Lo que Él me enseñó

CAPITULO V

(Canción para acompañar: Bless His Soul - The Jackson 5)

- Logan... - susurré, toqué su hombro despacio pero parecía completamente fuera del mundo. Estaba echado boca abajo y la baba le mojaba la almohada.

- Despierta - volví a sacudirlo, esta vez con más firmeza. Levantó la cabeza y parpadeó, con esos ojos achinados por el sueño que lo hacían ver como si recién hubiera aterrizado de otro planeta.

- ¿Qué pasó? - preguntó, cada palabra arrastrada por un bostezo interminable. Se incorporó y se limpió la baba con la manga del polo sin el menor rastro de vergüenza. Me reí para mis adentros. Tenía el cabello completamente revuelto, el ceño fruncido. Odiaba que lo despertaran.

- ¿No tenías examen hoy? - Logan abrió los ojos de golpe.

- ¿Qué hora es?

- Las siete de la mañana. Tienes media hora para volar.

Puse mis manos en mi cintura. Debí parecer su hermano mayor dándole una reprimenda bien merecida.

- ¡Carajo! ¿Por qué no me avisaste antes? - preguntó riéndose, ya de pie, revolviendo su clóset en busca de lo necesario. Se colocó un polo básico y desapareció en el baño.

- La pregunta es por qué no volviste temprano a casa sabiendo que tenías examen - respondí hacia la puerta cerrada.

- Es mi manera de ahogar las penas, ¿ok? - dijo desde adentro.

Logan había terminado su relación, o amistad, o "experiencias" como él solía llamarlas. Su ritual para pasar página era siempre el mismo: llorar, cantar, salir a bailar y un par de tragos. Algunas veces lo acompañaba pero evitaba tomar por una mala experiencia que tuvimos hace años y por otras cosas más.

Cuando cumplimos 19 años, decidimos que era momento de experimentar una discoteca. Llegamos a una nueva y estaban dando cócteles gratis. Era una señal del universo o eso interpreté. Una cosa llevó a la otra, y cuando el DJ puso Wanna Be Startin' Somethin' de Michael Jackson, algo en mí despertó. Mal bailarín no soy y gran fan del Rey sí soy y con el efecto del alcohol encima... ya se imaginarán.

El papá de Logan nos castigó un año. Primero porque no contestábamos las llamadas. Segundo porque Logan terminó vomitando en el carro. Y tercero, que es quizás lo que menos puedo justificar, porque en vez de echarme en mi cuarto terminé durmiendo en el de él y su pareja.

Fue divertido, tengo que admitirlo pero desde ese día se nos prohibió totalmente tomar una gota de alcohol, al menos no en exceso.

- Apura, te espero abajo - dije en voz alta y bajé directo al comedor.

Susán, la pareja del señor Holt, había preparado empanadas de pollo el día anterior. En esa casa nunca faltaba la buena comida. Acomodé dos en un táper para Logan y para mí, y fue entonces cuando noté la notita doblada junto al tazón:

"Vayan con cuidado. Si van a llegar tarde, avisen :) Logan, no te olvides de recoger el encargo de tu papá. Jeshua, pasa por la ropa a la tintorería. Besos."

Era normal que cada uno tuviera sus pendientes. Lo difícil era no olvidarlos. A veces no era intencional, simplemente la universidad te consumía de una manera que borraba todo lo demás. Lo que empecé a hacer fue ponerme alarmas. Así era más manejable.

Minutos después Logan bajó corriendo por las escaleras con la mochila ya puesta. Le entregué su táper y la nota.

- No lo olvides - agregué.

La leyó, suspiró y no dijo nada más. Salimos rápido hacia el paradero a esperar el bus de la universidad.

Yo pensé que los buses para alumnos solo existían para la educación primaria. Nunca imaginé que había movilidad para la universidad hasta que llegué a Hackensack. Pero tenía sentido, la ciudad era grande y sus distancias eran largas. El bus tenía carril exclusivo, lo que significaba que llegábamos mucho más rápido que cualquiera en carro particular. Y el vehículo en sí, espacioso, limpio, moderno. Si algún día tuviera que comprar uno, sería ese. Aunque Logan siempre me recuerda que no es precisamente el tipo de vehículo que alguien compraría para uso personal.

- ¿Estudiaste?

- ¿Oye, vas a estudiar periodismo o por qué tantas preguntas? - dijo vacilándome - Sí estudié. Y menos mal que tenemos la beca y no pagamos pensión, porque si desapruebo algún curso papá me mataría y me diría: la plata no cae del cielo.

- Sabes que igual lo haría, ¿verdad?

El señor Holt era estricto con Logan, especialmente en lo profesional. Y qué padre no lo sería. Siempre le decía: Salta de un puente, haz grafitis en las paredes, perfórate las orejas pero no te atrevas a despreocuparte de tus obligaciones. Y mucho menos a tener un bebé.

A mi mente llegaba siempre esta frase: Si no tienes para alimentar a un bebé, no tengas un bebé.

Coincidía totalmente.

El bus llegó. Nos sentamos al fondo, ese lugar estratégico donde cuando el carro pasa por un bache, la llanta salta y nosotros también.

Lo bueno era que cuando pasaba por nuestra zona todavía estaba vacío. A medida que recorría otros puntos de recojo, la situación cambiaba radicalmente. Comenzamos a parecer cesta de mandarinas, todos apretados, listos para venderse en el mercado.

Pero eso me preocupaba menos que la posibilidad de que apareciera Esmeralda.

La conocí en el taller de música. Ella desarrolló cierta afinidad hacia mí y en algún momento decidió decirmelo sin rodeos. Traté de rechazarla de la manera más amable posible, aunque honestamente no sé si eso sea viable. El caso es que ella lo interpretó como un tal vez, y desde entonces, cuando encuentra la oportunidad, se acerca. Me genera una incomodidad que no sé muy bien cómo gestionar. Y por si fuera poco, construye historias que únicamente existen en su imaginación y lo peor, las cuenta.

Logan lo sabe. Y en más de una ocasión ya le dejó en claro que me dejara de acosar.

No sé si era mala suerte o si yo atraía ese tipo de personas. No me afectaba al punto de ocasionarme problemas en la universidad, pero sí en mi único intento de acercarme a alguna chica. Y cuando digo único, me refiero a exactamente uno.




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