Lunes, después de clases.
Había jurado que este lunes iba a ser tranquilo.
Iba
Pero al parecer el destino y yo tenemos una relación tóxica, por qué justo cuando abrí la puerta de mi apartamento, dejé caer la mochila y me tire en el sillón, el teléfono sonó.
Andrea.
Claro.
—No puede ser....—murmuré mientras contestaba— ¿Si?
—Marl, ¿Puedes venir a la agencia otra vez? —su tono era tan alegre y profesional como siempre. Demasiado alegre. Sospechoso.
—¿Recuerdas que ayer te dije que teníamos nuevo personal en el área?. Quiero presentarte a tu compañero, para que trabajen juntos en la próxima propuesta.
¿Nuevo compañero?
Que bien. Más gente a la que fingir no odiar.
Y sí, estaba lloviendo otra vez. Y sí, tuve que tomar transporte otra vez. Y sí, había dormido como seis horas en total desde el viernes.
Sigue aceptando cosas, digo, total, ¿Que es la salud mental? Un mito urbano, claramente.
Llegué a la agencia, cabellos húmedos, bufanda torpemente enrollada, expresión de "que nadie me hable o lloro".
Andrea me recibió en la entrada con una sonrisa brillante:
—¡Perfecto! Llegaste justo a tiempo. Estan en la sala de juntas.
¿Están?¿Quiénes demonios son "están"?
Entré
El destino te odia, definitivamente.
Y ahí estaba.
Ya nadamás te faltaba esto para verlo hasta en la sopa.
Calla.
Xavier estaba sentando, sonriendo. Cómo si la vida no estuviera jugando un juego psicológico conmigo.
Llevaba una camisa negra, mangas dobladas, reloj plateado, y la misma expresión de "¿Qué?
Me quedé congelada en la puerta.
Él levantó la mirada.
La sonrisa le subió apenas de un lado.
—Hola, Stormy.
...
...
Andrea miró entre los dos como si hubiera caído accidentalmente en un episodio intenso de serie romántica en Netflix.
—Oh, se conocen —dijo encantada, sin tener idea de nada.
Yo, lentamente, cerré la puerta.
—Si querías verme mas seguido —dije apoyando la carpeta contra mi pecho — me hubieras dicho. No hacía falta que me siguieras hasta mi trabajo.
Xavier parpadeó una vez y sonrió como si yo acabara de decirle el mejor chiste del mundo.
—No te sigo —respondió acomodándose en la silla, con esa calma irritante— Simplemente.....ahora trabajo aquí.
Yo.
Voy.
A gritar.
—¿Y desde cuándo? —Mi tono salió más afilado de lo necesario.
—Desde hoy —dijo él — Me ofrecieron colaborar, ustedes diseñan yo habló y manipuló al cliente. Pensé que sería interesante.
Interesante.
INTERESANTE.
Por qué claro, lo más normal del mundo es que el tipo que apareció de la nada en tu vida ahora también comparta TU lugar de trabajo. Perfectamente sano. Muy casual. Cero banderas rojas.
Andrea junto las manos, encantada con la tensión palpable y absoluta ignorante de su causa.
—¡Que bueno que ya se conocen!. Así será más facil coordinar tareas. Marlowe, tu llevarás el diseño y planteamiento visual. Xavier, tu la propuesta de estrategia y comunicación. Son dúo.
Dúo.
DÚO.
Me miró.
Lo miré.
Turututututurururu
Los ojos verdes le brillaron como si estuviera divirtiéndose.
—Será un gusto trabajar contigo —dijo.
Yo respiré hondo.
—No te emociones.
Él se inclinó un poco hacia adelante.
—Tarde.
¿Cuántas veces me ha dicho eso?
...
Dios mío.
Que alguien me saque de aquí
O lo besas
O lo matas
No hay punto intermedio.
Socorro.
—Bueno —dije, abriendo mi carpeta como si el papel pudiera salvarme— Trabajemos.
—Claro —respondió el, todavía con esa sonrisa— Stormy.
Te lo juro Marlowe, si no lo empujas por la ventana ahora, es porque ya estás cayendo.
No le respondí a mi conciencia.
No por dignidad.
Sino porque por un segundo y solo un segundo me gustó cómo sonó ese apodo.
Andrea caminaba delante de nosotros con su ritmo firme y elegante, tacones marcando el pulso del pasillo como si estuviéramos en marcha militar y no en una agencia de publicidad donde todos fingiamos tener nuestras vidas bajo control.
—Muy bien —dijo cuando entramos— hablemos del proyecto. El cliente es Lune Cosmétiques, lanzarán una linea limitada inspirada en "la belleza natural, la escencia pura y lo Etereo".
Traducción: quieren vender un labial nude de 40 dólares y hacerlo sonar como si fuera ritual de la diosa Venus.
Asentí. Xavier se sentó frente a mí. Si, frente. Muy conveniente. Muy gracioso. Muy tú otra vez en mi campo visual, destino.
No me mires.
No me mires.
No me–
Ya me estaba mirando.
—Necesitamos un diseño que no solo represente la pureza —continuó Andrea— sino que también evoque elegancia, lujo discreto, algo que no sea demasiado obvio.
—Claro —respondí— Pienso en tonos suaves, casi nacarados, Pero con contraste en tipografía.
—Me gusta —dijo Xavier, apoyando el codo en la mesa— Algo que parezca delicado pero tenga presencia. Cómo....—sus ojos se movieron hacia mí— algunas personas.
Me lo dijo a mi.
Lo dijo observándome.
Respira, Marlowe
No le sigas el juego.
Ignóralo.
Mis mejillas decidieron ignorarme a mi y hacer lo que quisieron. Fantástico.
Andrea no pareció notar nada —o decidió hacerse la ciega, que también era probable— y continuo:
—De hecho, hoy tendremos la primera junta directa con el gerente. Él quiere ver propuestas conceptuales antes de pasar a color. Vayan pensando ideas, palabras claves, asociaciones sensoriales.
Asentimos. Todo normal. Todo profesional.
Hasta que el gerente llegó.
Era un hombre en sus cuarenta, con traje beige y una sonrisa que gritaba influencer de facebook que vende perfumes pirata.
—Bueno bueno bueno —dijo, sentándose sin esperar invitación— yo quiero algo....muy natural, ya saben, algo que evoque...lo orgánico, lo puro.....lo casi.... místico.