Marlowe
Habían pasado dos días después de la fiesta. Era un lunes, lunes dónde decidí faltar a clases por qué no tenía el ánimo suficiente, Ev y Ellie habían decidido quedarse conmigo a "cuidarme" aunque ya les había dicho 80 veces que estaba completamente bien.
El departamento olía a lavanda y alcohol, una combinación que Evangeline insistía en usar porque, según ellas calmaba los nervios. No estaba muy segura de sí hablaba de los suyos o de los míos.
Ellie estaba sentada en el sofá, con una cobija sobre los hombros y un gesto que parecía más de preocupación que de sueño. Evangeline, en cambio, no había dejado de caminar en círculos desde que amaneció.
—Deberías dormir un rato, Mar —dijo Ellie por quinta vez en menos de una hora.
—Estoy bien —mentí, con la voz tan plana que hasta a mí me sonó falsa.
Evangeline soltó un suspiro.
—"Estoy bien" —repitió imitando mi tono— Claro, porque que un tipo intente golpearte y te diga estupideces toda la noche es la definición de estar bien.
¿Ev perdiendo la paciencia?
Se va a acabar el mundo
—Ya basta, Ev —murmuré— No quiero hablar de eso.
Ella se detuvo frente a mí, con los brazos cruzados, con esa mirada que me atravesaba incluso cuando no decía nada.
—Lo sé. Pero también sé que cuando no hablas, te hundes. Y no voy a dejar que hagas eso otra vez.
Otra vez, cómo si fuera un ciclo que se repite, cómo si ya me conocieran lo suficiente para saber cuando estoy por romperme.
Ellie se acercó con una taza de té, la puso frente a mí sin decir palabra y se sentó a mi lado.
—No tienes que fingir que no te afectó —dijo en voz baja— Nadie lo haría.
Yo bajé la mirada.
El reflejo del líquido oscuro en la taza me devolvía una imagen cansada, ajena, como si no fuera mía.
—Él dijo cosas —susurre sin pensar.
Evangeline arqueó una ceja.
—¿Qué tipo de cosas?
—Que yo alejo a la gente. Que siempre lo hago. Que soy egoísta.
—¿Y tú le crees? —preguntó Ellie.
No respondí, porque una parte de mí sí lo hacía.
—Tal vez tiene razón —admití al fin, las palabras pasaron como piedras en la lengua— No es la primera vez que alguien lo dice. Quizá el problema si soy yo.
Evangeline se agachó frente a mí, tomando mis manos con firmeza.
—No, Marlowe. El problema no eres tú. El problema es que no todos saben cómo quedarse.
—Y tú no tienes que sentirte culpable por eso —agregó Ellie— No puedes salvar a alguien que no quiere salvarse.
Me quedé en silencio.
El nudo en la garganta se sentía demasiado grande, demasiado incómodo como para tratarlo, pero también demasiado familiar para soltarlo.
Tal vez Oliver tenía razón.
Tal vez si había algo roto en mí. Algo que hacía que la gente se alejara o se cansará de intentar entenderme.
O tal vez simplemente no sabía cómo dejar que alguien se quedara.
—Voy a estar bien —repetí, está vez más despacio, más por mí que por ellas.
Ellie rodó los ojos con ternura, y Evangeline soltó una risa suave.
—Claro que sí —dijo Eva— Pero no te hagas la fuerte con nosotras. Sabemos que duele.
Y si, dolía.
Pero al menos no estaba sola para fingir que no.
—Bueno... —dijo Ellie con ese tono que usaba cuando estaba a punto de cambiar de tema— si de verdad no quieres hablar de Oliver, podríamos hablar de otra cosa.
—Por favor, cualquier cosa menos eso —murmuré.
—Perfecto —respondió, palmeando sus rodillas con una sonrisa traviesa— Entonces hablemos de tu chico misterioso.
Oh oh, dio justo en el blanco.
Excelente, Ellie. De todos los temas del planeta, elegiste justo el que me pone nerviosa
—¿De quién hablas? —pregunté fingiendo inocencia.
Evangeline bufó.
—Del tipo que prácticamente te rescato anoche, Mar. El del acento imposible y mirada de comercial de perfume.
—Xavier —aclaró Ellie, como si hiciera falta— No te hagas, lo dijiste tu misma, tiene pinta de "problema con corbata".
No pude evitar sonreír un poco.
—No lo dije con esas palabras.
—Ah, pero lo pensaste —replicó Evangeline, señalándome con la cuchara de su café— Y yo te conozco, ese "no lo dije con esas palabras" significa exactamente eso.
Puntos para Ev
—Además, Christian también está en la lista —agregó Ellie con una sonrisa cómplice— No sé qué desayunan en ese departamento, pero no es normal que los dos sean tan guapos.
—Genética y dinero, probablemente —dije con un suspiró— El combo más peligroso del planeta.
Evangeline soltó una carcajada y me empujó suavemente el hombro.
—Ahí está, esa es la Marlowe que me gusta, la que hace comentarios pasivo-agresivos sobre la genética de la gente rica.
—Pensé que te gustaba la versión silenciosa y emocionalmente reprimida —repliqué con sarcasmo.
—Esa también, pero solo cuando estoy bastante borracha para soportarla.
Ellie río, y por primera vez en todo el día, yo también lo hice. Fue una risa pequeña, rota, pero real. Y eso basto.
A veces no necesitaba grandes discursos ni promesas vacias.
Solo a ellas y su caos. Su manera de recordarme que el mundo no se acababa, aunque a veces lo pareciera.
Evangeline se dejó caer a mi lado y apoyó la cabeza en mi hombro.
—Mira, Mar —dijo, más suave ahora— No tienes que ser fuerte todo el tiempo. No contigo, no con nosotras. Si quieres gritar, grita. Si quieres dormir todo el día, hazlo. Pero no te encierres en tu cabeza, ¿Sí?
Asentí despacio, sin mirarla.
—Y si nada de eso funciona, podemos hacer lo que mejor sabemos, poner música, abrir vino barato y burlarnos de todos los hombres que conocemos.
Está vez reí de verdad.
—Trato hecho.
Por un rato todo fue tranquilo. Demasiado tranquilo.
Y eso, con Evangeline en la habitación, nunca era buena señal.
Ev se había acomodado en el sillón, mirando el celular con una sonrisa pequeña, de esas que no mostraban los dientes pero decían demasiado.