Lo Que Dicen De El.

Fuera de juego

Durante las siguientes semanas ocurrió algo que nadie esperaba.

Ethan Hall empezó a desaparecer.

No completamente.

Solo de las cosas importantes.

Llegaba tarde a los entrenamientos.

Olvidaba trabajos.

Faltaba a reuniones del equipo.

Y por primera vez en años parecía incapaz de concentrarse.

La razón tenía nombre.

Apellido.

Y una peligrosa obsesión por los libros.

—¿Otra vez llegas tarde?

—Cinco minutos.

—Treinta y siete.

—Detalles.

Su entrenador parecía cada vez más cerca de sufrir un infarto.

Y Ethan comenzaba a quedarse sin excusas.

El problema era que siempre tenía algo mejor que hacer.

Tomar café con Lily.

Acompañarla a casa.

Escucharla hablar durante cuarenta minutos sobre un libro que él jamás leería.

Discutir con ella sobre profesores.

Molestarla.

Hacerla sonrojarse.

Verla reír.

Especialmente verla reír.

Una tarde estaban sentados en una cafetería cerca del campus.

Lily estudiaba.

Ethan fingía estudiar.

La diferencia era importante.

—¿Vas a leer esa página?

—La estoy leyendo.

—Llevas diez minutos mirando la misma línea.

—Es una línea complicada.

Lily rodó los ojos.

—Eres imposible.

—Y tú muy bonita cuando te concentras.

—Ethan.

—¿Sí?

—Estudia.

—Lo intento.

Mentira.

No lo intentaba.

Ni un poco.

Entonces su teléfono comenzó a vibrar.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Cuatro.

Cinco.

Lily levantó una ceja.

—Eso parece urgente.

Ethan tomó el celular.

Y sintió que la sangre abandonaba su rostro.

—Oh, no.

—¿Qué ocurre?

—Carajo.

—¿Qué hiciste ahora?

Ethan abrió los mensajes.

Eran de Ryan.

Su compañero del equipo.

¿Dónde estás?

No me digas que lo olvidaste.

Ethan.

ETHAN.

Tenemos práctica.

Ahora.

Ethan miró la hora.

Y casi se atragantó.

—No.

—¿Qué?

—No.

—¿Qué pasó?

—Entrenamiento.

—¿Entrenamiento?

—Entrenamiento.

Lily abrió los ojos.

—¿Ahora?

—Ahora.

—Ethan...

—Lo olvidé.

—ETHAN.

—LO SÉ.

El teléfono volvió a vibrar.

Otro mensaje.

Voy a matarte.

El entrenador también.

¿Estás con Lily?

Ethan cerró los ojos.

Porque conocía demasiado bien a sus compañeros.

Y porque la respuesta era ridículamente obvia.

Lentamente escribió:

Tal vez.

La respuesta llegó en menos de cinco segundos.

Idiota.

Estás con Lily.

Por eso desapareciste.

El equipo hizo una apuesta.

Ethan parpadeó.

¿Qué apuesta?

Cuánto tardarías en olvidarte del deporte por una chica.

—¿Qué? —murmuró.

—¿Qué ocurre? —preguntó Lily.

Ethan levantó la vista.

—Mis amigos son horribles.

—Eso ya lo sabía.

—Hicieron apuestas.

—¿Sobre qué?

—Sobre ti.

Lily casi escupe su café.

—¿Qué?

—Y aparentemente estoy perdiendo.

Cuando finalmente llegaron al entrenamiento, el desastre fue todavía peor.

Todo el equipo comenzó a aplaudir.

Algunos silbaron.

Otros fingieron llorar de emoción.

—¡Miren quién apareció!

—¡Está vivo!

—¡Volvió de su luna de miel!

—¡Pensábamos que Lily lo había secuestrado!

—¡Ryan me debe veinte dólares!

Ethan cerró los ojos.

—Voy a cambiar de equipo.

—Demasiado tarde —dijo Ryan riendo.

Entonces observó a Lily.

Y después a Ethan.

Y negó lentamente con la cabeza.

—Nunca pensé que vería el día.

—¿Qué día?

—El día en que Ethan Hall faltara a un entrenamiento por una cita.

Todo el equipo comenzó a reír.

Y para empeorar las cosas...

Nadie estaba equivocado.




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