Hay recuerdos que no desaparecen.
Puedes intentar esconderlos en el rincón más profundo de tu mente, fingir que nunca ocurrieron o convencerte de que ya no importan. Puedes crecer, cambiar de ciudad, conocer nuevas personas y aprender a sonreír como si nada hubiera sucedido. Pero algunos recuerdos esperan.
Esperan pacientemente.
Y cuando menos lo imaginas, regresan.
Algunas personas se pierden pero lo vivido permanece.