"Lo que el olvido no pudo borrar"

La desconocida

Capítulo 2.

Camila despertó tres días después.
Lo primero que sintió fue la luz.
Demasiado blanca.
Demasiado intensa.
Intentó girar la cabeza.
Un dolor punzante le atravesó el cuerpo.
—Tranquila.
Una mujer se acercó.
—No intentes levantarte todavía.
Camila observó su uniforme.
—¿Dónde estoy?
—En una clínica privada.
—¿Cuál?
—La clínica Valdés.
El apellido no significó nada.
—¿Quién es Valdés?
La enfermera vaciló.
—Adrián Valdés.
Camila frunció el ceño.
—¿Quién es?
La mujer la observó durante unos segundos.
—El hombre que te encontró.
Camila cerró los ojos.
Esperó.
Una imagen.
Un rostro.
Una voz.
Nada.
Solo una sensación de vacío.
—No lo conozco.
La enfermera salió.
Poco después entró un médico.
—Buenos días, Camila.
Ella lo miró.
—¿Cómo sabe mi nombre?
—Encontramos documentación contigo.
—¿Qué documentación?
—Una identificación.
El médico se sentó.
—Necesito hacerte algunas preguntas.
Camila asintió.
—¿Sabes dónde estás?
—En una clínica.
—¿Sabes qué ciudad es?
Negó.
—¿Qué país?
Silencio.
—México.
Camila respiró lentamente.
Aquello sí parecía correcto.
—¿Sabes tu nombre completo?
—Camila.
El médico esperó.
Ella cerró los ojos.
—Camila...
No podía encontrar el apellido.
Él le mostró la identificación.
Camila Cruz.
Ella la miró durante varios segundos.
—Cruz.
Repitió la palabra.
—Camila Cruz.
—¿Sabes cuántos años tienes?
Camila intentó calcular.
No podía.
El médico esperó.
Finalmente ella dijo:
—Treinta.
—Bien.
—¿Bien?
—Es un comienzo.
Camila lo miró con frustración.
—¿Qué me pasó?
El médico no respondió inmediatamente.
—Fuiste encontrada inconsciente.
—¿Dónde?
—En la entrada de una propiedad privada.
—¿De quién?
—De Adrián Valdés.
Otra vez aquel nombre.
Camila sintió una presión extraña en el pecho.
—¿Por qué estaba allí?
—Eso estamos intentando descubrir.
—¿Me conoce?
—Sí.
Camila lo miró fijamente.
—¿Cómo?
El médico dejó sobre la mesa una fotografía.
Camila la tomó.
Era una muchacha.
Diecinueve años.
Cabello largo.
Sonrisa amplia.
Una mirada viva.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Quién es?
—Tú.
Ella volvió a mirar la fotografía.
—No.
—Es una fotografía tuya.
—No la recuerdo.
El médico guardó silencio.
Camila pasó los dedos por la imagen.
—¿Qué me pasó?
—Tuviste una experiencia traumática.
—Eso no responde.
—Lo sé.
Camila levantó la mirada.
—Entonces dígame la verdad.
El médico respiró profundamente.
—Estuviste desaparecida durante once años.
Camila quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Once años.
Ella miró nuevamente la fotografía.
La muchacha sonreía.
Camila sintió ganas de llorar.
No sabía por qué.
—¿Qué hice durante once años?
El médico no respondió.
Y aquella ausencia de respuesta fue suficiente para hacerle comprender que la verdad era terrible.
Esa noche Adrián permaneció frente a la puerta de la habitación durante varios minutos.
Finalmente tocó.
—Pasa.
Entró.
Camila estaba sentada junto a la ventana.
—¿Puedo hablar contigo?
Ella asintió.
Adrián se quedó de pie.
—No quiero asustarte.
—Ya me dijeron quién eres.
—¿Qué te dijeron?
—Que te conozco.
Adrián bajó la mirada.
—Sí.
—¿Qué éramos?
La pregunta lo dejó sin palabras.
—Nos conocíamos desde antes.
—¿Éramos amigos?
Adrián negó.
—Éramos algo más.
—¿Amantes?
—Sí.
Camila lo observó.
No sintió rechazo.
Tampoco cariño.
Solo confusión.
—No recuerdo nada.
—No tienes que hacerlo.
—¿Me amabas?
Adrián tardó demasiado en responder.
—Sí.
—¿Y yo?
—Tú también.
Camila miró hacia la ventana.
—No siento nada.
Adrián asintió.
—Lo entiendo.
—No —dijo ella—. No creo que lo entiendas.
Él levantó la mirada.
—Quizá tengas razón.
Camila volvió a mirarlo.
—Quiero saber quién me hizo esto.
Adrián respondió sin dudar:
—Yo también.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.