Frídais había ido a Yemakel a visitar a sus padres y había
llevado a Vriiens con ella. Por otro lado Gédmun fue a Deleite Especial a ver a Nieary, de encubierto, lógicamente.
—¿Sí? ¿qué desea? —dijo esta antes de caer en cuenta que era el rey.
—Hola, Nieary.
La joven tragó en seco.
—Su majestad.
—Buenas ¿podemos conversar en otro lado?
Nieary lo miró dubitativa; pero accedió al final.
—Está bien. Venga conmigo.
Salieron por la puerta trasera del local. Yiandre vio a su hija
salir con aquel sujeto que no sabía quien era y se preocupó, por eso dejó a cargo de la cocina a uno de sus ayudantes y los siguió. Vio que se dirigieron al apartamento y entonces exclamó:
—¡Nieary! ¿Quién es ese tipo?
—Mamá…
Gédmun se giró y Yiandre pudo ver que era él.
—Hola —dijo.
Lo observó por unos segundos y tras una incómoda pausa preguntó:
—¿Qué haces aquí?
—No llames la atención, por favor. Entremos a la casa a hablar
¿puede ser?
Yiandre gruñó en señal de disgusto; pero no se rehusó.
—Entremos.
Al atravesar el umbral de la puerta Yiandre lo confrontó sin demora.
—¿Qué es lo que quieres aquí?
—Yo vine a hablar con Nieary.
—¿Para qué? ¿para decirle que eres su padre? No hace falta, ya
yo se lo dije.
—¿....Es verdad eso, Nieary?
—Sí, su alteza.
—Puedes llamarme Gédmun.
—Prefiero llamarlo como
corresponde.
—Yo soy tu papá.
—¿Ah, sí? ¿Vas a dejar que te llame así en la calle o en el castillo que de seguro no va a poder entrar más? —
interrumpió Yiandre.
—¿Por qué dices eso?
—Porque tu esposa no va estar de acuerdo con que Nieary te visite.
—Bueno, de hecho, no lo está.
—O sea que se lo contaste.
—Sí, recientemente.
—Me imagino la ira que debe haber sentido y mucho más si te tardaste veinte años en decírselo.
—No voy a discutir eso aquí. Esos asuntos solo noscorresponden a mi y a mi mujer.
—Claro, claro. No estoy interesada en saber nada sobre tu matrimonio…pero no voy a permitir que mi hija salga
lastimada de alguna forma ¿entendiste?
—Yo no pretendo eso…solo quiero conocer a mi hija.
—Ah ¿ahora es tu hija? Tuviste mucho tiempo para conocerla
y nunca lo hiciste. Es muy tarde ya.
—No, nunca es tarde.
—Sí, lo es. No vengas ahora haciéndote el bueno queriendo
reconocer a Nieary. Eso nunca te interesó y no me importa si
tienes cargo de conciencia, no me importa en lo absoluto.
—¿Pueden callarse los dos un momento?
Los dos la miraron indicándole que podía hablar.
—Su alteza.
—Gédmun…
—Como le dije, prefiero su alteza. Por mucho tiempo he querido saber quién es mi padre. Mi mamá nunca me lo dijo; pero de tanto que insistí acabó confesándolo hace poco.
Nunca me imaginé que podría ser usted. Mis primeras
sospechas comenzaron hace dos semanas en medio del
ataque de Sorkol. Ambos se quedaron mirando en la
distancia con insistencia y nerviosismo. Se miraban de la misma forma que lo hacen dos personas que se conocen y han pasado tiempo sin verse. Yo percibí tensión entre ustedes y todo
tuvo más sentido cuando le pregunté a mi mamá y a usted si se
conocían. Ambos se pusieron nerviosos. No pudieron disimular
y yo lo noté.
—Y ahora que sabes ¿me aceptarás como padre?
—¿Usted quiere conocerme de verdad? Porque si no es así, es mejor que se olvide de mi y vuelva a su vida.
—Ya no puedo ignorarlo más. Lo hice por mucho tiempo y eso fue un error. Yiandre, tú no confías en mi y lo entiendo; pero en ese momento estaba en una situación muy complicada. Me había acabado de casar, quería que mi matrimonio funcionara y si le contaba a Frídais que además de haberla traicionado también iba a tener un hijo jamás me hubiera perdonado. Yo la amo mucho, no podía perderla, no podía.
—Y sin embargo preferiste perder a tu hija.
—Le hice mucho daño a Frídais, no era justo para ella.
—Tampoco era justo para Nieary crecer sin un padre, aunque en el fondo tampoco podía esperar que pusieras tu reputación en juego por una plebeya como yo. Entre tu labor de padre y tu idílica vida de noble es obvio que elegirías la segunda opción.
—¿De qué le sirve reconocerme ahora? Eso va a traerle problemas.
—Es verdad y sí quiero reconocerte; pero también…
—¿Pero? ...claro, no quiere perjudicarse por mi causa.
—Nieary…
—Bueno, no tiene que hacerlo, no es obligado. Haga de cuenta que no me conoce y que no soy su hija. Todo será más fácil para usted. En cuanto a mi seguiré con mi vida como si nunca hubiera pasado nada. Me he criado sin padre y no me he descarrilado por eso. Puedo continuar el resto de mis días sin
tener uno. Mi mamá hizo de ambos y lo hizo de maravilla. Gracias, madre.
—Era mi deber, hija.
—Nieary, yo quiero redimirme.
—No es necesario, de verdad. Tengo que regresar al trabajo.
—Sí, yo también. Gédmun ¿puedes marcharte?
—Está bien; pero no desistiré.
Gédmun salió del apartamento y volvió al castillo. Cuando
llegó se encontró en la sala principal a Kandriu y a Aleyda.
—Su majestad.
—Kandriu. Hola, Aleyda.
—Buenas, su alteza.
—Necesitamos hablar con usted —dijo Kandriu.
—¿Tiene que ser ahora?
—Si a usted no le molesta, claro —respondió Kandriu.
—No, no me molesta. Vamos a la sala de reuniones.
Cuando estuvieron los tres sentados dieron inicio a su
conversación.
—¿De qué quieren hablar conmigo?
—Sabemos quien secuestró a esos estudiantes de la Academia
Priuspourte —dijo Aleyda.
—Pero ¿cómo? La única testigo que presenció lo ocurrido fue Nieary y no pudo brindar mucha información al respecto. Ahora mismo tenemos las manos atadas en cuanto a la búsqueda de los estudiantes y esos sujetos.
—Yo puedo desatarles las manos —dijo Aleyda. —Una facción
llamada Abiulmork fue la que orquestó todo.
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Editado: 29.03.2026