Lo que juramos en secreto

Mochi

Marlowe

Puse mi teléfono sobre la barra de la cocina, subí el volumen y dejé que la música llenará el apartamento. Era jueves, eran casi las seis de la tarde, y honestamente, lo único que quería era desconectar la mitad del cerebro que había usado intentando no dormirme en historia.

Historia. La clase donde las fechas se mezclan, los nombres suenan inventados y la maestra parece narrar un audiolibro a 0.5x.

Si, claro Marlowe, seguro hoy vas a cambiar el mundo recordando el tratado de no-sé-que de mil ochocientos quien sabe.

Calladita.

Me moví por la sala con los calcetines puestos, porque la verdadera razón por la que vivo sola es para poder deslizarme por el piso como pingüino. Estaba cantando o más bien gritando, mientras revolvía la estufa para calentar té de ayer, sosteniendo una cuchara como micrófono.

Cuando de pronto....

TOC TOC TOC

Me congelé.

No. No, no, no.

Yo no estaba lista para volver a tener interacción humana. Yo apenas estaba lista para existir.

Me acerque a la puerta con el corazón en la garganta, mi cabello hecho un desastre, una sudadera enorme que decía "NO TALKING HOURS: 24/7" y calcetines con conejos.

Abrí y claro.

Tenía que ser él.

Xavier estaba ahí. De pie. Apoyado en el marco de la puerta. Chaqueta, sonrisa torcida y ese brillo en los ojos como si hubiera ganado algo solo con verme abrir la puerta despeinada.

—Stormy —saludó, como si estuviera completamente satisfecho con mi miseria estética.

Marlowe, apaga la calefacción, porque con vergüenza ya tienes suficiente calor.

Cállate.

—No me llames así —fruncí el ceño, recargando la puerta con el pie como si eso fuera intimidante.

Spoiler: No lo fue.

Xavier solo soltó una risa suave. Esa que me da ganas de empujarlo por unas escaleras y luego abrazarlo para que no se muera.

—Pues.....Stormy —insistió, con una descarada tranquilidad— vengo a invitarte a algo.

Levanté una ceja.

—Si es un funeral, espero que sea el mío. Estoy lista.

Él río. Incluso levantó las manos, como rindiéndose.

—Nada de muertes. Una feria.

Lo mire como si acabará de decir: "vamos a adoptar una cabra y enseñarle francés".

—¿Una qué?

LA FERIA DE OTOÑO MARLOWE, LA QUE FESTEJAS CADA AÑO CON TUS AMIGOS, ESA.

—La feria de otoño. Es este fin de semana. Van a ir Christian y Eva, también Ben va a invitar a Celia.

—¿Ben va a invitar a Celia? —Mi cerebro necesita procesar esto con una bandeja de palomitas.

Xavier sonrió como quien sabe un chisme jugoso.

—Oh sí. Él dice que solo quiere conocer gente, pero yo nunca lo había visto planchar una camisa para sacar la basura.

Me reí. No quería hacerlo. Pero lo hice.

Y él lo notó, lo notó demasiado bien.

—Entonces....—levanto un boleto de papel, como los de feria de película— ¿Vienes conmigo?

Ay no. Mi corazón decidió hacer un salto mortal y mi cerebro hizo tres diapositivas de Power point.

1-. No te acerques.

2-. No te involucres.

3-. No te emociones, estúpida.

Ajá, ¿Y desde cuándo te haces caso?

Apreté los labios.

—¿Por qué me estás invitando? —pregunté, sincera, por qué yo no hago juegos.

Él bajo la mirada. Por una fracción de segundo, perdió la sonrisa arrogante.

Solo por un momento.

—Porque quiero —dijo al final, simple, directo, real.

Y justo eso fue peligroso.

Eso. Esa honestidad pequeña, no forzada. Heló mi defensa como cubo de hielo cayendo en un vaso.

Yo tragué.

—No prometo subirme a ningún juego mecánico.

—Yo tampoco —respondió— podemos gritar juntos.

Rodé los ojos.

—Está bien, iré —extendí la mano y tomé el boleto.

Él sonrió despacio. No como si hubiera ganado. Sino como si....estuviera aliviado.

—Te mando la hora luego, Stormy.

—Te voy a bloquear.

—No puedes. Me extrañarías.

Ah. Que ganas de empujarlo de verdad.

Cerré la puerta cuando se fue, recargándome contra ella, exhalando lento.

Mi corazón estaba golpeando como si estuviera corriendo....o cayendo.

Claro Marlowe, todo bien. No estás sintiendo nada. Solo es.....ansiedad-cardio-romántica leve. Se cura con negación.

Negación, siempre ha sido mi deporte profesional.

⋆。°✩ ───────── ✩°。⋆

Sábado - Día de la feria de otoño.

La ciudad olía a otoño.

Con ese tipo de frío que no duele, Pero si te hace consciente de tu propia respiración. El cielo estaba nublado, como si fuera a llover, pero sin decidirse todavía. Yo miraba mi reflejo en el espejo de cuerpo entero, cuestionando todas mis decisiones de vida, como es costumbre.

Llevaba un abrigo camel largo, suéter negro de cuello alto, minivestido negro, cadena dorada en la cintura, medias largas y botas altas que sonaban somos si hubiera venido a cobrar deudas.

Mi conciencia estaba muy orgullosa de sí misma.

Okey, Marlowe, admítelo. Te ves icónica. Una mezcla entre "voy a la feria" y "si me rompes el corazón desapareces misteriosamente".

No puedo admitir eso en voz alta.

Cepillé mi cabello una última vez. Mantecada estaba dormido en el sillón, hecho una bola naranja, ignorando mi existencia como cualquier estrella con más de 60k seguidores lo haría.

TOC TOC TOC

Mi estómago dió un vuelco.

Respira. No pasa nada. Es solo Xavier.

Solo el chico que últimamente ha estado ocupando más espacio del que debería en tus pensamientos.

Abrí la puerta.

Y él....Dios.

Xavier llevaba una chaqueta negra gruesa suéter color borgoña, jeans oscuros, manos en los bolsillos. El cabello un poco más despeinado que de costumbre. Los ojos verdes encendiendo cosas que yo no había autorizado.

Él me miró.

No como la gente que mira la ropa.
Cómo si yo hubiera aparecido con una constelación puesta en la piel.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.