(No tengo ganas de escuchar canciones por hoy)
Tenía muchas dudas sobre si escribir esto, pero Logan y yo quedamos en documentarlo todo. Esto no es alguna secuela de lo que experimenté, sino el reflejo de cómo me he sentido últimamente. No encuentro otra forma de desahogarme, aunque sé que estaré bien de todas maneras.
Siento un vacío constante y un peso opresivo en el pecho. Hay noches en las que ni el agotamiento me rinde, ni siquiera entrelazar mi mano con la de Logan. Mi mente orbita sin tregua entre lo que fue, lo que es y lo que vendrá. A veces la náusea me domina; me produce asco todo, incluso mi propio reflejo.
En el hospital a veces me siento miserable, poca cosa. Cuando me sobrepasa, me refugio en el baño, lloro en silencio y me lavo la cara. Prosigo como si nada. Es irónico, porque aunque tenga mil tareas en el hospital y esté concentrado en eso, parece que puedo estar sufriendo y riendo a la vez.
No se lo digo a Logan porque no logro descifrar lo que me pasa y porque no me permito ser vulnerable ante nadie. Es agotador hundirme y resurgir en un bucle continuo. ¿Es esto la vida? ¿Hay una salida o los problemas son eternos? ¿Cuándo estaré bien? ¿Qué es "estar bien"? No lo sé.
Tampoco sé si es correcto ayudar a otros para luego quedar exhausto, o si pedir mi propia sanación es un acto de egoísmo. Cuando ayudé a Luz me sentí muy bien, de verdad, pero no bastó para llenar este vacío. Aunque debo seguir haciéndolo, de eso estoy seguro.
Ahora mismo me martillan mil pensamientos y me duelen los ojos, la frente y la nuca. Sé que estoy abusando de los analgésicos para la migraña, pero parece que en momentos así nada me quita el dolor. Intenté seguir el consejo de Susán de conectar con la naturaleza, pero sinceramente no tengo ganas de salir. Mi rutina se reduce a ir al hospital y volver a casa.
Logan me propone salir a dar una vuelta, pero le pongo excusas. Sé que se da cuenta, pero me da mi espacio y lo aprecio. Aun así, me siento mal por rechazarlo; él lo hace entusiasmado y siento que apago su luz. Mientras tanto, mi cama se vuelve pegajosa, reteniéndome hasta el día siguiente.
Por las noches ni siquiera sueño. No hay pesadillas, solo escucho mis propias voces diciéndome que hubiera querido hacer las cosas diferente, como ayudar a mamá y a papá. Pero ¿para qué? Si fueron unos malditos conmigo. Luego me siento egoísta por haberme escapado, para terminar recordando que era eso o no estar vivo para escribir esto. Por eso digo que no sé qué siento.
Y recuerdo al señor Isidoro; lo extraño. Para Logan y para mí él era nuestra verdadera familia. ¿Por qué te lo llevaste? Justo cuando todo parecía ponerse en orden.
Disculpa si nada de esto se siente coherente; solo suelto lo primero que me viene a la mente.
Afortunadamente, los libros me rescatan a ratos. Dicen que el propósito de la vida es disfrutar, estar presente. A veces lo logro e intento aferrarme a eso. Sé que estaré bien de todas formas.
Son las tres de la madrugada. Me haré un té de jamaica; dicen que ayuda a conciliar el sueño.
Escribir esto disipó un poco mi tormenta. Por ahora, estoy más tranquilo.