba un pequeño vuelco.
—Gracias.
—Siempre.
Aquella respuesta fue peor.
Mucho peor.
Una vez dentro del automóvil, Ethan se inclinó ligeramente hacia ella.
Lily dejó de respirar.
Por un segundo.
Dos.
Tres.
Y entonces él depositó un suave beso sobre su mejilla.
—Buen día.
El cerebro de Lily dejó de funcionar correctamente.
—B-Buen día.
Excelente.
Ahora tartamudeaba.
Maravilloso.
Durante el trayecto hablaron de cualquier cosa.
De profesores.
De tareas.
De exámenes.
Aunque la verdad era que ninguno estaba prestando demasiada atención.
Porque los dos eran demasiado conscientes de la presencia del otro.
Cuando llegaron a la universidad, Ethan rodeó el automóvil y caminó junto a ella.
Como si fuera la cosa más natural del mundo.
Y fue entonces cuando comenzaron las miradas.
Primero una.
Después otra.
Y otra más.
—¿Esa no es Lily?
—Sí.
—¿Está con Ethan Hall?
—¿Desde cuándo?
—No tengo idea.
Lily sintió que quería desaparecer.
Porque la gente estaba observándolos.
Y comentando.
Y definitivamente sacando conclusiones.
—Están mirando.
—Lo sé.
—Siguen mirando.
—También lo sé.
—Ethan.
—¿Sí?
—Haz algo.
—¿Como qué?
—No lo sé.
—Personalmente estoy disfrutándolo.
—ETHAN.
A media mañana prácticamente todo el campus parecía haberse enterado.
Los rumores corrían más rápido que internet.
Y cada versión era peor que la anterior.
Algunos decían que estaban saliendo.
Otros que llevaban meses juntos.
Alguien incluso aseguró que estaban comprometidos.
Lo cual era completamente ridículo.
—¿Comprometidos? —preguntó Lily horrorizada.
Emma estaba llorando de risa.
—Felicitaciones por tu boda.
—Emma.
—¿Ya eligieron los nombres de los niños?
—EMMA.
Mientras tanto, al otro lado del campus, Ethan no podía dejar de sonreír.
Porque por primera vez en mucho tiempo...
Lily estaba allí.
A su lado.
Y esa era una sensación que no pensaba perder tan fácilmente.