Xavier
El sonido del café goteando era lo único que rompía el silencio de la cocina.
La luz de la mañana entraba a través de las cortinas, demasiado brillante para alguien que apenas había dormido tres horas.
Excelente, Xavier. Un bar, un tipo casi golpeando a Marlowe, y tú jugando al heroe. No sé si fue buena idea o solo otra estupidez impulsiva.
—¿Van a desayunar o solo van a mirar el té? —La voz de Ben interrumpió mis pensamientos.
Estaba apoyado el marco de la puerta de su habitación, con una taza en la mano y esa sonrisa serena que daba más miedo que un regaño.
Christian levanto la vista desde su celular.
—Solo espero que mi cabeza deje de doler antes del mediodía.
Ben se sentó frente a nosotros, observándonos con esa mirada evaluadora que estaba cuando sabía más de lo que decía.
—Entonces... ¿Cómo les fue anoche en la fiesta?
Christian sonrió de lado.
—Digamos que Evangeline sabe cómo hacer que alguien pierda la noción del tiempo.
No necesitaba detalles, pero igual gracias.
—Vaya —murmuró Ben, divertido— ¿Y tú, Xavier? Me dijeron que tuviste una noche interesante.
Fruncí el ceño.
—¿Quién te lo dijo?
—Digamos que los rumores vuelan cuando uno aparece con la chaqueta puesta en alguien más.
Christian soltó una carcajada.
—¿Le diste tu chamarra a Marlowe? ¿Tú? ¿El mismo Xavier que no comparte ni el control remoto?
—Oh, por favor —bufé, tomando un sorbo de café— Solo fue un gesto. Ella temblaba, y el otro imbécil casi la golpea. No iba a quedarme mirando.
Ben asintió, pero su sonrisa se ensanchó apenas.
—No, claro que no. Pero me sorprende. No sueles involucrarte.
Exacto, Ben. No suelo. Pero ver cómo ese idiota le levanto la mano...no podía permitirlo.
—Era lo correcto —respondí, encogiéndome de hombros.
—Claro —Ben apoyo la barbilla en su mano estudiándome— Aunque, debo admitir, verte defender a alguien... y prestarle tu chaqueta, eso sí que no lo tenía en mis apuestas de la semana.
Christian soltó otra carcajada.
—Ya me lo imagino, Xavier "No me importa nada" haciéndose el caballero de brillante armadura.
—Muy gracioso —repuse, rodando los ojos— Tu estabas demasiado ocupado coqueteando descaradamente con Evangeline para notar cualquier cosa.
—¡Oye! —dijo el, alzando las manos con una sonrisa descarada— No me culpes por ser sociable.
—¿Sociable? —me burlé— Si fuera por un segundo más, la hubieras invitado a un desayuno con anillos incluidos.
Ben rio bajo.
—Me alegra verlos así. Pero hablando en serio, Xavier... —sus ojos se suavizaron— Lo que hiciste estuvo bien. Muy bien.
No respondí, porque no sabía cómo.
Y ahí estaba otra vez, esa maldita imagen de Marlowe, temblando bajo las luces del bar, con mi chaqueta colgando de sus hombros.
—Solo no la mires tanto —añadió Christian con esa sonrisa de quien sabe más de lo que dice— O te vas a meter en algo que ni tú vas a poder controlar.
—No seas ridículo —respondí, apartando la mirada.
Pero Ben seguía observándome, curioso, con esa expresión que mezclaba ternura y sospecha.
—A veces las cosas que menos planeas son las que terminan cambiando todo, Xavier.
—Si, bueno —me levanté, dejando la taza en el fregadero— Yo no planeo nada así que estoy a salvo.
Mentira, esde anoche nada en mi cabeza estaba en calma.
Ben y Christian siguieron hablando de cualquier tontería, la fiesta, la comida, disfraces de los invitados, pero mi cabeza ya estaba en otro lugar o más bien, en otro tiempo.
Me recargue contra el marco de la ventana, mirando hacia ser la calle que se extendía detrás del edificio. La luz del sol caía en ángulo, dorada, tranquila, insoportablemente tranquila.
Que curioso. El mundo puede verse tan normal cuando el tuyo está marcado con fecha de caducidad.
—¿Y tú? —preguntó Christian, rompiendo el silencio— ¿Piensas acercarte a ella?
Reí bajo.
—No seas ridículo. Entre Marlowe y yo no puede pasar nada.
Ben arqueó una ceja.
—¿Y eso? Porque hasta donde sé, nunca te han detenido los "no puede".
—Esto es diferente —Me pasé una mano por el cabello, intentando ordenar lo que ni siquiera quería decir en voz alta— En un año tengo que regresar.
—Regresar... —repitió Ben, con tono más serio.
Asentí
—A mi lugar. A mí "deber". A esa vida de coronas, promesas y matrimonios arreglados.
Christian soltó un silbido bajo.
—Entonces, ¿Ya te tienen elegida a la futura reina?
—Algo así —Reí sin humor— Es más político que romántico. A ellos no les importa si la quiero, solo que tenga apellido y linaje.
Ben me observó un largo rato, su sonrisa desapareció.
—¿Y tú? ¿Estás de acuerdo con eso?
—No se trata de estar de acuerdo —respondí— Se trata de que no hay elección. Esta vida ya está decidida.
Y cada vez que me rió, que hago chistes o pretendo no pensar, solo estoy pateando el reloj un poco más lejos.
Christian cruzó los brazos.
—Aun así, Marlowe te interesa. Lo noté.
—No me interesa —dije enseguida, aunque sonó demasiado rápido, demasiado defensivo.
Ben rió, negando con la cabeza.
—No tienes que mentirnos Xavier. Pero sé que, si algo llega a pasar, será complicado. Muy complicado.
—Por eso mismo —contesté, más para mis convencerme que para convencerlo— No va a pasar nada.
Me giré hacia la ventana otra vez. La ciudad seguía ahí, viva, indiferente.
Y por un segundo, imaginé que se sentiría no tener un destino escrito.
Solo......elegir.
Pero no, Xavier. Los reyes no eligen. Solo cumplen
Suspiré.
—Además, es mejor así. Marlowe merece alguien que pueda quedarse, no alguien que ya tiene un trono esperándolo al otro lado del océano.
Ben y Christian intercambiaron una mirada silenciosa, de esas que no necesitas escuchar para entender.