Lo Que Dicen De El.

De vuelta a casa

Los días siguientes fueron exactamente lo que ambos necesitaban.

Sin horarios.

Sin declaraciones.

Sin rumores.

Solo ellos.

Pasaban las mañanas preparando el desayuno juntos, aunque Ethan insistía en que cocinar era un talento que claramente no poseía.

Las tardes se escapaban entre películas, caminatas y largas conversaciones.

Y las noches...

Las noches eran únicamente de ellos.

Después de todo lo que habían vivido, cada abrazo parecía más fuerte.

Cada beso más largo.

Cada "te amo" más sincero.

Era como si el tiempo intentara devolverles, poco a poco, todo lo que les había quitado.

Una mañana, mientras Lily leía en el sofá y Ethan preparaba café, el sonido de un correo electrónico rompió el silencio.

Él tomó el teléfono sin prestar demasiada atención.

Pero, apenas comenzó a leer, se quedó completamente inmóvil.

—¿Ethan?

No respondió.

—¿Ethan?

Lily dejó el libro sobre la mesa y se acercó preocupada.

—¿Qué pasó?

Él levantó lentamente la vista.

Y, por primera vez en mucho tiempo, tenía los ojos llenos de alegría.

—Me levantaron la suspensión.

Lily tardó apenas un segundo en comprender.

Después dio un pequeño grito de felicidad y se lanzó a sus brazos.

—¡¿En serio?!

Él asintió riendo.

—Puedo volver.

—¡Ethan!

Ella lo abrazó con tanta fuerza que casi le quitó el aire.

—La universidad se disculpó.

Reconocieron que la investigación confirmó mi inocencia.

Puedo volver a cursar.

Puedo volver al equipo.

Puedo volver a entrenar.

Lily llevó ambas manos a su rostro.

Las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

—¿Por qué lloras?

—Porque estoy feliz.

Muy feliz.

Ethan sonrió y besó su frente.

—Yo también.

Sin perder un segundo, tomó el teléfono.

Ethan: Vuelvo.

La respuesta del entrenador llegó casi inmediatamente.

Entrenador: Te esperamos en una hora.

Ethan soltó una carcajada.

—Ni siquiera me dejaron disfrutar cinco minutos.

Lily rió.

—Creo que alguien te extrañó.

—Eso espero.

Cuando llegó al campo de entrenamiento, sintió un nudo en el estómago.

Habían pasado semanas desde la última vez que estuvo allí.

Todo parecía igual.

Y, al mismo tiempo, completamente diferente.

Respiró hondo.

Empujó la puerta.

Y entró.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

Hasta que Ryan fue el primero en reaccionar.

—¡Miren quién volvió!

Todos giraron al mismo tiempo.

Y, de repente, el gimnasio estalló en aplausos.

Mason corrió hacia él y lo abrazó con tanta fuerza que casi lo tiró al piso.

—¡Pensé que nunca ibas a volver, idiota!

Ethan rió por primera vez con esa tranquilidad que había perdido hacía meses.

—Yo también llegué a pensarlo.

Uno a uno, sus compañeros comenzaron a acercarse.

Algunos le dieron un abrazo.

Otros un golpe amistoso en el hombro.

Incluso el entrenador terminó sonriendo.

—Bienvenido a casa, Hall.

Aquellas tres palabras hicieron que Ethan sintiera un nudo en la garganta.

Porque aquel lugar siempre había sido mucho más que un campo de entrenamiento.

Era su segunda casa.

Y, por fin, estaba de regreso.

Cuando terminó la práctica, buscó inmediatamente su teléfono.

Había un mensaje de Lily.

Lily: ¿Cómo fue? ❤️

Ethan sonrió antes de responder.

Ethan: Increíble.

Me recibieron como si nunca me hubiera ido.

Pero ahora hay algo que quiero hacer.

La respuesta llegó enseguida.

Lily: ¿Qué cosa?

Ethan levantó la vista.

Y allí estaba ella.

Esperándolo apoyada contra su auto, con un libro entre las manos y esa sonrisa que tanto amaba.

Guardó el teléfono en el bolsillo y caminó hacia ella.

—¿Me estabas buscando?

—Siempre.

Lily cerró el libro.

—¿Cómo estuvo el entrenamiento?

Ethan tomó su rostro entre las manos.

—Perfecto.

Pero todavía me faltaba recuperar lo más importante.

Ella arqueó una ceja.

—¿Y qué era?

Él sonrió.

—Encontrarte a la salida.

Lily no pudo evitar reír.

—Sigues siendo un conquistador.

—No.

Eso quedó atrás.

Ahora solo quiero conquistar a una sola chica.

Y pienso hacerlo todos los días.

Sin darle tiempo a responder, la besó con dulzura.

Cuando se separaron, Lily apoyó la frente sobre la de él.

—Bienvenido de nuevo, Ethan.

Él sonrió.

—Gracias por esperarme.

Porque si hoy pude volver a casa...

Fue porque nunca dejaste que me perdiera.




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