Lo Que Dicen De El.

No estás solo

La citación llegó un martes por la tarde.

Ethan la leyó dos veces antes de dejarla sobre la mesa.

Sabía que iba a ocurrir.

Sabía que la investigación continuaba.

Y sabía que tarde o temprano tendría que responder preguntas.

Aun así, verlo por escrito fue diferente.

Más real.

Más difícil.

Aquella noche llamó a Lily.

—Me citaron.

Hubo unos segundos de silencio.

—¿Cuándo?

—Mañana.

—Voy contigo.

Ethan apoyó la cabeza contra el respaldo del sofá.

—No tienes que hacerlo.

—No era una pregunta.

A pesar de todo, sonrió.

—Eres imposible.

—Lo sé.

A la mañana siguiente, Lily lo esperaba frente al edificio administrativo de la universidad.

Ethan la vio desde lejos.

Y por primera vez en toda la mañana sintió que podía respirar.

Cuando llegó a su lado, ella le entregó una pequeña caja.

—¿Qué es esto?

—Ábrela.

Ethan la observó confundido.

Dentro había un llavero.

De un lado tenía un pequeño libro.

Del otro, una pelota de fútbol americano.

Por un momento se quedó mirándolo sin decir nada.

—¿Te gusta?

—Lily...

—El libro eres tú cuando finges estudiar.

—Yo no finjo estudiar.

—Claro que sí.

—Difamación.

Ella sonrió.

—Y la pelota es el deportista que todos conocen.

Ethan pasó los dedos sobre el regalo.

Sintiendo un nudo inesperado en la garganta.

—Gracias.

—Para que recuerdes algo.

—¿Qué cosa?

Lily tomó su mano.

—Que eres más que todo esto.

Más que la investigación.

Más que los rumores.

Más que lo que la gente dice.

Los ojos de Ethan permanecieron sobre ella durante unos segundos.

Y por primera vez desde que todo había comenzado sintió ganas de creerlo.

Cuando llegó la hora, una secretaria abrió la puerta.

—Señor Hall.

Ethan se puso de pie.

Lily apretó suavemente su mano.

—Voy a estar aquí.

Él asintió.

Y desapareció detrás de la puerta.

La espera fue larga.

Demasiado larga.

Lily intentó leer.

No pudo.

Intentó revisar apuntes.

Tampoco pudo.

Cada pocos minutos miraba el reloj.

Pensando en Ethan.

Pensando en las preguntas.

Pensando en todo lo que estaba en juego.

Las horas parecían avanzar más despacio que nunca.

Hasta que finalmente la puerta volvió a abrirse.

Y Ethan salió.

Lily se puso de pie inmediatamente.

Su corazón se encogió al verlo.

Parecía agotado.

Como si hubiera corrido una maratón.

—¿Ethan?

Él soltó un largo suspiro.

—Hola.

—¿Cómo fue?

Ethan se pasó una mano por el rostro.

—Difícil.

Lily se acercó.

—¿Estás bien?

Hubo un silencio.

Uno largo.

Honesto.

—No.

Aquella respuesta le rompió el corazón.

Porque era la primera vez que lo escuchaba admitirlo.

La primera vez que dejaba caer la máscara.

—No estoy bien.

Y no sé cuánto más puedo seguir fingiendo que sí.

Lily tomó ambas manos entre las suyas.

—Entonces no finjas.

Los ojos de Ethan se llenaron de una tristeza que llevaba semanas intentando esconder.

—Tengo miedo.

Las palabras apenas fueron un susurro.

Pero Lily las escuchó.

Y comprendió cuánto le había costado pronunciarlas.

—Lo sé.

—¿Y si esto nunca termina?

—Va a terminar.

—¿Y si nadie me cree?

Lily negó suavemente con la cabeza.

—Yo te creo.

Ethan cerró los ojos.

Y por un instante apoyó la frente contra la de ella.

Como si aquellas palabras fueran el único lugar seguro que le quedaba.

—Gracias.

—No tienes que agradecerme.

—Sí, sí tengo.

Lily sonrió con tristeza.

Y le tomó la mano.

—Vamos.

—¿Adónde?

—A cualquier lugar menos aquí.

Por primera vez en toda la mañana, Ethan sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Pero real.

Y juntos dejaron atrás el edificio.

Porque la investigación seguía.

Los rumores también.

Pero al menos ya no tendría que enfrentarlos solo.




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