Lo que fue volvió y algo más surgió

Quinta parte

Esa madrugada Frídais salió de su cuarto en dirección a la torre de los calabozos. En ese momento Gédmun que salía de la sala de reuniones, la vio ir hacia allá. Eso le pareció extraño; así que decidió seguirla.

—Vengo a hablar con el reo Jánlot.

—Pase. —dijo el guardia.

Atravesó la puerta y caminó hasta la celda que estaba al final del pasillo. Jánlot se sorprendió mucho al tenerla de pie frente a él. Habían pasado alrededor de dos años desde la última vez que se habían visto.

—Frídais.

—Hola, Jánlot.

—No deberías estar aquí. Si alguien sospecha que nos conocemos…

—No te preocupes. Tenía que verte. Cuando me enteré que te habían capturado…

—Bueno, a mi y a todos los demás ¿cómo está Vriiens?

—Está bien.

No puedo creer que todo este tiempo he tenido que ver como
mi hijo es criado por otro hombre que no es su padre.

—Jánlot, entiende que…

—Sí, ya sé lo que me vas a decir, lo mismo de siempre.

—Soy la reina de este país. Nadie va a reaccionar bien si se sabe que tenemos algún tipo de conexión y menos que compartimos un hijo.

—Podía haberme encargado de ustedes dos.

—Sí ¿cómo? Haciendo lo que haces no iba a ser posible.

—Recuerdo lo horrorizada que estabas cuando te enteraste de
lo que hacía. Sé que es deshonroso...

—Así es...pero te conocí y…me enamoré de ti en medio de una pésima etapa de mi matrimonio. Luego me quedé embarazada por sorpresa después de años intentándolo.

—Y le hiciste creer a Gédmun que Vriiens es su hijo.

—Pues sí. No me enorgullezco de eso.

—No es fácil para mi haber estado lejos de mi hijo. Verlo solo por fotos y una única vez en persona; pero de lejos…y ahora no voy a verlo nunca más.

—Te amo.

—Pero también amas a Gédmun.

—Es complicado. Todo al principio fue muy lindo; pero después de su infidelidad nada volvió a ser como antes, ni siquiera después de haber vuelto con él porque aún lo amaba.
Lo nuestro ya estaba irremediablemente roto, sin importa
cuánto tratáramos de remediarlo. Vriiens quiere a Gédmun y él también lo quiere; pero su verdadero padre eres tú. En ese preciso instante Gédmun entró silenciosamente sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Pudo oir las últimas palabras de Frídais y quedó azorado con lo que escuchó. No lo podía creer.

—Frídais...

—Gédmun…

—¿…Vriiens es hijo… de este?

—Espera, puedo explicarlo.

—No puedes explicar nada, te oí fuerte y claro. ¿Me has hecho creer todos estos años que Vriiens es mi hijo? ¿Cómo pudiste?

—Yo…

—Contigo hablo después; pero tú…desgraciado infeliz de
mierda…

Gédmun introdujo de repente los brazos por los barrotes de la celda y agarró por el cuello a Jánlot. Lo apretó, lo sacudió y le golpeó la cara cada vez más por la rabia y la impotencia que sentía. Frídais trataba de que Gédmun soltara a Jánlot halando sus brazos para que lo soltara.

—¡Gédmun! ¡Ya basta!

—¡Déjame, Frídais!

Fridaís lo haló hacia atrás con fuerza y Gedmún perdió el eq uilibrio, soltó el cuello de Jánlot y tropezó hasta casi caerse.

—Te dije que me dejaras.

Frídais lo miró con los ojos aguados.

—Has reafirmado tu sentencia...Jánlot. Si antes estaba
dispuesto acondenarte a muerte ahora tengo más ganas.

—¿Qué se siente que tu esposa me haya preferido por encima de ti?

—¡Cállate! Lo que tengo deseos es de matarte yo mismo justo aquí; pero no lo haré. Serás juzgado como debe ser. Yo no soy inmundo como tú…ni como tú, Frídais.

—¿Inmunda? ¿A mi me llamas inmunda? Yo solo te devolví el golpe. Tú me engañaste y dejaste embarazada a otra mujer y yo me embaracé de otro hombre. Ahora estamos a mano.

—¿Lo hiciste por venganza entonces?

—No, simplemente sucedió; pero no voy a negar que sentí un poco de satisfacción cuando lo hice. Tú fuiste el que arruinó todo, la culpa de todo esto es tuya.

—Yo no tengo nada que ver en tu decisión de haberme mentido por ocho años.

—Ni yo de que me hayas traicionado.

—¿Hasta aquí hemos llegado? ¿Esto es lo que nos queda de
lo que fue nuestro amor?

—Nuestro amor podía haber durado años; podíamos haber sido muy felices juntos; pero yo no te basté. Tuviste que irte a los brazos de otra. Yo no comencé nada, solo lo terminé.

—Sí, lo terminaste definitivamente.

Gédmun salió del calabozo muy enojado y exaltado y se dirigió a su habitación. Una ira incontenida hizo que comenzara a romper varios objetos de su alcoba, dejando todo
desordenado. El poco sueño que tenía se le escapó y ya no pudo dormir más. Al día siguiente todos los integrantes del clan Abiulmork fueron ahorcados uno tras otro. Frídais estaba presente; pero apartó la vista cuando Jánlot dio su último suspiro de vida.

—Ahí va tu amado —. Le dijo en voz baja a Frídais.

—Ya basta, Gédmun, no hay necesidad de ser tan mezquino.

—¿Mezquino? ¿Y qué hay de ti?

—Basta, Gédmun, este no es el momento.

Unas horas más tarde Gédmun fue otra vez a casa de Nieary a visitarla, seguido de varios guardias. Todas las miradas estaban posadas en él.

—Su alteza…—dijo Nieary al abrir la puerta.

—Hola de nuevo ¿cómo te estás sintiendo?

—Muy triste; pero supongo que el dolor desaparecerá con el tiempo. Extraño mucho a Tiéfor.

—Lo puedo imaginar. Perder a quien se quiere es…devastador.

—Así es ¿Qué hace aquí?

—Vengo a invitarte al castillo.

—¿Para qué?

—Quiero conocer mejor a mi hija.

—Yo no estoy interesada.

—¿Cómo no vas a estar interesada?

—No, no lo estoy.

—Tu mamá está?

—Está en el restaurante.

—¿No trabajas hoy?

—No, el restaurante hoy no abre y me gustaría descansar.

—Puedes descansar en el castillo.

—¿Qué voy a hacer allá?

—Cenar y convesar, por ejemplo.

—¿Qué va a decirle a su esposa y al resto de la gente cuando pregunte que hago ahí?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.