Hallowen se acercaba, y yo estaba en mi departamento rodeada de mis amigos, Ellie, Evangeline, Eros y Evan, cada uno con su propia idea de diversión y entusiasmo exagerado. Yo, por supuesto, estaba sentada en el sofá, observado el caos como si fuera un documental sobre la humanidad y su extraña obsesión por los disfraces.
Marlowe, ¿por qué no estás emocionada?
Por qué soy consiente, gracias. Y consiente significa que sé que probablemente voy a terminar con algo ridículo.
—Entonces, ¿Ya saben que se van a poner? —preguntó Ellie, con esa sonrisa que siempre parecía demasiado brillante para cualquier hora del día— Por qué yo ya tengo tres opciones y ninguna es mala.
Tres opciones y ninguna es mala.
Yo tengo una opción: salir de mi apartamento sin que parezca que estoy huyendo de la moda.
Evangeline levantó la mano dramáticamente.
—Yo voy a ser un hada oscura, obvio —dijo, mientras giraba mostrando sus alas negras brillantes- Por qué si no, ¿Para qué todo esté esfuerzo?
Eros rodó los ojos
—Yo pensé en un vampiro clásico. Nada de brillos ni trucos. Solo....elegancia mortal.
—Y yo seré un zombie gourmet —anunció Evan, sacudiendo un cuchillo de juguete que parecía demasiado real— Por qué la comida nunca debe morir sola.
Perfecto. Todos enloqueciendo con sus disfraces y yo sentada aquí, pensando en que cualquier cosa que elija va a ser exagerada o demasiado cliché.
Me incline hacia mi closet abriendo las puertas con un suspiro dramático que habría hecho sentir orgullosa a cualquier diva de telenovela.
Ahí estaban todos los posibles candidatos a desastre, capas, orejas de conejo, alas negras, máscaras que parecían salidas de pesadillas de bajo presupuesto.
Bienvenida al museo de decisiones cuestionables. Marlowe, tienes dos opciones: algo que grite originalidad....o algo que simplemente grite.
Mis ojos se detuvieron en un disfraz que había olvidado completamente: el conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas. Orejas largas, chaleco elegante, reloj de bolsillo, vestido blanco.... incluso la sensación de correr eternamente como si todo el tiempo se me escapara algo.
Ay preciosa, te dije algo que grite, no algo que brinque.
Pensé por un segundo en convertirme en ángel negro, las alas oscuras y la vibra de "soy oscura pero sexy". Bastante cliché, pero...tentador.
Tentador, sí. Pero no, Marlowe.
—Ya sé cuál voy a usar —anuncié finalmente levantando el disfraz del conejo blanco —Esto.
Ellie me miró con las cejas arqueadas.
—¿Un conejo? Eso es...adorablemente ridículo.
—Exacto —respondí, con una sonrisa torcida— Ridículo y perfecto.
Puntos para mí.
Por qué nada dice "Marlowe consciente del desastre que es" como un conejo que corre con estilo.
—Entonces es oficial —Dijo Evangeline, mientras todos asentían— Marlowe será el conejo blanco.
Lo cual significa que tendré que recorrer a todos lados, probablemente tropezar y aun así verme....¿Fabulosa?
Sí, vamos a decir fabulosa.
Me recosté en el sofá, sosteniendo el disfraz como si fuera un trofeo cuestionable. En la noche de la fiesta, habria risas y probablemente algún que otro desastre...justo como a mí me gusta.
—Bueno, ahora que tenemos al conejo más elegante de la noche —dijo Eros estirándose en el sillón— falta lo más importante. ¿Cómo van las cosas con tus misteriosos vecinos?
Levanté la vista del reloj de bolsillo que venía con el disfraz.
—¿Mis qué?
¿Otra vez esos problemas de sordera?
Ellie se inclinó hacia adelante, con los ojos brillando de intriga.
—Tus vecinos, obvio. Los que parecían sacados de un catálogo de secretos y miradas intensas. No me digas que todavía no descubriste dónde esconden los cuerpos.
—Ellie.... —murmuré, exasperada.
Si, Marlowe, niega todo.
Cómo si tú misma no hubieras pensado lo mismo la primera vez que los viste.
—No esconden cuerpos —dije finalmente, cruzando los brazos— Y antes de que lo digan tampoco hacen rituales ni tienen un sótano misterioso.
Evangeline levantó una ceja, sosteniendo su copa con elegancia ensayada, se había acostumbrado a tener una copa en las manos, no importaba si era vino o solo agua, siempre tenía una en las manos.
—Eso dices tú. Pero admitámoslo, por lo que nos dices, los tres tienen ese aire de algo traman. Y no me digas que no lo notaste.
Notarlo, lo notamos. Pero ahora no nos resultaba tan extraño.
Más bien intrigante. Y eso era peor.
—Al principio lo pensé —confesé, jugando con el borde de la tela del disfraz que tenía en las manos— Pero resultaron ser bastante normales. Hasta Ian se lleva bien con ellos.
—¿Tu hermano? —preguntó Evan, sorprendido— ¿Ese Ian que desconfía hasta de los carteros?
Asentí
—El mismo. Y no solo se lleva bien, los adora. Especialmente a Xavier.
Ellie soltó un silbido exagerado.
—Ah, claro. El misterioso Xavier. El chico con cara de problemas caros.
Evangeline sonrió con esa calma peligrosa que siempre presagiaba el drama.
—Christian —añadió— El tipo serio y mirada que podría matar sin necesidad de tocarte.
Por un momento jure que Ev había sonreído pensando en algo.
Estás loca, ya.
—También está Ben, que, así como lo describes, podría adoptarnos a todos. —Termino Ev.
—No sé, Marlowe —continuó Ellie, dándome un codazo— pero si yo viviera al lado de ellos, ya habría hecho una cata de sonrisas. Por investigación científica, obvio.
—Claro, todo por la ciencia —Intervino Eros riendo— Aunque Evangeline tiene razón: Ben parece el tipo que podría adoptarnos a todos, darnos chocolate caliente y enseñarlos lecciones de vida.
Evangeline levantó su copa, brindando en el aire.
—Por Ben el padre sustituto que todos necesitábamos.
—Y por Xavier y Christian —añadió Ellie con dramatismo— por qué si el infierno se ve así no pienso resistirme.