Lo que el destino no quiso olvidar

Capítulo 13 - Entre lo que se dice y lo que se calla

El martes amaneció con un cielo tan nublado como el ánimo de Ariana.

Había pasado gran parte de la noche mirando el celular, leyendo una y otra vez el mensaje de Liam sin responderlo.
Sabía que hacerlo sería abrir una puerta que aún no estaba lista para cruzar.

Al llegar a la oficina, todo parecía igual.
Los pasillos llenos, los saludos rutinarios, el olor a café.
Pero dentro de ella, algo se había quebrado.
Ya no podía seguir trabajando bajo el mismo peso, fingiendo que lo profesional y lo personal podían convivir sin herirse.

Tomó una decisión.

Pidió una cita con su jefe, Ricardo Rivas.
Cuando entró en su despacho, él la miró con curiosidad.
—¿Todo bien, Ariana?
Ella respiró hondo.
—Necesito que me reasignes a otro proyecto.
—¿Otro? Pero el contrato con Duarte Motors aún no termina.
—Lo sé. Pero... —bajó la mirada—. No puedo continuar en ese entorno.
Ricardo la observó unos segundos, intentando leer más allá de sus palabras.
—¿Tiene que ver con el señor Duarte?

Ariana levantó la vista, sorprendida por la precisión de la pregunta.
—Tiene que ver con el hecho de que necesito paz, Ricardo.
Él asintió lentamente.
—Veré qué puedo hacer. Pero sabes que eso tomará unos días.
—Está bien —respondió ella—. Puedo resistir un poco más.

Esa tarde, mientras revisaba documentos en su escritorio, una llamada interrumpió el silencio.
El identificador decía: Liam Duarte.

Ariana dudó.
El teléfono vibraba entre sus dedos, como si esperara una decisión que no se atrevía a tomar.
Finalmente, contestó.

—¿Qué quieres, Liam? —preguntó, sin preámbulos.
—Verte —respondió él con voz firme.
—No es buena idea.
—No me importa si es buena o no. La necesito.

Ella suspiró.
—Ya tuvimos esta conversación.
—No, Ariana. Lo que tuvimos fueron despedidas disfrazadas de excusas.
Su voz sonó cansada, real, desarmada.
—No voy a seguir fingiendo que no me importas —continuó él—. Porque lo hago. Y porque no puedo seguir viviendo como si lo nuestro no hubiera existido.

Ariana cerró los ojos, apretando el teléfono con fuerza.
—No todo lo que se ama puede recuperarse, Liam.
—Pero sí se puede intentar —dijo él, casi en un susurro—. Dime solo que me verás una vez más. Si después de eso decides que no, me alejaré.

El silencio se extendió entre ambos, largo y pesado.
Finalmente, ella respondió:
—Está bien. Mañana, a las siete. En el café de la esquina del parque Retiro.

—Gracias —murmuró él—. No sabes cuánto significa eso para mí.

Esa noche, Ariana no pudo dormir.
La ciudad parecía hablarle a través de cada ruido, de cada sombra.
El reloj marcó las dos de la madrugada cuando se levantó y caminó hasta la ventana.
El reflejo en el cristal le devolvió la imagen de una mujer dividida entre el deber y el deseo, entre lo que quiere y lo que teme.

Sabía que ese encuentro podía cambiarlo todo.
O destruir lo poco que aún estaba intacto.

Al día siguiente, el café estaba casi vacío.
El aroma del espresso llenaba el aire, y la luz tenue de la tarde se filtraba por los ventanales.
Ariana llegó puntual, vestida de manera sencilla, sin maquillaje, sin escudos.
No sabía qué esperaba escuchar, pero sí sabía que necesitaba hacerlo.

Liam llegó minutos después.
Traje oscuro, mirada cansada, sin la arrogancia habitual.
—Gracias por venir —dijo él, sentándose frente a ella.

—Habla, Liam. Te escucho —respondió ella.

Él respiró profundo.
—Nunca debí dejarte ir. Y si volví, no fue por capricho ni por el pasado. Fue porque lo intenté todo... y aun así, cada cosa me recordaba a ti.

Ariana bajó la mirada.
—No siempre se puede retroceder.
—No quiero retroceder —dijo él con voz baja—. Quiero empezar de nuevo, si me dejas.

Ella levantó los ojos, y por un momento, vio en los suyos esa verdad que tanto había temido.
—Y si te dejo —susurró—, ¿qué me garantiza que esta vez no vas a irte cuando todo se complique?
—Nada —admitió él—. Solo que esta vez no quiero huir. Ni de ti, ni de mí.

El corazón de Ariana se apretó.
Quiso creerle. Quiso hacerlo con todo su ser.
Pero el miedo, ese viejo enemigo, seguía sentado entre ellos.

—No me pidas una respuesta hoy —dijo al fin.
—No la necesito hoy —respondió él—. Solo quería que supieras que sigo aquí.

Ariana asintió.
El silencio volvió a llenar el espacio, pero no era el mismo de antes.
Era un silencio diferente.
Uno que dolía menos.
Uno que empezaba a sanar.

Cuando se despidieron, Liam rozó su mano apenas, como quien promete sin palabras que todavía hay algo por escribir.

Y mientras lo veía alejarse, Ariana entendió que el amor no siempre se grita.
A veces se reconstruye, muy despacio,
entre lo que se dice...
y lo que aún se calla.

💕 ¿Qué creen que pasará entre Ariana y Liam después de esto? Los leo en los comentarios.

⭐ Si este reencuentro entre Ariana y Liam te dejó con el corazón temblando, vota y cuéntame qué parte más te hizo sentir. 💫



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En el texto hay: romace, destino, drama

Editado: 24.04.2026

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