A la mañana siguiente, Ethan se levantó más temprano de lo habitual.
Había dormido poco.
Demasiado poco.
Las palabras de Lily seguían dando vueltas en su cabeza.
No puedes esperar a que desaparezca solo.
Quizá tenía razón.
Quizá había llegado el momento de actuar.
Por eso, en lugar de ponerse una sudadera y unos pantalones deportivos como de costumbre, eligió una camisa oscura y una chaqueta.
Cuando se miró al espejo, casi no se reconoció.
Parecía alguien que iba a una entrevista.
O a un juicio.
La comparación no le gustó.
Lily lo esperaba frente a la residencia.
Al verlo, arqueó una ceja.
—Vaya.
—¿Qué?
—Te ves demasiado formal.
—Intento parecer una persona responsable.
—Es la primera vez que lo veo.
Ethan fingió estar ofendido.
—Qué cruel.
Lily sonrió.
Y por unos segundos todo volvió a sentirse normal.
Como antes.
Como cuando su mayor preocupación era llegar tarde a un entrenamiento.
Caminaron juntos hasta el campus.
La mañana estaba fría.
Y ninguno mencionó los rumores.
Como si ambos necesitaran unos minutos de paz antes de enfrentarse a ellos.
Cuando llegaron al edificio principal, Ethan se detuvo.
—Bueno.
—Bueno —repitió Lily.
—Voy a hablar con el decano.
—Lo sé.
—Cuando termine te enviaré un mensaje.
—Está bien.
Ethan tomó su rostro entre las manos.
Y la besó suavemente.
—Todo va a salir bien.
Lily quiso creerle.
De verdad quiso creerle.
—Te espero.
Él sonrió.
Luego se alejó.
Y ella lo observó desaparecer entre la multitud de estudiantes.
Sin saber por qué, una sensación extraña se instaló en su pecho.
Una sensación que no lograba explicar.
La secretaria le pidió que esperara unos minutos.
Ethan pasó ese tiempo observando el reloj de la pared.
Cada segundo parecía durar una eternidad.
Finalmente la puerta se abrió.
—El decano puede recibirte ahora.
Ethan se puso de pie.
Respiró hondo.
Y entró.
El despacho era amplio.
Ordenado.
Demasiado silencioso.
El decano lo invitó a sentarse.
Pero su expresión era extraña.
Seria.
Más seria de lo que Ethan esperaba.
—¿En qué puedo ayudarte, Ethan?
Él tomó aire.
—Quería hablar sobre algunos rumores que están circulando.
El hombre permaneció en silencio.
Escuchando.
—Hay personas diciendo cosas sobre mí.
Cosas que no son ciertas.
Y cada vez parecen más convencidas.
Pensé que quizá la universidad podía ayudar antes de que esto siga creciendo.
El decano entrelazó las manos sobre el escritorio.
Y por un instante evitó mirarlo directamente.
Aquello hizo que una sensación incómoda recorriera la espalda de Ethan.
—¿Sucede algo? —preguntó.
El decano suspiró lentamente.
—Ethan...
—¿Sí?
—Me alegra que hayas venido.
Aquellas palabras no sonaron bien.
Para nada.
—¿Por qué?
El hombre permaneció callado unos segundos.
Como si estuviera escogiendo cuidadosamente cada palabra.
—Porque justamente iba a pedir que te contactaran.
El corazón de Ethan comenzó a latir más rápido.
—No entiendo.
El decano bajó la mirada hacia unos documentos que tenía sobre el escritorio.
—Ha llegado una denuncia formal.
El mundo pareció detenerse.
—¿Qué?
—Una estudiante presentó una acusación contra ti.
Ethan sintió que toda la sangre abandonaba su rostro.
—No.
La palabra salió casi en un susurro.
—Debe haber un error.
—Entiendo que esto sea difícil.
—No.
No entiendes.
Yo no hice nada.
El decano mantuvo la calma.
Pero su expresión seguía siendo grave.
Demasiado grave.
—Por ahora se iniciará una investigación.
—¿Investigación?
—Es el protocolo de la universidad.
Ethan se puso de pie.
Incapaz de permanecer sentado.
—Yo no hice nada.
—Tendrás oportunidad de dar tu versión.
Pero Ethan apenas escuchaba.
Porque una sola idea ocupaba toda su mente.
Los rumores.
No eran simples rumores.
Nunca lo habían sido.
Y acababa de descubrirlo de la peor manera posible.
A varios edificios de distancia, Lily intentaba concentrarse en una clase.
Pero seguía mirando el teléfono cada pocos minutos.
Esperando un mensaje.
Esperando noticias.
Esperando a Ethan.
Sin saber que, en aquel preciso instante, la vida de ambos acababa de cambiar para siempre.