En la casa de Aleyda se oía un ruido proveniente de su habitación. Esos ruidos eran sus gritos, gritos de algo que no la dejaba dormir cuando por fin pudo conciliar el sueño. Se volteaba de aquí para allá y se retorcía como si estuviera acribillada por el dolor. Aleyda ya tenía experiencias con sueños inusuales. Fue así como acabó en Járess; pero ahora volvía a pasar, solo que todo lo veía en negro, todo negro, sin la presencia de nada más. De súbito la figura un poco difusa de un hombre se fue acercando a ella. Este le lanzó una bola de neblina oscura que hizo que se despertara con brusquedad.
Se sentó en la cama sobresaltada y empapada en sudor. Una niebla negra en forma de círculo comenzó a dar vueltas en el techo. Ella miró arriba y se puso en pie. No bajó la vista ni un segundo. Se quedó observando con insistencia.
—Vas a romperte el cuello —dijo una voz ronca a su espalda.
Aleyda se giró en busca de aquella voz y se sorprendió al ver a este hombre desconocido de tamaño promedio, con imponente vestimenta y con una mirada penetrante.
—¿Quién eres tú? —preguntó Aleyda.
—¿No me reconoces?
—¿Reconocerte?
—Sí, soy Sorkol.
—No, no, eso es mentira.
—No es mentira.
—No te pareces a Sorkol. Además, yo lo maté, él está muerto.
—Así lucía yo antes de sumergirme por completo en el mundo de las artes oscuras. Recuperar mi magia me costó mi pariencia humana; pero antes de eso pude ralentizar
mi envejecimiento. Con los conjuros adecuados se puede lograr mucho.
—Mentira, estás mintiendo, tú eres… otra persona que fue enviada por Sorkol...o por alguien más —dijo Aleyda retrocediendo.
—No, soy yo mismo, Sorkol —. Le dijo a la vez que avanzaba hacia ella.
—Aléjate, no te acerques, déjame en paz.
—No puedo.
—¿Qué es lo que quieres?
—No mucho. Quiero es contarte varias cosas que no sabes.
—No quiero saber nada, lárgate.
—Pues deberías, así sabrías el tipo de personas con la que te codeas.
—¿De qué hablas?...¿Sabes qué…? No me cuentes nada. No voy a permitirte que me envenenes con tus sucias mentiras.
—Lo que quiero contarte no es ninguna mentira, es de hecho
muy real.
—No, no, no quiero oírte, cállate —dijo Aleyda, tapándose los oídos.
—No vale de nada resistirte, voy a estar por aquí un tiempo.
—¿Qué pasó en esa pelea? ¿Qué me hiciste?
—Quedó pequeños restrojos de mi al final de nuestra pelea. Me arrastré hacia ti y me metí en tu cuerpo.
—Por eso…por eso es que me he sentido a veces como desconectada de todo, es por culpa tuya.
—Puedo confirmar eso.
—No, no voy a permitirte quedarte. Vete ahora.
—Te he dicho que no me voy.
—Voy a hacer todo lo posible por deshacerme de ti. Seguro que
hay un hechizo para eso.
—Quizás lo haya; pero de mi no te vas a deshacer tan fácilmente.
—Eres un arrogante y una mala persona.
—Yo creo que cuando te cuente cosas que desconoces no
tendrás más esa opinión.
—Yo nunca voy a cambiar mi opinión con respecto a ti. No hay
nada que me haga hacerlo. Este mundo está mejor sin tu
presencia.
—Voy a dejarte sola para que organices tus pensamientos;
pero volveré.
—No, no lo hagas. No vuelvas más.
—Sí, lo haré. Es mejor que te acostumbres, como te dije,
estaré por aquí un tiempo.
Sorkol se metió de nuevo en el cuerpo de Aleyda, lo que
hizo que esta se tambaleara. La muchacha se acostó en el
suelo, cubrió su rostro con sus manos y respiró profundamente.
Estaba agobiadísima.
—Esto no puede estar pasando. Primero mi madre y ahora esto
Al otro día por la tarde , Aleyda y Kandriu fueron a visitar a
Eibhín.
—Eibhín ¿cómo estás? —preguntó Aleyda.
—Me siento mucho mejor.
—Me alegro mucho. Disculpa que no haya ido ayer a la enfermería; pero es que…tuve que regresar a casa.
—Qué bien ¿está todo como lo habías dejado?
—…No, no todo.
—Te noto triste ¿pasó algo?
—Mi mamá murió, eso pasó.
—¿Qué? Ay, no, lo siento mucho —. Le dijo mientras se recostaba para abrazarla.
—Pero tengo que…continuar.
—Si necesitas ayuda, por favor no dudes en pedirla. Aquí estoy, no lo olvides.
—Muchas gracias. Te debía la visita.
—No te preocupes por eso. Nieary vino a visitarme por la mañana.
—Nieary?
—Es la hija de Yiandre, la dueña de Deleite Especial.
—Tú las mencionaste en algún momento mientras luchábamos
contra Sorkol, si mal no recuerdo.
—Sí. Fue cuando supe de la asociación de Diéder con Sorkol y
cómo te trató a ti. En fin… –suspiró.
—. No puedo imaginarme
cómo te debes estar sintiendo.
—Me siento…destruida por dentro.
—Aleyda…—susurró Kandriu.
Se acercó a ella y la abrazó. Aleyda se arrimó a sus brazos.
—Estamos aquí para lo que necesites, lo sabes —dijo Kandriu.
—Gracias…a los dos. Necesito tu ayuda, Kandriu.
—¿En qué te puedo ayudar?
—Sorkol…está por aquí.
—¿Qué? ¿De qué hablas? —. Le preguntó Kandriu con confusión.
—Aleyda, él está muerto. Tú lo mataste —. Le recordó Eibhín.
—Sí, lo maté; pero parece que de alguna manera…sobrevivió.
—No estoy entendiendo nada —dijo Eibhín.
—Se presentó ante mi hoy.
—¿Qué?
—Y tiene forma humana. No luce como cuando lo conocí.
—Aleyda, explícate mejor —. Le pidió Kandriu.
—Está en mi cabeza y parece que puede salir y entrar ahí cuando le plazca. Tengo que librarme de él.
Kandriu se llevó las manos a la cabeza.
—¿Estás segura de eso?
—Sí, lo estoy. Me gustaría estar equivocada; pero no.
—No puedo creer esto. Cuando pienso que todo va a mejorar,
aparece algo que lo arruina. Espera…¿por eso te sentías tan
perdida?
—Exactamente ¿Conoces algún hechizo para eliminarlo y esta
vez para siempre?
—Tengo que investigar. ¿Solo puedes verlo tú?
#1492 en Fantasía
#281 en Magia
familia matrimonio romance, fantasía magia desconexión, rencor venganza descubrimientos
Editado: 29.03.2026