Lo que el destino no quiso olvidar

Capítulo 18 - Entre lo que fuimos y lo que aún somos

Ariana no recordaba la última vez que había dormido bien.

El insomnio se le había vuelto una especie de castigo suave, constante, como si el universo la obligara a repasar cada palabra, cada gesto, cada mirada de los últimos días.
Y entre todos esos recuerdos, uno volvía una y otra vez: la manera en que Liam la miró cuando dijo que no podía irse.

Aquella mirada había quedado flotando en el aire, entre lo que se dice y lo que se calla.
Ariana sabía que no podía seguir así, pero tampoco sabía cómo soltar algo que nunca se fue del todo.

Se levantó temprano. El cielo sobre Madrid estaba gris, un gris que parecía cansado, igual que ella.
Preparó café, revisó correos, intentó fingir normalidad.
Pero en el fondo, todo en su vida se sentía en pausa, suspendido en un punto donde el pasado y el presente se confundían.

A media mañana, su celular vibró.
Liam.
El nombre apareció en la pantalla y su corazón se aceleró como si aún tuviera diecisiete años.
Pensó en no contestar. Pero lo hizo.

—Hola —dijo, intentando sonar tranquila.
—Necesito verte —fue lo primero que él dijo.
—No creo que sea buena idea, Liam.
—No estoy pidiendo una oportunidad —respondió con voz baja—. Solo un momento. Una conversación sin máscaras. Por favor.

Esa última palabra la desarmó.
Por favor.
La había escuchado antes, cuando todo apenas comenzaba. Y entonces, sin pensarlo, aceptó.

Se encontraron esa tarde, en un café pequeño escondido en el centro. El lugar olía a madera y lluvia recién caída.
Liam estaba allí cuando llegó. Llevaba un abrigo oscuro y los ojos cansados, pero aún conservaba esa calma que la desconcertaba.

—Gracias por venir —murmuró él.
—No sé por qué lo hice —respondió Ariana, dejándose caer en la silla.
—Quizá porque aún no sabes cómo dejar de hacerlo —dijo él con una media sonrisa.
Ella soltó una pequeña risa nerviosa. —O quizá porque necesitaba entender en qué punto todo se rompió.
—Nada se rompió —contestó Liam—. Solo nos perdimos un poco en el camino.

El camarero dejó dos tazas de café entre ellos. El vapor subía despacio, como si incluso el aire temiera interrumpirlos.
Liam la miraba con esa mezcla de tristeza y ternura que siempre la había confundido.
—Ariana, me ofrecieron trabajo en Londres —dijo al fin.
—¿Londres? —repitió ella, tratando de procesarlo.
—Sí. Es una oportunidad importante... y creo que necesito empezar de nuevo.
—¿Empezar de nuevo o huir de lo que sientes? —preguntó ella, más dolida de lo que quiso sonar.
—A veces es lo mismo —respondió con sinceridad.

Ariana bajó la mirada, observando sus manos entrelazadas.
El silencio los envolvió por un largo momento.
Podía escuchar el tic tac del reloj del café, el sonido lejano del tráfico, el golpeteo de la lluvia contra el vidrio. Todo parecía girar más lento.

—¿Y me lo dices así? —susurró al fin—. Como si fuera algo que no cambia nada.
—Porque lo cambia todo, Ariana —contestó él con voz grave—. Pero si no me voy, voy a quedarme atrapado en un "qué hubiera pasado" que no me deja avanzar.

Ella lo miró a los ojos, con un dolor sereno.
—Y si te vas, me dejas con la misma pregunta.
Liam asintió. —Entonces somos dos los que nos quedamos atrapados.

Un silencio más profundo los cubrió.
Él estiró la mano y, sin pensarlo, tomó la suya.
Sus dedos encajaron con la naturalidad de quienes se conocen de otra vida.
—No quiero que esto suene como una despedida —dijo él con la voz apenas audible—, pero si lo es... quiero hacerlo bien.
—¿Y cómo se hace bien una despedida? —preguntó ella.
—Mirando a los ojos y diciendo la verdad.

Ariana tragó saliva. —La verdad es que no quiero que te vayas.
Liam sonrió con tristeza. —Y yo no quiero dejarte.
—Entonces... —empezó ella.
—Pero tampoco puedo quedarme solo por miedo —interrumpió él.

Ariana respiró hondo.
El aire dolía.
Cada palabra era una herida abierta entre lo que fueron y lo que aún eran.

Él se levantó, caminó hasta la ventana y se quedó mirando la calle mojada.
—Cuando llegué a Madrid, no planeaba enamorarme. Y cuando te perdí, juré que no volvería a sentir eso por nadie. Pero contigo... nunca pude dejar de hacerlo.
Ella se levantó también, caminó hasta quedar a su lado.
—Y yo nunca supe si lo nuestro fue amor o costumbre.
Liam la miró entonces, tan cerca que podía sentir el calor de su respiración.
—Fue amor, Ariana. De esos que no se olvidan ni cuando duelen.

Ella sonrió apenas, con lágrimas contenidas.
—Entonces prométeme algo —dijo—. Si te vas, no me busques hasta que realmente sepas lo que quieres.
—Te lo prometo —susurró él.
—Y si descubres que aún soy yo, regresa.
Liam asintió. —Y si regreso, espero que aún estés dispuesta a escucharme.

El reloj marcó las seis en punto. Afuera, el cielo empezaba a aclarar, como si la ciudad también necesitara respirar.
Se despidieron sin beso, sin abrazos, solo con una mirada larga, de esas que dicen todo lo que no se puede pronunciar.

Cuando él se fue, Ariana se quedó de pie frente al ventanal, observando cómo su silueta desaparecía entre la lluvia.
Cerró los ojos y sintió que algo dentro de ella se quebraba y sanaba al mismo tiempo.
Porque entendió que el amor verdadero no siempre es el que se queda... sino el que deja partir, con la esperanza de volver cuando ambos estén listos.

💕 ¿Qué creen que pasará entre Ariana y Liam después de esto? Los leo en los comentarios.

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En el texto hay: romace, destino, drama

Editado: 24.04.2026

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