Lo que juramos en secreto

Fantasmas del pasado

El bar estaba lleno, iluminado por luces naranjas y moradas que parpadeaban sobre una multitud de disfraces, vampiros conversando con piratas, hadas bailando con demonios y uno que otro gato con exceso de delineador.

Yo solo pensaba en qué mis orejas de conejo se tambaleaban cada vez que alguien me empujaba al pasar.

Genial. Si llego a perderlas, me habré convertido oficialmente en un roedor deshonrado.

Evangeline caminaba delante de mí, vestida de hada maligna, vestido brillante con aberturas en los muslos y una actitud que haría sonrojar a cualquier chico que se le acercara. Ellie iba de vampiresa, obvio, y Eros y Evan habían optado por trajes de esmoquin con colmillos falsos.
Yo....bueno, yo era el conejo blanco del País de las Marlowe.

Chaleco azul marino, ajustado, vestido blanco, medias altas, guantes peludos y un lazo de burdeos que me hacía sentir en "versión elegante". El reloj de bolsillo dorado, colgaba de mi cintura, brillante, exagerado y absolutamente imposible de ignorar.

Si alguien me pregunta que hora es, juro que salto por la ventana.

—¡Llegamos tarde! —gritó Ellie al entrar, imitando mi papel de conejo con dramatismo.

—Hilarante —murmuré, empujando mis orejas hacia atrás.

Nos abrimos paso hasta una mesa cerca de la barra, y antes de sentarnos, Evangeline ya tenía dos tragos en la mano.

—Por el caos y las malas decisiones —anunció, alzando su copa.

—Mi especialidad —respondí, brindando con ella.

La música vibraba lo suficiente para sentirse en el pecho. Entre la multitud, ví un par de rostros conocidos.....y, para mí infortunio, uno demasiado conocido.

Oliver.

Disfrazado de pirata, como si la ironía fuera parte del atuendo.

Por qué claro lo que me faltaba era enfrentarme a mi pasado vestido de Jack Sparrow versión emocionalmente inestable.

Evangeline notó mi mirada y siguió la dirección.

—Oh —Sonrió, con esa calma peligrosa— El infame

—No empieces.

—Solo digo que podrías usar el reloj de bolsillo para golpearlo, si se acerca demasiado.

Lo consideraré, muy seriamente.

Me senté, fingiendo indiferencia, aunque mi conciencia ya estaba organizando una evacuación mental.

—¿Todo bien? —preguntó Evan, inclinándose sobre la mesa.

—Perfectamente. Solo que tengo un ex-amigo que podría aparecer de la nada en tres, dos.....

—Marlowe —interrumpió una voz masculina, y mis manos se tensaron sobre el vaso.

Y así, damas y caballeros, empieza el acto dos de mi comedia personal.

Giré despacio, con una sonrisa tan educada como falsa.

—Oliver, que sorpresa.

Él sonrió, esa sonrisa entre nerviosa y arrogante que recordaba demasiado bien.

—No esperaba verte aquí.

—Yo tampoco —respondí, sin parpadear— Pero ya ves, el destino tiene sentido del humor.

Detrás de mí, Ellie susurro a Evangeline algo que sonó sospechosamente a "deberíamos ayudarla?"

Oliver se acomodó el sombrero de pirata con una sonrisa que pretendía ser encantadora.

—Te ves....distinta —dijo, con ese tono incómodamente nostálgico.

Distinta. Traducción: "Estoy buscando una forma de sonar maduro mientras todavía te idealizo".

—Es Halloween, Oliver. Todos nos vemos distintos —respondí, fingiendo estar más interesada en el borde de mi copa que en él.

El rió, pero no con humor.

—No pensé volver a verte. Después de como.....bueno, ya sabes.

—Sí, lo sé —dije cortante— No es necesario hacer una recapitulación.

El silencio que siguió fue tan espeso que hasta la música pareció bajar el volumen para disfrutar el espectáculo.

Evangeline me lanzó una mirada del tipo "Espera, ya llega la ayuda".

—Vaya parece que llegamos justo a tiempo —dijo Xavier, con esa mezcla de burla y despreocupación que ya me resultaba demasiado natural.

Me gire y ahí estaban, Xavier, disfrazado de algo que solo el podría convertir en atractivo, una calavera, chaqueta oscura, la mitad de la cara pintada y esa sonrisa suya de "se que todos me están mirando", y Christian que parecía sacado de una pintura antigua, con un traje oscuro perfectamente ajustado, máscara veneciana y esa mirada que parecía leer demasiado.

Perfecto. Mis vecinos en modo desfile y yo con orejas de conejo. Todo muy equilibrado.

¿Que tal la fiesta? —preguntó Xavier, acercándose con una copa en la mano.

—Interesante —respondí, dándole un sorbo al trago—Acaba de subir el nivel de incomodidad a un nuevo récord mundial.

A veces no se cuando callarme.

Oliver frunció el ceño, como si la presencia de ambos lo descolocara.

—¿Son conocidos tuyos?— preguntó, con un tono entre curioso y territorial.

Antes de que pudiera contestar, Xavier le dió una palmadita amistosa en el hombro.

—Amigos muy cercanos —corrigió, sonriendo de forma peligrosa— Y parece que llegamos justo cuando nos necesitan.

Christian, más discreto me miró unos segundos.

—¿Todo bien? —preguntó en voz baja, pero suficientemente para que Oliver lo oyera.

Estaba cien porciento segura de que Ev se las había ingeniado y los habia mandando.

—Perfectamente —Dije, sin apartar la vista del pirata frente a mi.

Oliver intento mantener la compostura, pero el ambiente había cambiado. Ya no tenía el control de la conversación, y Xavier lo sabía.

—¿No te gustaría unirte a nosotros en la barra, Marlowe? —sugirió Xavier, su sonrisa más divertida que amable— Me muero por escuchar la historia detrás de ese reloj.

Gracias, universo. Primera vez que agradezco su sentido del humor.

—Si, claro —dije, levantándome con calma— Encantada.

Le lancé a Evangeline una mirada de "te debo una" y a Ellie....bueno a ella ya le debía muchas, además de que ya me grababa disimuladamente con su teléfono.

Cuando pasé junto a Oliver, él intento sonreír.

—Podríamos hablar luego, si quieres.

—Si llegó tarde —respondí, levantando mi reloj de bolsillo— ya sabes por qué.




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