Lo que el destino nunca contó

Capítulo 16: El casillero 27

La llave permanecía sobre la mesa.

Ariana no podía dejar de mirarla.

Era vieja, de metal opaco, con pequeñas marcas de óxido en los bordes. En uno de sus lados estaba grabado el número 27, el mismo que aparecía en la nota anónima.

Liam se acercó con dos tazas de café.

—Llevas diez minutos mirando esa llave.

Ariana levantó la vista.

—Tengo la sensación de que, cuando la usemos, ya no habrá vuelta atrás.

Liam dejó una taza frente a ella.

—Probablemente tengas razón.

Ella soltó una pequeña risa, pero desapareció enseguida.

—¿Crees que sea una trampa?

—Puede ser.

—¿Y aun así irías?

Liam la miró fijamente.

—Si tú vas, yo también.

Ariana sonrió con tristeza.

—Sabía que dirías eso.

Decidieron esperar hasta la mañana siguiente.

No querían llegar a una estación abandonada en plena noche.

Aunque Ariana apenas logró dormir.

Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Mateo en aquella fotografía.

Sonriendo.

Sin imaginar que poco tiempo después desaparecería sin dejar rastro.

Y esa última frase de su carta seguía clavada en su mente.

"La persona en quien más confiaba me traicionó."

¿Quién había sido?

¿Su padre?

¿El padre de Liam?

¿La madre de Valeria?

¿O alguien que todavía no conocían?

A las ocho de la mañana salieron rumbo a la antigua estación.

El lugar estaba prácticamente abandonado.

Los rieles estaban cubiertos por la maleza y los vagones oxidados parecían detenidos en el tiempo.

El viento hacía crujir las viejas estructuras metálicas.

Ariana sintió un escalofrío.

—Da miedo.

Liam observó alrededor.

—Y demasiado silencio.

Caminaron hasta un edificio pequeño que alguna vez había funcionado como oficina principal.

Las ventanas estaban rotas.

Las paredes cubiertas de polvo.

Pero al fondo…

todavía seguían los antiguos casilleros metálicos.

Muchos estaban abiertos.

Otros completamente destruidos.

Ariana buscó con la mirada.

Hasta encontrarlo.

27.

Seguía cerrado.

Respiró profundamente.

Sacó la llave del bolsillo.

Sus manos temblaban.

—¿Lista? —preguntó Liam.

Ella negó.

—No.

Hizo una pausa.

—Pero igual voy a hacerlo.

Introdujo la llave.

Giró lentamente.

Durante un segundo pareció que no funcionaría.

Entonces…

clic.

El casillero se abrió.

Dentro no había dinero.

Ni joyas.

Solo una caja de madera.

Pequeña.

Cubierta por una fina capa de polvo.

Ariana la tomó con cuidado.

Tenía grabadas dos iniciales.

M.H.

—Mateo Herrera… —susurró.

Liam asintió.

—Ábrela.

Ariana levantó lentamente la tapa.

Dentro había tres objetos.

Una libreta negra.

Un viejo casete de audio.

Y una fotografía doblada.

Los dos se miraron en silencio.

Era evidente que aquello llevaba años escondido.

Ariana abrió primero la libreta.

Las primeras páginas parecían un diario.

Fechas.

Anotaciones.

Reuniones.

Nombres.

Hasta que una frase llamó su atención.

"Ya no sé en quién confiar."

Pasó la página.

"Hoy descubrí que las cuentas no cuadran. Alguien está desviando dinero."

Otra página.

"Intenté hablar con ellos, pero todos guardaron silencio."

Otra.

"Si algo me pasa, busquen donde nadie imaginaría."

Ariana sintió un nudo en el estómago.

—Él sabía que estaba en peligro.

Liam seguía leyendo por encima de su hombro.

—Y aun así siguió investigando.

Tomó después la fotografía.

Era diferente a las anteriores.

Mostraba una reunión dentro de la empresa.

Había varias personas sentadas alrededor de una mesa.

Mateo estaba de pie.

Su padre también.

El padre de Liam.

La madre de Valeria.

Y…

otro hombre.

Uno que Ariana nunca había visto.

Vestía un traje oscuro.

No sonreía.

Parecía observar a todos con una expresión fría.

En la parte de atrás de la fotografía alguien había escrito:

"Él tomó todas las decisiones."

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Quién será?

Liam negó lentamente.

—Nunca lo había visto.

Quedaba el casete.

Ariana lo sostuvo entre sus manos.

—¿Cómo vamos a escucharlo?

Liam sonrió apenas.

—Mi papá todavía guarda un reproductor viejo en el ático.

Ella levantó la mirada.

—¿Crees que funcione?

—Solo hay una forma de saberlo.

Guardaron todo nuevamente dentro de la caja.

Justo cuando Ariana iba a cerrar el casillero…

escuchó un ruido.

Pasos.

Lentos.

Firmes.

Los dos se quedaron inmóviles.

El sonido venía del pasillo.

Alguien estaba allí.

Liam hizo un gesto para que Ariana guardara rápidamente la caja en su mochila.

Los pasos se acercaban.

Cada vez más.

Hasta que una sombra apareció al final del corredor.

Un hombre alto.

Con gorra negra y gafas oscuras.

No dijo una sola palabra.

Solo los observó.

Ariana sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Quién es usted? —preguntó.

El hombre no respondió.

Miró directamente la mochila donde habían guardado la caja.

Y dio un paso hacia ellos.

Liam se colocó delante de Ariana.

—No se acerque.

El desconocido sonrió apenas.

Una sonrisa fría.

Después habló.

—Llegaron mucho más lejos de lo que esperaba.

Ariana sintió un escalofrío.

—¿Nos conoce?

El hombre asintió lentamente.

—Más de lo que imaginan.

—¿Quién es?

Él metió una mano en el bolsillo del saco.



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En el texto hay: drama, amor, misterio

Editado: 06.07.2026

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