Kandriu colocó la esencia de Sorkol en las manos de Aleyda. Esta colocó el frasco justo en su frente y comenzó a pronunciar un hechizo a la par de Kandriu. De pronto todo
comenzó a temblar. La esencia escapó de donde estaba contenida y tiñó todo de una nube gris. La misma escapó de la casa y cubrió todo Yeíxz. Todo alrededor comenzó a desaparecer bajo aquella nube. Solo quedó Gédmun, Frídais, Yiandre, Aleyda y Kandriu, quienes estaban separados por unas columnas de humo.
—¿Qué es esto? —preguntó Aleyda.
—Creo que esto es obra de Sorkol. Parece que no es an
inofensivo como pensábamos.
Sorkol se alzó entre ellos dos como una sombra. Los tomó a los dos por el costado y los lanzó en distintas direcciones. Ambos golpearon con fuerza el suelo; pero no supuso
gran daño físico afortunadamente.
—¡Ay! —. Se quejó Aleyda.
¿Creían que podían librarse de mi? —preguntó Sorkol.
—Tal como te lo dije. Él no tiene remedio —concluyó Kandriu.
—Sorkol...
—¿Qué?
—Por un momento creí que te habías redimido; hasta llegué a
sentir pena por ti; pero ya veo que tu maldad es bien
profunda.
—Sentí cierto remordimiento en algún momento, sí, lo hice, creanlo o no, pero supongo que no puedo volver atrás. No puedo ni quiero.
Aleyda y Kandriu se pusieron en pie. Aleyda invocó sus poderes y esta vez eran mucho más fuertes e intensos que antes, más...presentes que nunca. Kandriu se enfrentó a
Sorkol con tanta concentración que no percibió de inmediato como un poder mayor comenzó a manifestarse en Aleyda de sin que esta pudiese verla. Solo sentía que sus poderes se magnificaban cada vez más y que se le escapaba el aire sin saber por qué hasta entrar en un estado de cierta incosciencia.
Comenzó a murmurar varias veces la frase Elevusór tutel. Dicho poder mayor era Naaler quien cubrió su cuerpo nteramente de un brillo morado tan esplendoroso del cual
brotaban chispas y quien tomó su lugar para combatir a
Sorkol.
Creó una esfera tan violeta y tan brillante que lo hizo colapsar después de romper la resistencia de su magia. El impacto la
sacó de súbito dentro de Aleyda arrastró a la misma y a Kandriu por el suelo. Aleyda se levantó tambaleando mientras. Naaler la observaba de frente con una frío semblante.
—Quién eres?
—Soy Naaler, la combinación de tus poderes.
—No sabía que existías.
—Has alcanzado la cúspide mágica.
Si no lo hacías no podía
presentarme ante ti. Has tardado bastante en llegar a ese punto. Creí que la segunda hechicera más poderosa de Vrímyol
sería más rápida.
—Se hace lo que se puede.
—A veces eso no es suficiente.
Kandriu se quedó asombrado al ver aquello y se acercó a ella. Aleyda frunció un poco el seño ante lo dicho. Le parecía un cuestionamiento. Sentía que algo no iba del todo bien.
—Te lo dije Aleyda. Sabía que llegaría este momento —dijo
Kandriu.
Yiandre caminaba aturdida, no sabía donde estaba hasta que
vio a Gédmun y a Frídais. Corrió hacia la reina y se abalanzó sobre ella para golpearla. Frídais hizo lo mismo.
—Tú fuiste quien mandó a esos hombres detrás de mi hija.
—Sí, lo hice ¿y qué?
—Malnacida...
Yiandre le dio una bofetada y esta le dio una patada. Gédmun se metió entre las dos para tratar de separarlas; pero sin poder evitar llevarse unos golpes.
—¡Basta ya! —gritó Gédmun.
Logró tomar a cada una por el brazo y separarlas. Ellas se miraron directo a los ojos, desafiantes y con grandísima furia.
—Frídais ¿de qué está hablando Yiandre? —preguntó Gédmun
confundido.
—Pues eso que oíste.
—No, no es posible ¿tú osaste mandar a golpear a mi hija?
—Te advertí que no la llevaras al castillo; pero me ignoraste.
Ella se metió en mi camino y yo la saqué.
—¿Y todo eso por qué? Por envidia de mi, está claro, porque Gédmun me prefería a mi que a ti, insegura amargada sin gracia.
—Y tú eres una cualquiera que no le interesó meterse en medio de mi matrimonio, sinverguenza.
—Yo no obligué a Gédmun a estar conmigo. Él lo hizo porque
quiso...y nunca recibí queja suya. Siempre quedó muy satisfecho.
—Estúpida de quinta, a mi me respetas —advirtió Frídais, mientras intentaba darle una bofetada; pero Gédmun se interpuso en el medio. Ella lo empujó.
—No me toques.
—Frídais...¿cómo pudiste hacer eso?
—No puedo creer que te atrevieras a meter a esa Nieary en nuestras vidas. Me hiciste daño; pero yo te lo devolví. Lo de tu abuelo Talmau ya se sabe.
—¿Cómo dices?
—Sí, sé lo de Talmau desde hace años, Jánlot me lo dijo. No
pretendía revelarlo; pero ya que no tienes ningún respeto por mi yo tampoco lo tendré por ti.
—No debiste hacer eso. ¿Quién eres? No te reconozco.
—Todo esto es tu culpa, maldito, me obligaste a llegar a este punto. No aguanto más ser tu hazmerreir.
Se sintieron por fuera de esas nubes unas voces cada vez más fuertes que gritaban “Abajo la familia Ruyes”. Era el pueblo que condenaba los actos cometidos por Talmau, actos que Gédmun tendría que pagar sin tener nada que ver con ello.
—¿Viste? ¿Viste lo que provocaste?
—Te lo mereces.
Yiandre de repente agarró por el cuello a Frídais y ambas cayeron por un hoyo que se abrió en el suelo y las succionó. Mueren en el acto. Gédmun grita desesperado, lo cual llama la atención de Aleyda, Kandriu y Naaler.
¿Quién es ella? —preguntó Gédmun mientras señalaba a Naaler.
—Es la mezcla de toda mi magia —respondió Aleyda
—¿Qué pasó? ¿por qué los gritos?
—Frídais y Yiandre acaban de morir, cayeron en ese hoyo.
—Aleyda, ayúdalas, tráelas a la vida, por favor, hazlo.
—Ok, ok.
Pudo regresarlas a la vida; Naaler la ayudó pero estas quedaron sumidas en un sueño prolongado del cual demorarían en despertar.
—Gracias, mil gracias, Aleyda. Al menos no están muertas, tengo esperanzas. —dijo Gédmun.
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Editado: 29.03.2026