A quienes alguna vez amaron tan profundamente que, incluso después de una despedida, siguen sonriendo al recordar.
Porque algunas historias no terminan; simplemente aprenden a vivir en la memoria.
Esta es la historia de A.
Una sola letra puede parecer insignificante, pero a veces una letra guarda una vida entera: momentos, promesas, risas, despedidas y recuerdos que se niegan a desaparecer.
No escribiré su nombre, porque hay personas que no necesitan ser nombradas para permanecer. A veces basta una letra para traer de vuelta todo lo que fueron y todo lo que dejaron en nosotros.
Capítulo 1
"Antes de que nuestros caminos se cruzaran"
Hay etapas de la vida en las que todos los días parecen iguales. En aquel entonces, la mía comenzaba cuando la mayoría aún dormía.
A las cuatro y media de la mañana sonaba el despertador. Me preparaba para salir rumbo al trabajo, un rancho agrícola dedicado a la producción de hortalizas de frutos rojos. Mi trabajo formaba parte de ese proceso y, aunque parecía una labor sencilla desde fuera, cada jornada exigía esfuerzo, paciencia y muchas horas bajo el sol. Era un trabajo pesado, de esos que terminan por cubrirte de polvo, cansancio y el olor del campo, pero también me enseñó el valor de ganarme cada peso con esfuerzo.
Mi jornada terminaba alrededor de las dos de la tarde. Al regresar a casa, comía y el resto del día pertenecía a la persona más importante de mi vida: mi pequeña hija, que entonces tenía apenas tres años.
Ella era mi motivo para seguir adelante.
No voy a decir que todo era fácil, porque no lo era. Muchas veces el miedo aparecía sin avisar.
Me preguntaba si sería capaz de sacar adelante a mi hija yo sola. De cumplir con el trabajo, las responsabilidades de la casa y, al mismo tiempo, ser la madre que ella merecía.
Tuve la enorme fortuna de contar con el apoyo de mis padres. Su ayuda hizo que muchas cargas fueran más ligeras, pero había preocupaciones que solo una madre conoce y que, aunque nadie las vea, pesan profundamente en el corazón.
En ese momento no imaginaba que mi vida estaba a punto de cambiar. Seguía creyendo que mi historia sería la de una mujer trabajadora que salía de casa antes del amanecer y regresaba cada tarde para abrazar a su hija.
No sabía que, entre los invernaderos y los caminos de tierra, el destino ya estaba preparando un encuentro que cambiaría mi manera de entender el amor.