(Canción para acompañar: A Place With No Name - Michael Jackson)
- ¿Es necesario que todo esté apagado? - Logan seguía un poco nervioso, y la verdad, yo también. Pero era necesario que la habitación no estuviera con tanta luz, necesitaba concentrarme. Al menos eso me funcionaba a mi cuando meditaba.
- Las estrellas que pegaste alumbran, tranquilo - soltó una risita mientras escaneaba el cuarto con pánico. Un crujido en el estante a su espalda lo hizo voltear aterrado - En fin, yo ya cumplí mi parte del trato. Te toca. - Rodó los ojos, apretó los labios y terminó asintiendo.
Acomodé la cámara en el trípode, presioné el botón de encendido y me senté frente a él sobre la alfombra. Le tomé las manos con cuidado. No paraba de hablar, justo como acostumbraba hacer cada vez que la paranoia lo dominaba.
- Tienes que aceptarlo, te encantó el corte que te hicieron. Además, esos aretes te dan un toque de chico malo.
Ir al peluquero fue toda una odisea, yo estaba metiendo escusas para no entrar a ninguno, que la tienda no me convencía, el barbero no era bueno, el precio muy alto, la silla no me gusta. Realmente Logan y Miley fueron bien pacientes. ¡Hey!, no crean que no iba a cumplir lo que prometimos, solo me quería divertir un rato también.
Claro que me dio pena ver mi cabello largo caer al suelo, aunque no era una coleta exactamente me gustaba tenerlo así. Fue incómodo estar aproximadamente una hora mirándome al espejo. Pero no eso no fue la parte más incomoda, definitivamente no. Mas bien fue cuando me perforaron las dos orejas, no entiendo como pueden hacerle eso a las bebés cuando nacen. Mis manos se aferraron a la silla como si fuera de oro y me la quisieran robar. El chico no contó hasta tres, mintió contando hasta dos y apretó la maquinita que metió la aguja al lóbulo de la oreja. ¿Me haría otro? Quizá. Es que... sí me gustó como quedaron.
Me miré al espejo con algo de vergüenza. La verdad es que me veía relativamente bien; el corte me resaltaba las facciones y, al ver los aretes puestos, creo que fue la primera vez que me sentí atractivo.
- Todavía me duele - refunfuñé - Pero bueno, ahora sí necesitamos silencio, ¿vale?
Logan asintió como un niño obedeciendo una orden. Cerramos los ojos y empezamos a inhalar y exhalar despacio, sintiendo el aire entrar y salir de los pulmones, justo como le había indicado. Desde lo que ocurrió con la señora, no había parado de investigar en cuanto pisaba la casa. Necesitaba una respuesta lógica y terminé dando con un libro que explicaba este fenómeno bajo el término de Potencial Transferido. El concepto describe cómo, al alinearse dos campos neuronales, la actividad cerebral de uno puede resonar en el otro. Pero antes de explicarles que es el campo neuronal, debo mencionar algo. Aunque yo necesitaba tomar sus manos para concentrarme, la teoría decía que la conciencia transmite información sin necesidad de señales físicas ordinarias, demostrando que todos permanecemos conectados a través de una misma red energética llamada Lattice. ¿Cómo se suponía que llegaría a ese nivel? La verdad es que no tenía idea. Ni siquiera sabía si era capaz de lograrlo sin recurrir al contacto físico.
Ahora, el campo neuronal es la forma en el que el cerebro moldea el espacio, cada potencial dendrítico y cada potencial de acción generan microdistorsiones en la Lattice. La interacción entre todas estas crea una microdistorsión hipercompleja, da origen a dicho campo. En resumen, la estructura del cerebro es una macrodistorsión de la matriz y su actividad distorsiona la misma Lattice que le dio origen.
Seguimos unos minutos en ese ritmo. El autor también señalaba que meditar no se trata de pelear contra la mente ni forzar un silencio absoluto. La clave está en dejar pasar los pensamientos como vehículos en una carretera, no te subes a ninguno, solo los ves transitar. Teníamos que ser el observador de nuestra mente, esa voz imparcial que mira sin juzgar. Solo al dar ese paso atrás como testigos, el campo neuronal se calma y la conciencia se sincroniza con la matriz.
Por mi mente cruzaban todo tipo de pensamientos: Entonces, esto va mucho más allá de ver personas invisibles. Todos tenemos la capacidad de hacerlo... ¿será que yo simplemente soy más sensible a la red? ¿Y cómo se supone que salgamos una vez que estemos dentro?.
- No tengo idea - la voz de Logan resonó en el cuarto. Abrí los ojos, seguiamos ahí en la alfombra.
- ¿No tienes idea de qué? - pregunté, totalmente desconcertado.
- Es que se me vino a la mente... si logras entrar, ¿cómo vas a salir? O más bien, cómo saldríamos, porque yo también estaría ahí, ¿verdad?
Me llevé la mano a la boca por el asombro. Sin buscarlo, acabábamos de confirmar en la práctica lo que explicaba el libro, nuestros campos neuronales se habían sincronizado. Ahora todo cobraba un sentido mucho más claro. Era exactamente como esa extraña coincidencia de estar pensando en una canción y que la otra persona empiece a tararearla de la nada. Incluso me atrevo a decir que también sucede cuando Logan toma mi mano justo en el momento en que lo necesito, o viceversa.
- Piensa en un color - le pedí sin perder tiempo. Tomé sus manos de nuevo y cerré los ojos.
- Verde - dije al cabo de un momento. Nos miramos incrédulos, soltando una risa nerviosa por lo fascinante que se estaba volviendo esto. Era exactamente el color que él tenía en mente.
- O sea que cuando me pregunto: ¿Papá habrá llegado bien? y en ese preciso instante entra un mensaje suyo avisándome que llegó, ¿se trata de esto mismo? - cuestionó Logan con los ojos abiertos de par en par.
- Sí, creo que sí. Todos pertenecemos a una misma red. Pero al parecer esto es apenas el comienzo de todo lo que realmente se puede lograr.
- ¿Como lo que tú haces? - preguntó en un susurro.
Asentí muy despacio. Todo lo que había creído sobre mi propia percepción se estaba desmoronando a una velocidad abrumadora; ya ni siquiera estaba seguro de si lo mío era un "don" o simplemente la naturaleza del mundo que nos rodeaba. Sin embargo, sabía que debía ir paso a paso si no quería terminar de volverme...loco.
- Sigamos - añadí, agitando la cabeza con entusiasmo - Esta vez tenemos que entrar o sincronizarnos más profundo... ¡Wao! Es que ya ni siquiera sé exactamente qué es lo que vamos a hacer.