Lo Que Dicen De El.

El comienzo de un nuevo camino

El comienzo de un nuevo camino

Cuando la declaración terminó, nadie habló durante varios segundos.

El silencio era absoluto.

Ethan seguía sentado.

Le costaba procesar lo que acababa de escuchar.

Después de tantas semanas intentando demostrar su inocencia...

Después de tantas noches sin dormir...

Después de tantas miradas, tantos rumores y tanto dolor...

La verdad, por fin, había salido a la luz.

Sintió una mano tomar la suya.

Era Lily.

La miró.

Ella tenía los ojos llenos de lágrimas y una sonrisa que apenas podía contener.

No hizo falta decir nada.

Los dos sabían que aquella batalla había terminado.

Mientras los miembros del comité comenzaban a retirarse, Sofía permaneció inmóvil en su silla.

No dejaba de llorar.

Parecía incapaz de levantar la cabeza.

Ethan la observó durante unos segundos.

Luego respiró hondo.

—Espérame un momento.

Lily asintió.

Lo vio caminar lentamente hasta donde estaba Sofía.

Ella levantó la vista al sentirlo cerca.

Sus ojos estaban completamente enrojecidos.

—No esperaba que te acercaras.

Ethan le dedicó una pequeña sonrisa.

Una sonrisa cansada.

Pero sincera.

—Ya pasó.

Sofía negó con la cabeza.

—No... no pasó.

Te hice perder todo.

—Perdí muchas cosas.

Es verdad.

Pero quedarme enojado no va a devolverme ninguna.

Ella volvió a llorar.

—No sé cómo pedirte perdón.

Ethan guardó silencio unos segundos.

—Empieza por perdonarte tú.

Y después intenta recomponer tu vida.

Todos cometemos errores.

Algunos más graves que otros.

Lo importante es lo que hacemos después.

Sofía lo miró sin poder creer lo que estaba escuchando.

—¿No me odias?

Ethan sonrió con tristeza.

—No.

Durante un tiempo pensé que sí.

Pero cargar con ese odio también me estaba destruyendo.

Así que voy a hacer lo mismo que te aconsejo a ti.

Voy a reconstruir mi vida.

Sofía rompió a llorar una vez más.

—Gracias...

Ethan simplemente asintió y se alejó.

Lily lo esperaba junto a la puerta.

En cuanto lo vio acercarse, lo abrazó con todas sus fuerzas.

—Estoy muy orgullosa de ti.

Ethan apoyó la frente sobre la de ella.

—No.

La verdad es que yo estoy orgulloso de ti.

Lily sonrió.

—¿De mí?

—Sí.

Porque cuando todos dudaban...

Tú me conocías.

Cuando todos se alejaban...

Tú te quedaste.

Y cuando yo ya estaba perdiendo las esperanzas...

Fuiste tú quien encontró el camino de regreso.

Los ojos de Lily volvieron a humedecerse.

—Solo hice lo que hace alguien cuando ama de verdad.

Ethan le acarició suavemente la mejilla.

—Entonces espero pasar el resto de mi vida agradeciéndotelo.

Ella rió entre lágrimas.

—Eso sonó peligrosamente romántico.

—¿Peligrosamente?

—Mucho.

Ethan se inclinó unos centímetros.

—¿Y si te digo que la chica más inteligente de toda la universidad acaba de salvar al chico más testarudo del campus?

—Diría que el chico más testarudo sigue exagerando.

—Puede ser.

Pero también diría que está completamente enamorado de esa chica.

Lily sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Ah, sí?

—Sí.

Y además...

Creo que merece un premio.

—¿Un premio?

Ethan sonrió con esa seguridad que ella tanto había extrañado.

—Se me ocurre uno.

Sin darle tiempo a responder, tomó su rostro entre las manos y la besó.

Fue un beso largo.

Tranquilo.

Sin miedo.

El primero desde hacía semanas en el que ninguno de los dos sintió el peso de la incertidumbre.

Cuando se separaron, Ethan apoyó su frente contra la de ella.

—¿Sabes qué?

—¿Qué?

—Estoy muriéndome de hambre.

Lily soltó una carcajada.

—Qué poco romántico.

—Al contrario.

Tengo un plan perfecto.

—Te escucho.

—Nos vamos a casa.

Pedimos tu comida favorita.

Almorzamos juntos.

Y después...

La miró con una sonrisa traviesa.

—Después apagamos los teléfonos, nos olvidamos del mundo por unas horas... y recuperamos todo el tiempo que nos robaron.

Las mejillas de Lily se tiñeron de rojo.

—Ethan Hall...

—¿Qué?

—Eres incorregible.

—¿Y aun así me amas?

Ella tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.

—Con todo mi corazón.

—Entonces...

¿Nos vamos a casa?

Lily sonrió como no lo hacía desde hacía mucho tiempo.

—Sí.

Vamos a casa.

Y, por primera vez en muchas semanas, ambos cruzaron la puerta de la universidad sin sentir que dejaban atrás una batalla.

Porque aquella vez no salían derrotados.

Salían juntos.

Y, al fin, en libertad.




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