Por un instante Ethan creyó haber escuchado mal.
—¿Una qué?
—Una denuncia.
El silencio que siguió fue absoluto.
Y por primera vez desde que todo había comenzado...
Ethan sintió miedo de verdad.
La reunión continuó.
Pero Ethan apenas podía concentrarse.
Escuchaba palabras.
Explicaciones.
Procedimientos.
Sin embargo, todo parecía lejano.
Irreal.
—La universidad debe investigar.
—Es parte del protocolo.
—Hasta que concluya el proceso...
Ethan levantó la vista.
—¿Hasta que concluya qué?
El decano suspiró.
—Quedas suspendido de las actividades deportivas.
Aquellas palabras lo golpearon con fuerza.
Pero lo siguiente fue todavía peor.
—Y también de tus clases presenciales.
Ethan sintió que el estómago se hundía.
—¿Qué?
—Es una medida temporal.
—¡Yo no hice nada!
El decano sostuvo su mirada.
—Lo sé.
Pero la universidad debe actuar.
Cuando salió del edificio administrativo, apenas podía respirar.
Las piernas le temblaban.
Todo parecía haber cambiado en menos de una hora.
Sacó el teléfono.
Y llamó a Lily.
Ella respondió casi de inmediato.
—¿Ethan?
—Necesito que salgas de clase.
—¿Qué pasó?
—Te espero donde siempre.
—¿La cafetería?
—Sí.
Hubo un silencio.
—Ethan...
—Debemos hablar.
Esto es serio, Lily.
Muy serio.
La preocupación en la voz de ella fue inmediata.
—Voy para allá.
Cuando cortó la llamada, Ethan apoyó una mano contra la pared del edificio.
Intentando recuperar el aire.
Intentando pensar.
Entonces marcó otro número.
Su padre respondió al segundo tono.
—Hola, hijo.
Ethan cerró los ojos.
—Papá...
Algo en su voz hizo que el hombre se incorporara inmediatamente.
—¿Qué ocurrió?
Y entonces Ethan se lo contó todo.
La denuncia.
La reunión con el decano.
La suspensión.
Los rumores.
Todo.
Su padre permaneció en silencio durante varios segundos.
Demasiados segundos.
—¿Papá?
—Te creo.
Aquellas dos palabras hicieron que Ethan sintiera un nudo en la garganta.
—Yo no hice nada.
—Lo sé.
—Te juro que no hice nada.
—No tienes que jurármelo.
Confío en ti.
Ethan apoyó la cabeza contra la pared.
Por primera vez desde que salió del despacho del decano sintió un mínimo alivio.
—Escúchame bien —continuó su padre—. No vas a enfrentar esto solo.
—...
—Voy a contratar al mejor abogado de la ciudad.
Y vamos a averiguar exactamente qué está pasando.
—Está bien.
—Y Ethan.
—¿Sí?
—No tomes ninguna decisión sin hablar conmigo primero.
¿Entendido?
—Entendido.
—Voy a llamarte más tarde.
Y vamos a resolver esto.
Ethan quiso creerle.
Necesitaba creerle.
Cuando llegó a la cafetería, Lily ya estaba allí.
Se puso de pie apenas lo vio.
Y el corazón se le encogió inmediatamente.
Porque Ethan parecía otra persona.
Pálido.
Agotado.
Demacrado.
Como si en una sola mañana hubiera perdido toda la energía que lo caracterizaba.
—Ethan...
Él caminó hacia ella.
Y antes de decir una sola palabra la abrazó.
Con fuerza.
Como si fuera lo único que lo mantenía de pie.
—Lo siento, Lily.
—¿Por qué?
—Porque esto también va a afectarte.
Lily sintió que el miedo se instalaba en su pecho.
—¿Qué pasó?
Entonces Ethan comenzó a contarle todo.
Y con cada palabra, el mundo de ambos empezó a derrumbarse.