El amanecer sobre Madrid parecía distinto esa mañana.
El cielo tenía ese tono gris azulado que anunciaba lluvia, y el aire olía a café recién hecho y promesas a medio cumplir. Ariana miraba por la ventana de su pequeño apartamento, sosteniendo una taza entre las manos, mientras el vapor le rozaba la cara.
No había dormido.
No podía.
La imagen de Liam seguía atrapada detrás de sus párpados, como un tatuaje que el tiempo se negó a borrar. La manera en que la miró, el temblor imperceptible de su voz, el peso de ese "no parece que quieras que te olvide" que aún le quemaba el pecho.
Intentaba convencer a su mente de que todo había sido una coincidencia. Madrid era una ciudad grande, llena de reencuentros imposibles. Pero su corazón no creía en las casualidades.
Nunca lo hizo.
Tomó aire y trató de distraerse revisando correos del trabajo. Su jefe le había asignado un nuevo proyecto de marketing con una empresa automotriz extranjera. Un reto importante, había dicho. Ariana necesitaba concentrarse, pero cuando vio el nombre en el documento adjunto, el pulso se le detuvo.
Duarte Motors.
El apellido la atravesó como un trueno silencioso.
No podía ser. No él. No otra vez.
Cerró el portátil de golpe, como si eso bastara para borrar las letras que parecían gritarle el destino que tanto evitaba. Se llevó las manos al rostro, intentando calmar el temblor que le subía por los dedos.
Pero entonces el teléfono vibró sobre la mesa.
> Desconocido: ¿Siempre huyes cuando el destino toca tu puerta?
Ariana lo leyó tres veces antes de atreverse a respirar.
No había duda. Era él.
Se apoyó en la pared, con la mirada fija en el mensaje. Quiso responder con rabia, con ironía, con indiferencia. Pero solo escribió tres palabras:
> No deberías estar escribiéndome.
El visto llegó en segundos.
> Liam: Y aun así lo hice.
La lluvia comenzó a golpear los cristales, marcando un ritmo que parecía acompañar el latido desbocado de su corazón. Ariana cerró los ojos, recordando todas las veces que se prometió no volver a caer.
Pero hay promesas que el alma rompe sin pedir permiso.
Horas más tarde, en la reunión de presentación del proyecto, todo se volvió aún más cruelmente claro.
Él estaba allí.
De pie, en el otro extremo de la sala, con traje oscuro y esa mirada que podía desarmar sin tocar. Su presencia llenó el espacio, como si el pasado hubiera decidido materializarse para ponerla a prueba.
Ariana fingió serenidad, como si su corazón no estuviera gritando.
Él habló primero, con voz segura, cortante, profesional:
—Señorita Cruz, espero que podamos trabajar juntos. —Sus ojos se clavaron en los suyos—. Como en los viejos tiempos.
Ella respondió con un tono que ni ella reconoció.
—No lo creo, señor Duarte. Los viejos tiempos no fueron precisamente buenos.
Hubo un silencio que dolió más que cualquier palabra.
Luego, él sonrió. Esa sonrisa que era promesa y advertencia.
—Depende de cómo los mires.
La reunión continuó, llena de frases diplomáticas y miradas que decían demasiado.
Cuando terminó, Ariana salió a la calle sin paraguas. La lluvia la empapó de inmediato, pero no le importó. A veces, mojarse era mejor que fingir que no dolía.
Y mientras caminaba, con el corazón latiendo entre recuerdos y presente, comprendió algo que la asustó más que verlo de nuevo:
no era solo el pasado el que había vuelto.
Era ella misma, la versión que creía olvidada, la que amaba sin lógica y luchaba contra su propio destino.
Porque hay nombres que no se olvidan.
Y el suyo seguía resonando dentro de ella,
como un eco que no sabe morir.
💕 ¿Qué creen que pasará entre Ariana y Liam después de esto? Los leo en los comentarios.
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Editado: 24.04.2026