El tema del padre desconocido de Nieary le seguía martillando la cabeza...pero esta vez la resistencia de algún modo se vio…un poco disipada para variar.
—Tenemos que continuar con la conversación de anoche.
—Nieary, basta ya.
—No, mamá. Tienes que decirme. Dime ahora ¿quién es mi padre?
Yiandre apartó la mirada y se puso de frente a la ventana, dándole la espalda. No quería enfrentarla, no quería que la confesión que Nieary tanto quería escuchar se le
escapara de la boca; pero ante tanta insistencia no sabía
cuánto más podría aguantar callada.
—¿Quién es mi padre, mamá?
—Nieary…
—Dime, tengo derecho a saber.
—¡Es Gédmun! —exclamó de sopetón.
Nieary ladeó la cabeza media confundida. Su respiración se entrecortó.
—¿Gédmun, el rey…?
—Sí, el mismo. Él es tu padre.
—¿…Hablas en serio?
—Sí, es en serio ¿por qué estás tan sorprendida? Tú le preguntaste a Gédmun sobre mi ¿no? ¿No era porque sospechabas que podría ser tu padre?
—...Tenía una ligera sospecha; pero nunca creí que realmente…podría serlo.
—Y ahora que lo sabes ¿qué vas a hacer?
—No esperaba eso.
—¿Vas a preguntarle por qué razón no te reconoció? Buena
suerte si logras acercarte a él de nuevo.
—No...no voy a hacer nada. No sabría que hacer, de hecho.
—A él nunca le interesaste. Lo siento; pero es la verdad. No
te estoy mintiendo.
—Y me has recalcado siempre que yo nunca fui importante para él.
—Nunca ha sido con la intención de lastimarte, es solo que…
—Sí, lo sé, es como las cosas sucedieron ¿no?
—Así es.
Nieary comenzó a llorar y Yiandre al ver eso se entristeció también.
—No llores, mi niña —dijo, envolviéndola con un abrazo.
—De veras no puedo creer que nunca me haya querido. Eso
es muy difícil de oír.
—Lo sé, lo sé.
—Como dije no haré nada…ya no me interesa más.
—¿De verdad no estás interesada en aproximarte a él?
—No ¿cómo podría? Él es rey y yo…soy una muchacha más de clase trabajadora.
—Tú perteneces a esa familia también.
—Mamá ¿en serio? Después de años sin revelarme la identidad
de mi padre y ¿ahora me dices eso?
—Son dos cosas distintas. Te dije la verdad; pero la verdad no borra tu origen.
—En todo caso sería una princesa ilegítima, bastarda, fruto
de los amoríos que ustedes tuvieron. No es un origen muy
admirable que digamos.
—Me arrepiento de haberme involucrado con él; pero tú
trajiste alegría a mi vida. No me arrepiento de tenerte como mi hija.
—¿Lo amaste?
—Me gustaba mucho y le tomé mucho cariño. Creo que podría haberme enamorado de él; pero...
—Pero eligió a su mujer.
—Sí, sabía que nosotros no tendríamos futuro juntos. Nuestras clases sociales son opuestas, no había manera de que hubiese
funcionado.
—¿Tú crees que la reina lo sabe?
—No tengo idea.
Gédmun miraba al suelo fue fijamente. Pensaba en Nieary,
pensaba en lo mucho que se parecía a Yiandre físicamente.
Pudo percibir algunos rasgos muy parecidos a los suyos que
la muchacha poseía. Ella era su hija, no tenía duda. Se sentía
culpable de no haberla reconocido; pero su juventud, su despreocupación, su reciente matrimonio y la mujer que amaba fueron barreras para poder actuar como un padre para ella. A pesar de eso...quería redimirse y enmendar ese error. Sabía perfectamente que esa decisión iba a tambalear toda
su ealidad; pero tenía que hacerlo. Su conciencia se lo dictaba.
Era hora de hacerse cargos de sus acciones y aceptar las consecuencias de dichos actos. Es lo que correspondía.
—Frídais, tengo que hablar contigo —. Le dijo después de
que la reunión de aquella mañana concluyera.
—Dime.
Tomó aire despacio para llenarse de valor.
—¿Recuerdas la vez que me seguiste y nos viste a Yiandre y a
mi?
—Lo recuerdo, desafortunadamente.
—Tú me preguntaste cuando hablamos que quería decirme ella
y yo te dije que eran boberías ¿te acuerdas de eso también?
—Sí, me acuerdo de eso también ¿Gédmun, por qué estás
mencionado ese tema ahora?
—Ella sí me dijo algo ese día…y no fue una bobería.
—¿Y qué fue entonces? —. Le preguntó mordiéndose el labio
con brusquedad.
—Me dijo que estaba embarazada.
—¿Qué?
Gédmún bajó la cabeza por lo apenado que se sentía.
—No, eso es mentira, eso no puede ser —dijo Frídais.
—Es cierto.
—¿Es en serio?
—Si, es en serio.
—¿…Ves lo que tus acciones causaron? ¿lo ves?
—Lo siento.
—¡Basta!¡Ya basta de decir eso! Tú no sientes nada.
—No digas eso, yo te…
—No termines esa frase o no respondo por mi.
—Hasta ahora estábamos bien ¿no es así? Estábamos
acercándonos de nuevo. Te hice cambiar de idea con respectoa nuestra relación. Sentí…que nuestro matrimonio estaba
recomponiéndose…despacio; pero poco a poco volvía a ser lo
que era.
—Sí, lo que era antes de tu aventura con esa Yiandre. Después de eso nada volvió a ser lo mismo.
—Lo sé.
—Yo volví contigo a pesar de lo sucedido y ahora…¿tengo que
revivir esto de nuevo? ¿y pagar por las consecuencias de lo que hiciste? Eso no es justo, no lo es.
—Perdón, Frídais. Es lo único que…puedo decir ahora.
—No, no ¿por qué no me lo dijiste antes? ¿por qué me lo
ocultaste todos estos años?
—Creí que si te lo decía no ibas a regresar conmigo.
—En eso tienes toda la razón. Me hubiera divorciado de ti. Esto no puede estar pasando.
—No podía aguantar más el peso de la culpa. No he estado tranquilo en todo este tiempo.
—Pobrecito ¿te pesa la culpa? ¡y a mi me pesa la vergüenza que me has hecho pasar!
—No fue mi intención.
—Pero lo hiciste…y no creo que te haya importado como dices.
—Sí me importa…pero tengo que hacerle frente a esta
situación.
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Editado: 29.03.2026