Lo que fue volvió y algo más surgió

Primera parte

La magia habitaba en Aleyda. Aún le resultaba tan extraño ser hechicera. Dos semanas atrás había descubierto que era la sucesora del hechicero más grande en la historia de Vrímyol y ahora era alabada y admirada por muchos. Su gran hazaña la llevó a visitar lugares nuevos dentro de Járess, algunos sitios del Reino de Yemakel y otros en Las Repúblicas de Frinzil, Liramó, Chaule y Nalifu. La gente la engrandecía hasta el punto de la exageración, lo que se acabó convirtiendo en atención no deseada. Aleyda no era egocéntrica ni engreída. Tampoco se consideraba tímida; pero le gustaba tener su propio espacio. Se preguntaba en ocasiones por qué ella y no otra persona.Quizás por casualidad, destino. En cualquier caso, era algo que no podía cambiar. Se convirtió en una persona solicitada y sentía el peso de la presión y la responsabilidad que esto generaba. No era algo
de lo que se pudiese librar, al menos no de modo fácil. Así que
intentó sobrellevarlo. La gente la había convertido en un recipiente para albergar expectativas. No quería decepcionara nadie; pero no iba a permitir que esas expectativas la atormentaban ni determinarán su valor. No lo creía justo. Ahora
comprendía todo a lo que se refería Kandriu. Era un hombre
que se había ganado el respeto y la admiración de todos. Aleyda estaba muy agradecida con él. La había ayudado muchísimo. Nunca la desalentó en nada, se mantuvo a su lado hasta el final. Los sentimientos de Kandriu eran
evidentes. A Aleyda le atraía. Se imaginaba a veces estando
a solas con él, incluso una noche soñó que tenían intimidad en la
dimensión que él frecuenta para estudiar.; pero sentía que
no estaba lista para algo serio, aun no.
Cuando miraba en retrospectiva no podía creer todo lo que
había vivido en tan poco tiempo. Se había vuelto conocedora de lo que respectaba a su magia y
lo que la rodeaba. Ahora tenía además de su propia magia, las
habilidades mágicas de Tiaku. Aunque… no todo era trabajo.
A veces era necesario y hasta saludable buscar distracciones y poder despejar la mente, divertirse y pasar un rato agradable. Esa noche Aleyda y Kandriu fueron a cenar a
Deleite Especial,el restaurante de Yiandre. Estaba poco concurrido, lo cual eragenial para tener una velada romántica. El techo estabaadornado con bolas naranjas y rojas que resplandecían ylanzaban destellos en todas direcciones. Era una sinfonía detonos cálidos. Estaba todo muy silencioso. Mientras bebían, esperando la cena, conversaban
animadamente.

—Me alegra que hayas aceptado mi invitación —dijo Kandriu.

—Por supuesto, nunca había entrado aquí, solo lo vi de cerca
el día del festival. Estaba muy lleno ese día.

—Estaba mucho más lleno que hoy. Aunque, eso es algo
bueno. Podemos charlar y comer mejor sin tanta algarabía.

Un camarero se acercó a la mesa donde ambos estaban
sentados, y les sirvió la cena. Comieron gustosos. La comida
era una delicia. Tomaron alguna que otra bebida y ordenaron
postres. Nieary los observaba desde una pequeña ventana
de la cocina un poco molesta. Yiandre se acercó a ella al ver que
estaba con su mirada fija hacia ellos.

—Nieary ¿qué haces?

—Nada.

—¿Por qué tienes esa cara?

—¿Por qué no eligieron otro lugar para comer? ¿Tenía que ser precisamente este?

—Bueno, este restaurante es mejor que muchos de por aquí, sin querer ser arrogante. Ellos no tienen culpa del error que Diéder cometió. Aleyda salió perjudicada por su causa, no te olvides de eso.

—Sí, lo sé. Diéder se equivocó mucho en muchas cosas, no solo en lo de Aleyda; pero aún así, ya no está aquí con nosotras, mamá y nunca más va a volver.

—Para eso están las cartas y nuestras visitas. No tenemos por
qué perder el contacto con él.

—Sí, lo sé.

—No odies a Aleyda ni a Kandriu. Ellos son inocentes en todo
esto.

—Cierto; pero aún así, es difícil evitar molestarme cuando los veo.

—Déjalos, mejor continúa con tu trabajo —dijo Yiandre, tocando su hombro.
—Está bien.
Al terminar la cena y salir de Deleite Especial, Kandriu le hace
otra invitación a Aleyda.
—Ven, voy a llevarte a un sitio —dijo.
—¿Qué? ¿Más sorpresas?
Kandriu sonrió mientras tomaba la mano de Aleyda. Unos
minutos más tarde estaban en medio de un descampado. El
sitio estaba rodeado de flores que brillaban a la luz de una luna
violeta. Había un frescor en el aire. Ambos se sentaron en el
césped. Miraron el cielo, este comenzó a teñirse de varios
colores que se desplazaban lentamente de un sitio a otro. Era
un espectáculo hermoso.

—Qué lindo. No dejan de sorprenderme las maravillas de Járess.

—¿Te gusta el lugar?

—Me encanta. Ojála hubiera venido antes.

Kandriu hizo una pausa y le preguntó:

—¿Extrañas tu casa?
Aleyda no le respondió de inmediato, solo lo miró.

—Ahora puedes volver cuando quieras. Tienes el poder para hacerlo.

—Pero no domino ese poder como quisiera. Me preocupa que
algo pueda pasar.

—No tiene por qué pasar nada. Tú continúa practicando y atrévete a intentarlo. Si no lo haces no puedes saber lo que sucederá.

—…Es verdad; pero además de eso, no sé si queda algo en Fuente del Galán de Noche que me interese.

—Nada ¿y tú mamá?

—¿Ella? No hablamos desde hace un tiempo. No quiero hablarle, no ahora, más adelante.

—Deberías reconciliarte con ella. La familia es importante.

—Sé que la familia es importante.

—Mi madre falleció hace unos meses. En fin, por eso te lo digo.
Me gustaría tenerla conmigo. Ya no puedo; pero tú sí, entonces
no pierdas la oportunidad de hacer las paces.

—No lo sabía, lo siento mucho ¿por qué no me lo habías dicho
antes?

—Bueno, aún no éramos cercanos.

—Cierto.

—Pero no quiero ser tú amigo, Aleyda. Estoy interesado en ti.




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