Lo que Él me enseñó

CAPÍTULO II

(Canción para acompañar: Michael Jackson - Chilhood )

- Mi abuelo irá al orfanato a pedir permiso. De eso no te preocupes - dijo Logan, mientras devoraba una manzana con entusiasmo, mordiéndola como si fuera la mejor comida del mundo.

Lo observé en silencio. Sus mejillas se inflaban al masticar, el jugo de la fruta le brillaba en los labios, y por primera vez desde que lo conocía, no estaba comiendo solo pizza. Parecía feliz con algo simple. Y yo... yo también estaba comiendo. No por obligación. No por rutina. Estaba saboreando cada bocado como si mi cuerpo, después de tanto tiempo, hubiera decidido relajarse. Sin ese vacío que me acompañaba incluso cuando tenía el plato lleno. ¿Cómo una noticia tan pequeña podía cambiar la forma en que la comida sabía? Eso fue lo que provocó en mí.

-¿Tú crees que le den permiso? -pregunté en un tono bajo, intentando sonar indiferente. Bajé la mirada hacia mi comida para que no notara el miedo que se me había instalado en el pecho.

Ahora que soy adulto y consciente, entiendo muy bien qué es lo que significaba cuidar a alguien como yo. Rescatar a un niño del peligro, del abuso, del abandono... para luego entregarlo a personas que no conocen del todo podía convertirse en el peor error. Pero en ese momento solo era un infante con ilusión, esperando no perder algo que apenas comenzaba a sentir como propio.

Esa tarde regresé al orfanato con la cabeza llena de preguntas, seguí mi rutina casi con solemnidad. Me puse la pijama con movimientos lentos, doblando mi ropa con cuidado excesivo, como si necesitara sentir que algo estaba bajo control. Luego fui directo a mi otro lugar favorito: el pequeño espacio junto a la ventana. El marco era frío, la pared ligeramente áspera contra mi espalda. Desde allí podía ver la luna.

A veces era una línea fina y tímida; otras, redonda y dominante. No importaba su tamaño, ella siempre estaba iluminando. Las estrellas la acompañaban, dispersas, como si supieran que no debían robarle protagonismo. Hasta hoy me sigue gustando mirarla antes de dormir.

Acerqué mis piernas a mi pecho y las abracé, apoyando la barbilla sobre las rodillas. Respiré hondo y cerré los ojos.

-Hola... -susurré apenas, sintiendo un poco de vergüenza incluso estando solo. No sabía exactamente a quién le hablaba. Nunca lo supe con claridad en ese momento. Pero sabía que había algo más grande que yo. -Sé que a veces no me escuchas. O tal vez sí. No lo sé. Pero si no es mucha molestia... por favor, que la salida con Logan pueda darse. Me agrada la idea de pasar todo un día con el. Me avergüenza decirlo, pero... me siento cómodo con él. Siento que puedo ser yo.

Abrí los ojos de golpe, como si esperara que algo ya hubiera cambiado. Como en los cuentos donde el deseo se cumple al instante. Nada ocurrió. La habitación seguía igual.

Al día siguiente, Logan cumplió su palabra. Como suele hacerlo.

Ni siquiera hice mi sesión habitual esa tarde. Dejé la mochila en mi cama y bajé rápido al salón de la secretaría. Caminé en puntitas, conteniendo la respiración para que no notaran mi presencia. Me acomodé detrás de la puerta, dejando apenas un espacio para mirar.

Y lo vi por primera vez. El señor Isidoro.

Un hombre de edad, alto, de postura firme, vestido con pantalón elegante, camisa bien planchada y chaleco. Su bigote perfectamente recortado y el cabello completamente blanco. Tenía presencia. No imponía miedo, pero sí respeto.

-Buenas tardes, señorita -dijo con voz segura, extendiendo la mano. La secretaria se levantó para estrecharla.- Soy el señor Isidoro Holt. Vengo para solicitar permiso para invitar al pequeño Jeshua este fin de semana a modo de recreación junto a mi nieto en nuestra casa.

Logan estaba a su derecha, de puntitas también, intentando asomarse por encima del escritorio. Sus dedos se apoyaban en el borde mientras estiraba el cuello con esfuerzo.

-Buenas tardes, señorita -dijo con su sonrisa habitual, esa que parecía no apagarse nunca.

La secretaria los observó con detenimiento. Primero al abuelo, evaluándolo en silencio; luego a Logan, devolviéndole la sonrisa con una suavidad profesional.

-Buenas tardes, un gusto. Soy Yanin, la secretaria del Orfanato "Nuevas Sonrisas". Debo decir que su petición es poco usual, la mayoría de las veces son para solicitar permiso para adoptar a un niño no para sacarlo a pasear.

Sentí un pequeño golpe en el estómago. Incluso el señor Isidoro abrió ligeramente los ojos.

-Pero entiendo que en la escuela se han hecho amigos. Y eso me alegra -continuó ella- Jeshua es un niño muy callado, reservado, se aísla... Y aquí quiero ser clara en algo - Se acomodó en su asiento, entrelazando las manos sobre el escritorio. - Muchos adoptantes se quejan del papeleo, pero la realidad es que estos documentos protegen al menor. Nuestra misión es darle algo que ellos no han tenido. ¿Y eso es?

Hizo una pausa. Hubo un pequeño silencio.

- Un lugar seguro y feliz. Es como rescatar a un pequeño gato, curarlo, ponerlo en adopción y entregarlo a cualquiera para que lo devuelvan a la calle o incluso algo peor. No tenemos muchas comodidades ni mucho menos un presupuesto alto, sin embargo, intentamos darle al niño lo mejor.

Sus palabras no eran exageradas. Eran reales. Todos sabíamos de casos así. Personas que aparentaban normalidad y escondían sombras.

El señor Isidoro aclaró la garganta. Respiró profundo antes de responder. Y dijo lo que me haría tener más confianza en ellos:

- Le doy toda la razón, señorita. Y agradezco su hermosa labor de sacar a estos niños de la crueldad humana y darles la oportunidad de tener una familia. Si bien la intención no es la adopción porque entiendo que piden a un padre y una madre, requisito que no tenemos...- Miró a Logan, que escuchaba con atención inusual para su edad -Queremos, en nuestra posibilidad, que Jeshua y Logan puedan disfrutar de su amistad. Mi nieto siempre me cuenta sobre su amigo y él mismo ha visto el avance de ese pequeño, socialmente hablando. Y para nosotros, para mí, que a su corta edad Logan haya conectado con Jeshua, quien, como bien dijo usted, es un niño de pocas palabras, es un gran logro. Además de que Jeshua esté de acuerdo en ir a la casa, pasar el día jugando, o quizá pasear por la hermosa plaza que tenemos. En fin, haciendo lo que un niño a su edad debería, y tener la oportunidad de hacer su pijamada... que por cierto, ¿qué temática tiene, Logan?




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