Los primeros rayos de sol entraron por la ventana cuando el teléfono de Ethan vibró sobre la mesa de luz.
Se estiró con pereza y sonrió al recordar el día anterior.
Lily había conocido a su familia.
Y todo había salido incluso mejor de lo que había imaginado.
Sin perder tiempo, tomó el celular.
Ethan: Buenos días, hermosa.
Apenas un minuto después llegó la respuesta.
Lily: Buenos días, campeón. ☀️
Ethan sonrió.
Ethan: Paso por ti en una hora.
Ethan: Quiero invitarte a desayunar antes de ir a la universidad.
La respuesta no tardó.
Lily: ¿Desayuno sorpresa?
Ethan: El mejor desayuno que pueda pagar un universitario.
Lily rió al leer el mensaje.
Lily: Entonces acepto.
Lily: Nos vemos en un rato. ❤️
Como ya era costumbre, Ethan llegó unos minutos antes.
Cuando Lily salió de su casa, él bajó del auto para abrirle la puerta.
Llevaba una mochila colgada del hombro y una sonrisa que hacía imposible no devolvérsela.
—Buenos días.
—Buenos días.
Él le dio un beso corto en los labios.
—¿Lista?
—Siempre.
Desayunaron en un pequeño café cerca de la universidad.
Entre tostadas, café y risas hablaron de cualquier cosa menos de estudios.
Era uno de esos momentos simples que ambos empezaban a atesorar.
Al llegar al campus, Ethan observó el edificio principal y soltó un largo suspiro.
—Carajos...
Lily lo miró divertida.
—¿Qué pasa?
Él señaló la universidad.
—No extrañaba para nada esto.
Ella soltó una carcajada.
—¿Y quién era el que decía que iba a ponerse al día con todas las materias?
—Ese Ethan era demasiado optimista.
—Pues este Ethan tiene un examen la semana que viene.
Él hizo una mueca.
—No arruines mi mañana.
Lily le dio un suave codazo.
—Ven, deportista.
Hay que estudiar.
—¿Sabes que eres muy mandona?
—Y tú muy distraído.
Entraron al edificio riéndose.
Las horas de clases transcurrieron entre apuntes, profesores y algún que otro bostezo de Ethan.
Al terminar la última clase, ambos salieron caminando hacia el estacionamiento.
—¿Qué planes tienes para esta tarde? —preguntó Ethan.
Lily sonrió con cierta timidez.
—Quería preguntarte algo.
—Dime.
—¿Te gustaría venir a mi casa?
Él arqueó una ceja.
—¿Hay algún motivo especial?
—Sí.
Quiero cocinarte algo rico.
Ethan llevó una mano al pecho.
—Lily...
—¿Qué?
—Cada día haces más difícil que deje de enamorarme de ti.
Ella rió.
—Eso espero.
La casa de Lily era tranquila.
Mientras ella se ataba un delantal color crema, Ethan apoyó los codos sobre la mesada y la observó.
—¿Vas a mirarme todo el tiempo?
—Claro.
—Así me pones nerviosa.
—No parece.
Ella comenzó a cortar verduras con habilidad.
—¿Sabes?
—¿Qué?
—Creo que eres el primer chico para el que cocino.
Ethan sonrió con ternura.
—Entonces me siento muy afortunado.
El aroma comenzó a llenar toda la cocina.
Él aprovechó un momento en que Lily estaba concentrada para rodearla suavemente por la cintura.
Ella dejó el cuchillo sobre la tabla y apoyó la espalda contra su pecho.
—¿Qué haces?
—Interrumpiendo a la cocinera.
—Eso veo.
Lily giró lentamente hasta quedar frente a él.
Le acomodó la capucha de la sudadera.
—Eres imposible.
—Y tú preciosa.
No hizo falta decir nada más.
Sus labios se encontraron en un beso lento, tranquilo, de esos que parecían detener el tiempo.
Cuando se separaron, Lily apoyó la frente contra la de él.
—Creo que la comida se va a quemar.
—Vale la pena el riesgo.
Ella soltó una risa.
—No, señor Hall.
Primero la cena.
Después veremos.
Justo cuando el horno anunció que todo estaba listo, el teléfono de Ethan comenzó a sonar.
Miró la pantalla.
Era Mason.
—¿No vas a atender?
—Podría ignorarlo...
—Ethan.
Suspiró resignado y contestó.
—¿Qué pasó?
Del otro lado solo se escuchó un largo silencio.
Después, la voz desesperada de Mason.
—Hermano... necesito ayuda.
—¿Qué hiciste ahora?
—Intenté colgar una repisa.
Ethan cerró los ojos.
—Eso nunca termina bien.
—Porque se cayó.
—¿La repisa?
—La repisa... y un pedazo de la pared.
Lily se tapó la boca para no reír.
—¿Es grave? —preguntó Ethan.
—Digamos que si mi mamá llega antes que tú... dejo de existir.
Ethan soltó una carcajada.
—Voy para allá.
—¡Gracias! Te debo una.
Colgó y dejó el teléfono sobre la mesa.
Lily cruzó los brazos, fingiendo estar ofendida.
—¿Me estás abandonando por una repisa?
—Por una pared que, al parecer, está perdiendo la batalla.
Ella no pudo contener la risa.
—Ve.
Pobre Mason.
Ethan se acercó y le dio un beso en la frente.
—Te prometo que compensaré esta cena.
—Más te vale.
—¿Mañana?
—Mañana.
Él tomó su mano y besó suavemente sus dedos.
—Gracias por cocinar para mí.
—Gracias por venir.
Ethan salió de la casa con una sonrisa.
No había sido la noche romántica que ambos habían imaginado.
Pero mientras conducía hacia la casa de Mason comprendió que eso también era parte de la vida.
No todas las historias de amor estaban hechas solo de cenas perfectas y besos interminables.
A veces, también estaban hechas de promesas, interrupciones inesperadas... y de saber que siempre habría un mañana para volver a encontrarse.