Lo Que Dicen De El.

Entre susurros

Lily no pareció convencida.

Pero tampoco insistió.

Simplemente tomó la mano de Ethan.

Y siguieron caminando.

Durante unos minutos, Ethan consiguió convencerse de que Ryan estaba exagerando.

De que Mason estaba siendo paranoico.

De que todo iba a desaparecer.

Porque esas cosas siempre desaparecían.

¿Verdad?

Sin embargo, aquella sensación incómoda no terminó cuando abandonaron el campus.

La llevó consigo durante todo el camino.

Y cuanto más intentaba ignorarla, más presente se volvía.

—Estás muy callado —comentó Lily.

Ethan soltó una pequeña risa.

—¿Yo?

—Sí, tú.

—Tal vez estoy cansado.

—Mentira.

—¿Cómo sabes que miento?

—Porque te conozco.

Aquello consiguió arrancarle una sonrisa.

Pequeña.

Pero real.

—Ven conmigo a casa.

Lily levantó una ceja.

—¿Ahora?

—Sí.

—¿Ocurre algo?

Ethan dudó unos segundos.

—Necesito hablar contigo.

La expresión de Lily cambió inmediatamente.

Y eso hizo que Ethan se sintiera culpable.

Porque no quería preocuparla.

Pero tampoco quería seguir fingiendo que todo estaba bien.

Cuando llegaron a la casa de Ethan, el silencio volvió a instalarse entre ellos.

Él dejó las llaves sobre la mesa.

Luego se pasó una mano por el cabello.

Nervioso.

Muy nervioso.

—Ethan...

—Ryan y Mason creen que algo está pasando.

—¿Con los rumores?

Él asintió.

—Pensé que estaban exagerando.

Pero cada vez aparecen más comentarios.

Más gente hablando.

Más cosas raras.

Lily permaneció en silencio.

Escuchando.

Y cuanto más escuchaba, más seria se volvía.

—¿Qué clase de comentarios?

—No lo sé.

Ese es el problema.

Nadie dice nada concreto.

Pero todos parecen saber algo.

O creer que saben algo.

Lily bajó la mirada.

Aquello sí sonaba preocupante.

Mucho más de lo que había imaginado.

Ethan se acercó lentamente.

—Oye.

Ella levantó la vista.

—Me conoces.

—Lo sé.

—Sabes cómo era antes.

Sabes que fui un mujeriego.

Que salí con muchas chicas.

Sabes todo eso.

—Sí.

—Pero jamás hice algo así.

La voz de Ethan sonó firme.

Honesta.

Dolida.

—Jamás lo haría.

Lily sintió que el corazón se le encogía.

Porque podía ver el miedo detrás de aquellas palabras.

El miedo a que ella dudara.

El miedo a perderla.

Entonces tomó su rostro entre las manos.

—Te creo.

Ethan cerró los ojos.

Como si necesitara escuchar exactamente eso.

—Te creo —repitió ella—. Pero tienes que hacer algo.

—¿Qué?

—Hablar con el decano.

O con el vicedirector.

O con quien corresponda.

No puedes esperar a que desaparezca solo.

Ethan bajó la mirada.

Por primera vez consideró que tal vez Lily tenía razón.

Y por primera vez también se preguntó algo que hasta entonces había evitado pensar.

¿Y si aquello recién estaba comenzando?

La pregunta quedó suspendida entre ellos.

Silenciosa.

Inquietante.

Y ninguno de los dos tenía idea de la respuesta.




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