Lo que el destino nunca contó

Capítulo 18: La verdad entre las sombras

La oscuridad envolvió la casa por completo.

Durante unos segundos nadie se movió.

El único sonido era el de sus respiraciones agitadas.

—Liam... —susurró Ariana.

—Estoy aquí.

Él buscó su mano en la oscuridad y la sostuvo con fuerza.

—No te sueltes.

El padre de Liam abrió lentamente un cajón de la sala y sacó una linterna.

Un haz de luz iluminó la habitación.

Las luces del vecindario seguían encendidas.

Solo esa casa estaba sin electricidad.

—Esto no fue un apagón —dijo Liam.

Su padre caminó hasta la ventana.

Corrió apenas la cortina.

Su rostro cambió inmediatamente.

—¿Qué pasa? —preguntó Ariana.

—Hay alguien afuera.

Los tres se acercaron con cuidado.

A unos metros de la casa, junto a la reja, una figura completamente vestida de negro permanecía inmóvil.

No intentaba entrar.

Solo observaba.

Como si quisiera que supieran que estaba allí.

Ariana sintió un escalofrío.

—Es él...

Aunque la distancia no permitía distinguir su rostro, estaba segura.

Era el mismo hombre de la gorra.

El mismo que había visto en la estación.

El mismo que aparecía en la fotografía de su infancia.

El hombre levantó lentamente una mano.

Y señaló directamente la casa.

Después se dio la vuelta.

Y desapareció entre la oscuridad.

Liam abrió la puerta dispuesto a seguirlo.

Pero su padre lo detuvo.

—¡No!

—¡Tenemos que alcanzarlo!

—Eso es exactamente lo que quiere.

Liam respiró con fuerza.

Sabía que tenía razón.

Era una trampa.

Minutos después volvió la electricidad.

Como si nada hubiera ocurrido.

Pero nada volvió a sentirse normal.

Ariana seguía pensando en la grabación.

En la letra E.

Era la única pista que tenían.

—¿Conoces a alguien cuyo nombre empiece por esa letra? —preguntó Ariana.

El padre de Liam permaneció en silencio.

Demasiado tiempo.

—¿Don Ernesto? —preguntó Liam de repente.

Su padre levantó la mirada.

—No.

—¿Entonces por qué pensaste en alguien?

Él suspiró.

—Porque hace muchos años había un hombre llamado Esteban.

Ariana sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Quién era?

—El director general de la empresa.

El silencio cayó sobre la sala.

—¿Qué pasó con él? —preguntó Ariana.

—Renunció poco después de la desaparición de Mateo.

—¿Dónde está ahora?

—No lo sé.

Nunca volvimos a verlo.

Ariana tomó rápidamente la libreta de Mateo.

Comenzó a revisar página por página.

Buscaba cualquier referencia.

Cualquier palabra.

Cualquier inicial.

Hasta que encontró una hoja donde solo aparecía una frase.

"E. sabe todo."

Debajo había una fecha.

Y una dirección.

Liam observó la hoja.

—¿Crees que sea Esteban?

—No lo sé.

Pero tenemos que averiguarlo.

Antes de salir, el padre de Liam los detuvo.

Su expresión era distinta.

Más seria que nunca.

—Hay algo que nunca les conté.

Ariana levantó la vista.

—¿Qué cosa?

El hombre respiró profundamente.

—La noche que Mateo desapareció...

yo también estaba allí.

El silencio fue absoluto.

Liam abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué?

—No cuando desapareció.

Antes.

Nos habíamos reunido los cuatro.

Mateo.

Tu padre.

El padre de Ariana.

Y yo.

Ariana sintió un nudo en la garganta.

—¿Por qué nunca dijiste nada?

—Porque hice una promesa.

—¿A quién?

—A Mateo.

Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos del hombre.

—Me pidió que protegiera a nuestras familias si algo salía mal.

Liam dio un paso atrás.

—¿Y eso justificó tantos años de silencio?

Él bajó la cabeza.

—No.

Solo me convirtió en un cobarde.

Ariana sintió que la rabia volvía.

—Todos hicieron lo mismo.

Todos.

Mi padre.

Mi madre.

La mamá de Valeria.

Usted.

Todos decidieron callar.

¿Y sabe quién terminó pagando las consecuencias?

Nosotros.

Los hijos.

El hombre no respondió.

No tenía cómo defenderse.

Porque Ariana tenía razón.

Cuando salieron de la casa ya era de noche.

Liam conducía mientras Ariana observaba nuevamente la dirección escrita en la libreta.

No estaba lejos.

Era un barrio antiguo de la ciudad.

—¿Vamos ahora?

—Sí.

No quiero seguir esperando.

Media hora después llegaron.

Era una casa pequeña.

De fachada blanca.

Con un jardín descuidado.

Parecía deshabitada.

Ariana tocó el timbre.

Nadie respondió.

Volvió a intentarlo.

Silencio.

Cuando estaban a punto de marcharse, una voz anciana habló desde el otro lado de la cerca.

—¿Buscan a Esteban?

Los dos se giraron.

Una mujer mayor los observaba desde la casa vecina.

—Sí —respondió Ariana.

—Llegaron tarde.

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

—¿Qué quiere decir?

—Murió hace cinco años.

Ariana sintió cómo toda esperanza se desmoronaba.

—¿Está segura?

La mujer asintió lentamente.

—Pero antes de morir...

dejó una caja.

Dijo que algún día vendrían dos jóvenes preguntando por él.

Y que debía entregárselas.

Ariana y Liam se miraron sin poder creerlo.

La mujer desapareció unos segundos dentro de su casa.

Regresó sosteniendo una pequeña caja de madera.

Se la entregó a Ariana.

—También me pidió que les dijera algo.

—¿Qué cosa? —preguntó Ariana.

La anciana sonrió con tristeza.

—Que no busquen al culpable...

porque el culpable los encontrará primero.

Ariana sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.



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En el texto hay: drama, amor, misterio

Editado: 25.07.2026

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