Lo Que Dicen De El.

Cruza los dedos.

La mañana llegó demasiado rápido.

Como siempre ocurría cuando estaban juntos.

Lily despertó antes que Ethan y permaneció unos minutos observándolo dormir.

La luz suave que entraba por la ventana iluminaba parcialmente su rostro.

Por primera vez en semanas parecía tranquilo.

Sin tensión.

Sin preocupación.

Sin aquella sombra constante que había aparecido desde que comenzó la investigación.

Lily sonrió.

Y por un momento deseó poder quedarse allí un poco más.

Solo ellos.

Sin universidad.

Sin rumores.

Sin miedo.

Pero la realidad los estaba esperando.

Desayunaron juntos en una pequeña cafetería antes de regresar.

Ninguno mencionó la despedida.

Como si ignorarla pudiera retrasarla.

—¿Qué vas a pedir? —preguntó Ethan.

—Lo mismo de siempre.

—Eres predecible.

—Y tú pides exactamente lo mismo cada vez.

—Eso es diferente.

—No, no lo es.

Ethan sonrió.

Y durante unos minutos volvieron a sentirse como antes.

Como si nada hubiera cambiado.

Como si el mundo no estuviera empeñado en complicarles la vida.

Cuando terminaron, caminaron hasta el estacionamiento.

Los autos brillaban bajo el sol de la mañana.

Y el momento que ambos habían evitado durante horas finalmente llegó.

Lily dejó escapar un suspiro.

—Hoy voy a ver a mis padres.

Ethan levantó la vista.

—¿Sí?

Ella asintió.

—Quiero hablarles de ti.

La expresión de Ethan cambió inmediatamente.

—Eso da miedo.

—¿Por qué?

—Porque los padres siempre dan miedo.

—Mis padres no.

—Eso es exactamente lo que diría alguien cuyos padres dan miedo.

Lily soltó una carcajada.

Pero la sonrisa de Ethan desapareció poco después.

—Lily...

—¿Sí?

—No sé si es el mejor momento.

Ella comprendió enseguida lo que quería decir.

La acusación.

La suspensión.

Los rumores.

Todo seguía allí.

Esperándolos.

—Quiero hacerlo igual.

—¿Por qué?

Lily dio un paso hacia él.

Y tomó sus manos entre las suyas.

—Porque quiero que sepan quién eres.

Ethan bajó la mirada.

—No estoy seguro de que ahora mismo sea la mejor versión de mí.

Aquellas palabras le rompieron el corazón.

Porque durante semanas lo había visto luchar contra algo que no merecía.

Y aun así seguía pensando más en los demás que en sí mismo.

—Quiero que sepan que estoy enamorada de un chico deportista.

Ethan arqueó una ceja.

—Eso suena superficial.

—Déjame terminar.

—Está bien.

—Estoy enamorada de un chico bueno.

De alguien que siempre intenta cuidar a las personas que quiere.

De alguien que manda desayunos ridículamente cursis todas las mañanas.

Ethan intentó ocultar una sonrisa.

Fracasó.

—Y de alguien con un corazón enorme.

Por un instante ninguno dijo nada.

Ethan simplemente la observó.

Como si intentara grabar aquel momento en su memoria.

—Gracias.

—No me agradezcas.

—Voy a hacerlo igual.

Lily estaba a punto de subir a su auto cuando Ethan habló otra vez.

—Espera.

Ella se giró.

—¿Qué pasa?

Por primera vez parecía nervioso.

Realmente nervioso.

Más nervioso que cuando hablaban de abogados.

Más nervioso que cuando hablaban de la investigación.

—Creo que también voy a contarle a mi madre sobre ti.

Lily parpadeó.

—¿Qué?

—Bueno...

—¿Qué?

—Ya sabe que existes.

—¿YA SABE?

Ethan soltó una risa.

—Un poco.

—¿Qué significa un poco?

—Que llevo hablando de ti bastante tiempo.

Lily abrió la boca.

La cerró.

Y volvió a abrirla.

—Ethan Hall.

—Sí.

—¿Tu madre sabe quién soy?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que empezaras a sospechar que me gustabas.

—¡ETHAN!

La carcajada de Ethan resonó por todo el estacionamiento.

Y por primera vez en mucho tiempo sonó completamente auténtica.

—No puedo creerlo.

—Mi madre es muy observadora.

—¿Y qué le dijiste?

Ethan sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Sincera.

—Que eras la chica más inteligente que había conocido.

Lily sintió que sus mejillas se calentaban.

—¿Solo eso?

—No.

—¿Qué más?

—Que me haces reír.

Que me corriges demasiado.

Que lees más libros de los que deberían existir.

Y que estoy enamorado de ti.

El corazón de Lily se detuvo por un segundo.

Aquellas palabras la golpearon con una fuerza inesperada.

Porque Ethan rara vez hablaba de sus sentimientos de forma tan abierta.

Y cuando lo hacía...

Siempre era imposible no creerle.

—Eres imposible.

—Y aun así me amas.

—Lamentablemente.

—Lo sabía.

Antes de separarse, Ethan la atrajo hacia él una última vez.

La abrazó con fuerza.

Como si no quisiera soltarla.

—Cuéntame cómo sale todo.

—Lo haré.

—¿Prometido?

—Prometido.

Lily se puso de puntillas y besó sus labios.

—Cruza los dedos.

Ethan levantó ambas manos.

—Ya lo estoy haciendo.

Ella sonrió.

—Te amo.

—Yo te amo más.

—Eso sigue sin ser una competencia.

—Para mí sí.

Lily negó con la cabeza, divertida.

Luego subió al auto.

Y mientras se alejaba por la carretera, Ethan permaneció observándola.

Porque, por primera vez desde que todo había comenzado, tenía algo más fuerte que el miedo.

Tenía esperanza.

Y esperaba que eso fuera suficiente.




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