Lo Que Dicen De El.

Lo que se dice

Las primeras veces, Ethan ni siquiera les prestó atención.

Estaba demasiado ocupado siendo feliz.

Demasiado ocupado con Lily.

Demasiado ocupado viviendo una vida que, por primera vez, parecía exactamente como la había imaginado.

Por eso cuando escuchó el primer comentario...

Simplemente lo ignoró.

—¿Escuchaste lo de Ethan Hall?

Ethan levantó la vista por reflejo.

Dos estudiantes caminaban delante de él.

Una de ellas giró la cabeza.

Lo vio.

Y guardó silencio inmediatamente.

—¿Qué pasa? —preguntó Lily.

—Nada.

Ethan volvió a caminar.

No era la primera vez que alguien hablaba de él.

Era conocido en el campus.

La gente comentaba cosas sobre él constantemente.

No tenía importancia.

O eso pensó.

Durante los días siguientes ocurrió varias veces.

Conversaciones que se detenían cuando él aparecía.

Miradas extrañas.

Susurros.

Nada demasiado evidente.

Nada que pudiera señalar directamente.

Pero suficientes cosas como para resultar incómodas.

Una tarde, mientras esperaba a Lily fuera de una clase, escuchó nuevamente su nombre.

—Yo no sé si creerlo.

—Bueno, algo tuvo que pasar.

—¿Y si es mentira?

—¿Desde cuándo la gente inventa cosas así?

Ethan giró la cabeza.

Las dos chicas se alejaron rápidamente.

Como si no quisieran ser descubiertas.

—Qué raro —murmuró.

Aquella misma tarde se reunió con Lily en la cafetería.

Ella estaba terminando unos apuntes.

Él observándola.

Como siempre.

—¿Vas a ayudarme o solo vas a quedarte mirando?

—Todavía no lo decidí.

—Ethan.

—¿Sí?

—Concéntrate.

—Estoy concentrado.

—No lo estás.

—Estoy concentrado en ti.

Lily intentó ocultar la sonrisa.

Sin éxito.

—Eres imposible.

—Y aun así me quieres.

—Lamentablemente.

Ethan se inclinó hacia adelante.

—Eso sonó muy poco romántico.

—Sobrevivirás.

Por un momento olvidó completamente los comentarios.

Las miradas.

Los rumores.

Todo.

Porque cuando estaba con Lily, el resto del mundo parecía perder importancia.

Al principio, Ryan pensó que solo eran chismes.

La universidad estaba llena de ellos.

Duraban una semana.

Dos como mucho.

Y luego desaparecían.

Pero esta vez era diferente.

Porque el nombre de Ethan seguía apareciendo.

Una y otra vez.

—¿Lo viste? —preguntó Mason una tarde.

Ryan levantó la vista de su teléfono.

—¿Ver qué?

Mason le mostró la pantalla.

Un foro de estudiantes.

Comentarios.

Mensajes.

Publicaciones anónimas.

Nada concreto.

Pero todas señalaban a la misma persona.

Ethan Hall.

Ryan frunció el ceño.

—¿Qué demonios es esto?

—Eso mismo quiero saber.

Durante los días siguientes comenzaron a prestar atención.

Escuchaban conversaciones.

Preguntaban discretamente.

Observaban.

Y cuanto más averiguaban, peor se sentía todo.

Porque nadie parecía tener una historia completa.

Pero todos parecían tener una versión.

Una versión diferente.

Y todas incluían a Ethan.

—No me gusta esto —dijo Mason.

—A mí tampoco.

Ryan volvió a leer una de las publicaciones.

La cuenta era anónima.

No había pruebas.

No había nombres.

No había detalles.

Solo insinuaciones.

Pero estaban creciendo.

Y la gente comenzaba a creerlas.

Dos días después encontraron a Ethan en el gimnasio.

Estaba terminando una rutina.

Por primera vez en semanas.

—Tenemos que hablar.

Ethan levantó una ceja.

—Eso nunca suena bien.

—Esta vez tampoco.

La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.

—¿Qué ocurre?

Ryan cruzó los brazos.

—¿Has escuchado los rumores?

—Sí.

—¿Y?

—Y nada.

Mason soltó una carcajada incrédula.

—¿Nada?

—Son rumores.

—Ethan...

—La gente se aburre y habla.

Siempre fue así.

Ryan intercambió una mirada con Mason.

Aquello era exactamente lo que temían.

Que Ethan no entendiera lo que estaba pasando.

—No creemos que sea un rumor cualquiera —dijo Ryan finalmente.

Ethan dejó la botella de agua sobre el banco.

—¿Por qué?

—Porque sigue creciendo.

—Y porque alguien está alimentándolo —añadió Mason.

Por primera vez Ethan pareció pensarlo.

Solo un instante.

Luego negó con la cabeza.

—Se va a apagar solo.

—¿Y si no?

—Lo hará.

—¿Cómo lo sabes?

Ethan abrió la boca.

Pero no respondió.

Porque no lo sabía.

Solo quería creerlo.

Aquella noche, mientras caminaba junto a Lily por el campus, la conversación volvió a su mente.

Los comentarios.

Las miradas.

Las advertencias de Ryan y Mason.

Por primera vez comenzó a sentirse incómodo.

No asustado.

Todavía no.

Solo incómodo.

Como si algo no encajara.

Como si hubiese una pieza que él no estaba viendo.

—¿En qué piensas? —preguntó Lily.

Ethan la miró.

Y sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Forzada.

—En nada.

Lily no pareció convencida.

Pero tampoco insistió.

Entonces tomó su mano.

Y siguieron caminando.

Durante unos minutos, Ethan consiguió convencerse de que Ryan estaba exagerando.

De que Mason estaba siendo paranoico.

De que todo iba a desaparecer.

Porque esas cosas siempre desaparecían.

¿Verdad?

Sin embargo, a varios metros de distancia, dos estudiantes los observaban.

Y cuando Ethan y Lily doblaron la esquina, una de ellas sacó el teléfono.

—Es él.

La otra asintió.

—Sí.

—Entonces es verdad.

Y aunque Ethan todavía no lo sabía...

Aquellos rumores estaban a punto de convertirse en algo mucho más peligroso.




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