Lo que el destino no quiso olvidar

Capítulo 27 -La llamada

Valeria no durmió.

Se dio vuelta cientos de veces en su cama, buscando una postura que calmara la presión en su pecho, pero no había ninguna posición que la salvara de lo que ocurrió la noche anterior. El beso seguía ahí, en su boca, en su memoria, en sus latidos. Y la manera en que Daniel se alejó después... eso cortaba más profundo que cualquier palabra.

Cuando el sol empezó a dibujar una franja clara en la pared, Valeria ya estaba sentada en la sala, con una manta sobre los hombros y el frío metiéndosele en los dedos. Su madre dormía en el cuarto, ajena a la tormenta emocional que la consumía.

Miró el celular por décima vez. Nada. Ni un mensaje. Ni una excusa. Ni una explicación.

Hasta que vibró.

Ella se quedó inmóvil mientras la pantalla se iluminaba.

Daniel: "¿Podemos hablar?"

El corazón se le subió a la garganta. Tragó saliva, respiró hondo y respondió con manos temblorosas:

"Estoy en casa."

No pasaron ni cinco minutos cuando el celular volvió a vibrar.

Esta vez, era una llamada.

Valeria dudó. Sabía que si contestaba, algo cambiaría para siempre. Para bien o para mal. Pero deslizó el dedo.

-Hola -dijo él.

La sola voz de Daniel le aflojó las piernas. Tenía un tono cansado, como si también hubiese pasado la noche entera despierto.

-Hola.

Se hizo un silencio tan largo que podía escucharse el latido de ella y la respiración de él.

-Anoche... -empezó Daniel.

-Sí -respondió Valeria, sin darle espacio a evadir el tema.

-No debí besarte -soltó él, con un peso que los dos sintieron.

Ella cerró los ojos. Ese "no debí" se clavó en su pecho como una frase definitiva, como un portazo. Pero lo conocía lo suficiente para entender que no estaba siendo sincero.

-Daniel -susurró-. No digas eso. Los dos queríamos.

Él respiró hondo, un suspiro largo, cargado.

-Lo sé -admitió-. Pero querer no significa que esté bien.

-Entonces dime qué es lo que realmente te asusta -pidió ella, sosteniendo el celular con fuerza.

Hubo un silencio. Uno que dolía, porque no era vacío; estaba lleno de cosas que él nunca había dicho en voz alta.

-Tengo miedo de arrastrarte a lo que soy -dijo por fin, con una honestidad que se sintió áspera, rota-. Tengo miedo de que te enamores de mí y yo no pueda darte nada a cambio. Tengo miedo de quedarme, o de irme. De ambas cosas.

Valeria sintió un temblor en el corazón.

-¿Y crees que yo no sé eso? -respondió-. ¿Crees que no veo tus sombras? Daniel, no quiero un cuento perfecto. Quiero algo real. Contigo.

Él guardó silencio. Esta vez no por miedo, sino porque la verdad de ella lo había golpeado directamente.

-Valeria... -su voz bajó-. Yo no sé si pueda ser ese tipo de hombre.

-No quiero que seas perfecto -dijo ella-. Solo quiero que no huyas.

Ella pudo escucharlo inhalar profundamente. Como alguien que está a punto de tomar una decisión que podría cambiarlo todo.

-El beso no fue un error -confesó él, con una sinceridad ruda, cargada de emoción contenida-. Fue lo más real que he sentido en mucho tiempo. Por eso... por eso me alejé.

A Valeria se le aflojaron las rodillas.

-Entonces no digas que no debió pasar.

-No debería repetirse -dijo él, aunque su voz tembló al decirlo.

-¿Y si ya es demasiado tarde para eso?

Daniel se quedó mudo. Como si esas palabras le hubieran atravesado una defensa que llevaba años construyendo.

-¿Qué hacemos entonces? -preguntó él.

Valeria se pasó una mano por el cabello, respirando hondo.

-No lo sé -respondió-. Pero podemos empezar por no correr.

Hubo un silencio.

Y luego, él habló con una claridad que la dejó inmóvil.

-Voy para allá.

Ella se enderezó de inmediato.

-¿Ahora?

-Sí.

La llamada terminó sin que ella alcanzara a decir algo más.

Valeria se levantó de un salto. Caminó por la sala de un lado al otro, con la manta cayéndosele de los hombros. Se pasó la mano por la cara, por los labios, por el cuello, incapaz de procesar lo que estaba por ocurrir.

Se miró en el espejo del pasillo.

Ojeras profundas.

Cabello desordenado.

Camisa grande.

"Así me verá."

Pensó en cambiarse, en arreglarse, en verse "mejor", pero algo dentro de ella dijo que no. Que así estaba bien. Que si él venía a verla de verdad, debía verla como estaba: vulnerable, rota, humana.

Golpearon la puerta.

Una sola vez.

El tipo de golpe que no es tímido... pero tampoco invasivo. Un golpe que dice "estoy aquí", sin pedir permiso, pero sin exigirlo.

Valeria sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Se acercó.

Puso la mano sobre el picaporte.

Respiró hondo.

Y abrió.

Lo que vio al otro lado hizo que el mundo se detuviera por un instante.

Daniel estaba ahí, con el cabello desordenado por el viento de la madrugada, los ojos rojos como si tampoco hubiera dormido, y una expresión que combinaba cansancio, culpa, deseo y algo más profundo... algo que él mismo parecía incapaz de aceptar.

-Hola -murmuró él.

Y fue como si el universo entero guardara silencio para escuchar lo que iba a pasar después.



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En el texto hay: romace, destino, drama

Editado: 24.04.2026

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