"Lo que el olvido no pudo borrar"

El cuarto cerrado

Capítulo 11.

La lluvia había vuelto a caer sobre la ciudad cuando Adrián salió de la clínica.

No era una tormenta fuerte.

Era una lluvia persistente, fina, casi silenciosa, que cubría las calles con un brillo opaco y hacía que las luces de los automóviles se reflejaran sobre el asfalto.

Adrián conducía sin música.

Sin llamadas.

Sin compañía.

Tenía la mirada fija en la carretera, pero su cabeza estaba muy lejos de allí.

Un cuarto cerrado.

Aquellas tres palabras no dejaban de repetirse.

Habían encontrado algo en la propiedad.

Algo que, según su hombre, parecía haber sido utilizado recientemente.

Y eso significaba que la persona que había llevado a Camila hasta su mansión quizá no había desaparecido del todo.

Quizá estaba cerca.

Quizá lo había estado observando.

Quizá seguía observándolo.

Adrián apretó el volante.

No podía permitirse cometer un error.

No esta vez.

No cuando Camila estaba nuevamente en su vida.

***

La propiedad se encontraba en las afueras de la ciudad.

Era una construcción antigua, abandonada en apariencia, rodeada de árboles y maleza.

Cuando Adrián llegó, encontró dos vehículos estacionados frente a la entrada.

Sus hombres estaban allí.

Uno de ellos se acercó inmediatamente.

—Llegaste rápido.

—¿Dónde está?

—Adentro.

—¿Entraron al cuarto?

—No.

Adrián lo miró.

—¿Por qué?

—La puerta tiene una cerradura bastante particular.

—¿No pudieron abrirla?

—Podríamos forzarla.

—No.

El hombre frunció el ceño.

—¿Por qué no?

—Porque si alguien cerró esa puerta por una razón, quiero saber qué razón era.

Adrián entró en la propiedad.

El interior olía a humedad.

Las paredes estaban descascaradas.

Había muebles cubiertos con sábanas.

El suelo crujía bajo sus pasos.

Caminaron por un pasillo estrecho hasta llegar a una puerta de madera oscura.

Adrián se detuvo.

No parecía diferente a las demás.

Pero había algo en ella.

Un detalle.

Una pequeña marca metálica junto a la cerradura.

Adrián se inclinó.

La observó.

No era una marca reciente.

Era antigua.

—¿Qué encontraron?

Uno de sus hombres le entregó una pequeña bolsa transparente.

Dentro había una llave.

Adrián la tomó.

La observó.

—¿Dónde estaba?

—En una habitación del segundo piso.

—¿Encaja?

—No la probamos.

Adrián introdujo la llave.

Giró.

La cerradura hizo un pequeño sonido.

La puerta se abrió.

Nadie dijo nada.

Adrián fue el primero en entrar.

***

El cuarto era pequeño.

Mucho más pequeño de lo que había imaginado.

No había muebles.

Solo una mesa.

Una silla.

Un armario vacío.

Y una ventana cubierta con tablones.

Adrián recorrió el espacio con la mirada.

—¿Eso es todo?

—Espera.

Uno de sus hombres señaló el suelo.

Había una marca rectangular.

Como si algo pesado hubiera sido retirado recientemente.

Adrián se agachó.

Tocó la madera.

Polvo.

Pero no demasiado.

—Aquí había algo.

—Sí.

—¿Qué?

—No lo sabemos.

Adrián se levantó.

Abrió el armario.

Vacío.

Revisó la mesa.

Nada.

Entonces vio algo pequeño en una esquina.

Una hebra de tela.

La recogió.

Era de color azul.

Adrián la observó.

No significaba nada.

Hasta que recordó algo.

La ropa con la que habían encontrado a Camila.

Uno de sus hombres había mencionado que parte de la tela estaba desgarrada.

Adrián sintió que el pulso se le aceleraba.

—Guárdala.

—¿Crees que es de ella?

—No lo sé.

—La analizaremos.

Adrián asintió.

Pero no se quedó satisfecho.

Había algo más.

Algo que no estaba viendo.

Miró nuevamente el suelo.

—Levanten las tablas.

—¿Aquí?

—Aquí.

Sus hombres comenzaron a trabajar.

Después de unos minutos encontraron un espacio hueco.

Una pequeña abertura.

Y dentro...

Una caja metálica.

Adrián la sacó.

Estaba cubierta de polvo.

La abrió.

Había papeles.

Fotografías.

Y varios objetos pequeños.

Adrián sintió un escalofrío.

—No toquen nada.

Se inclinó.

La primera fotografía estaba parcialmente dañada.

No podía distinguir el rostro.

La segunda sí.

Y cuando la vio, el mundo pareció detenerse.

Era Camila.

Mucho más joven.

Adrián sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Tomó la fotografía con cuidado.

Camila estaba sentada.

Miraba hacia la cámara.

No sonreía.

Había algo en sus ojos que no había visto nunca en la Camila que él había conocido.

Miedo.

Adrián apretó los dientes.

—¿Cuándo fue tomada?

Uno de sus hombres se acercó.

—No podemos saberlo todavía.

Adrián miró la parte posterior.

Había una fecha escrita.

Una fecha de hacía años.

No once años atrás.

Mucho después.

Adrián levantó la mirada.

—Esto cambia todo.

***

En la clínica, Camila estaba sentada en la cama.

No podía dormir.

La conversación con Adrián se repetía en su cabeza.

“Te busqué.”

“No te encontré.”

“Desapareciste.”

Aquellas palabras tenían algo que la inquietaba.

Porque si él realmente la había buscado...

¿quién había impedido que la encontrara?

Camila miró la fotografía que Adrián le había dejado.

La tomó.

La observó nuevamente.

Ella y Adrián.

Jóvenes.

Felices.

Tan diferentes.

Camila acarició el borde de la imagen.

—¿Qué nos pasó?

No obtuvo respuesta.

Pero su mente volvió a reaccionar.




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