(Canción para acompañar: Threatened - Michael Jackson)
- Aló - contesté.
- Aló, Jeshua. ¿Me escuchas? ¿Aló? - el papá de Logan no se salvaba de la poca paciencia que le tenía a la tecnología, a pesar de estar rodeado de ella todo el tiempo.
- Lo escucho fuerte y claro, señor - dije, aguantándome la risa.
- Ya, escúchame. Estoy cerca del óvalo; Susan me dijo que andabas por ahí. Espérame en la puerta principal. ¿Sigues ahí, verdad?
La voz ahora se le escuchaba lejísimos, pero me las arreglé para entenderle.
- Sí, iré a la puerta. Ahí lo espero.
El señor Holt soltó un "ya", pero se olvidó de colgar. A través de la línea alcancé a oír el rugido del motor y sus murmullos al volante: Mejor por aquí, está más vacío. Por dentro me vacilaba la escena; ese tipo de despistes siempre me causaban gracia. Sin embargo, para no gastarle la batería, decidí colgar yo.
Apuré el paso y, justo cuando salía a la puerta principal, divisé su carro. Levanté la mano para que me reconociera; él se orilló un segundo y me subí de un brinco. No era un lugar para estacionarse con calma, así que la maniobra tenía que ser rápida.
- Buenas tardes, doctorcito - dijo el señor Holt mientras miraba los otros carros por el espejo retrovisor derecho.
- Buenas tardes - le devolví el saludo.
- ¿A esa dirección, verdad? - preguntó, acelerando al incorporarse al flujo del tráfico - Susán no me dijo nada; creo que nos está poniendo a prueba a ver si nos acordábamos.
Reí al recordar el momento. Susán solo necesitaba mirarte para que entendieras exactamente qué quería; creo que es un don que solo tienen ciertas personas.
Aquel día en que Logan y yo olvidamos recoger lo que nos encargó, quedamos como perritos regañados. Supimos de inmediato que, apenas termináramos de almorzar, nos tocaría ir calladitos a cumplir el recado sin que nadie tuviera que repetírnoslo.
Susán proyectaba la imagen de una persona tranquila, pero cuando le tocaba opinar, no había forma de ganarle terreno. Ella no escatimaba en palabras como yo, que suelo elegir cada una con excesivo cuidado, quizás por eso no hablo demasiado. Ella era directa, iba con la verdad por delante y decía lo que sentía. Eso sí, siempre estaba abierta a escuchar posturas opuestas a la suya; lo que de verdad no toleraba era que la gente opinara sin fundamentos. Podía ver en sus ojos cómo le ardía la imprudencia ajena. Ella siempre parecía saber exactamente qué decir.
Pero no siempre fue así, sobre todo cuando ella se presentó oficialmente ante Logan como la pareja del señor Holt. Recuerdo que fueron unos meses interesantes, por no decir muy tensos.
En ese entonces, Logan no quería verla ni en pintura. Las primeras veces que ella venía a recogerlo al colegio junto al señor Isidoro, en cuanto mi pequeño amigo notaba su presencia, corría a subirse al asiento del copiloto, cerrando de golpe la puerta y la ventana. Ni siquiera se despedía de mí. Sí, Logan no fue nada fácil en esa época.
Pero había que comprenderlo. Por un lado, alguien estaba "reemplazando" a su madre; apenas habían pasado dos años desde su fallecimiento y su padre ya tenía pareja. Para un niño, eso era demasiado rápido. Por otro lado, Logan no odiaba a Susan en sí, odiaba la idea de que su padre, aun estando con ella, seguía sin estar presente en su vida. En realidad, la ausencia de su padre terminaba siendo mucho más visible que la propia Susán.
- Ella es buena. Cocina mis platillos favoritos, la pizza le sale riquísima, hace reír al abuelo, es muy bonita y le parece entretenido ver mis partidos de ajedrez. Ella no me molesta - admitió con un tono tristón. Luego tomó un poco de su jugo y apoyó la cabeza sobre la mesa.
- ¿Qué es lo que te molesta, entonces? - pregunté con cautela.
- Me molesta mi papá - respondió al instante, como si llevara esa frase atragantada desde hacía tiempo - Cuando mamita estaba viva, él no estaba, y ahora que está Susán, tampoco está. ¿Qué sentido tiene? No me importa que ella me quiera... - hizo una pausa y le dio otro sorbo a su jugo.
Logan tenía razón. Durante todo ese tiempo, a su padre solo lo vi tres veces contadas. La primera en la fotografía, la segunda en Navidad y la tercera cuando vino con Susán el día de su presentación oficial como pareja. Igual que en el cuadro, su mirada imponía; sus cejas pobladas no le ayudaban en absoluto a suavizar la expresión y tampoco colaboraba el hecho de que trabajara fuera de Nínive. Olvidé mencionar que Susán y el señor Holt se conocieron a través de colegas del trabajo.
Por otro lado, el señor Isidoro no estaba de acuerdo con muchas cosas, claro está, pero no iba a dejar a su nieto solo.
- Hijito, cálmate, se te están saliendo los mocos de tanto llorar - Logan abrazaba fuertemente a su abuelo, como un monito aferrado a su banano. Era su cumpleaños número once. La pequeña reunión ya había terminado y, como era de esperarse, el señor Holt no pudo venir por temas laborales. Sin embargo, envió un presente, intentando llenar de alguna forma ese vacío en el.
El señor Isidoro sacó un pañuelo y le limpió la nariz. Yo observaba la escena en silencio, con un pequeño impulso de hacer algo pero sin saber exactamente qué.
- ¿Qué va a decir Jeshua? Que eres un niño mocosito - intentó animarlo. Logan rió un poco y se secó las lágrimas con las mangas - Mejor abre los regalos con tu amiguito, ¿qué te parece? Luego les hago un chocolate caliente y a dormir.
Logan sorbió por la nariz, todavía entre sollozos. Se bajó del regazo de su abuelo, se acercó a mí y, con un puchero, me sujetó de la mano jalándome hacia la sala, donde nos dispondríamos a destrozar todo el papel de regalo.
Me gustaría decir que esa ausencia se compensó de inmediato con lo contrario, pero no fue así. A Susán se la veía cada vez más y, con muchísimo esfuerzo, fue construyendo lazos con Logan. Su aura era amarilla. Según lo que investigué mucho después, ese color representa la iluminación y la sabiduría; poco a poco entendí que cada persona tenía matices así, al parecer una especie de aviso sobre su forma de ser. Como cuando alguien dice "sus vibras no me convencen" o "su energía es muy bonita".