Lo que juramos en secreto

Almohada humana

Xavier

No debería haberme quedado tanto tiempo.

Eso pensé cuando la película seguía corriendo y yo ni siquiera estaba seguro de qué pasaba en la pantalla. Se que había espionaje autos costosos, alguna persecución....pero sinceramente, nada de eso me importaba.

Lo que importaba era ella. Marlowe, sentada a solo unos centímetros. Fingiendo que prestaba atención. Fingiendo que no sabía que yo la estaba viendo.

Su respiración cambió antes de que se moviera. Eso fue lo primero que noté. Y después, lentamente, su cabeza se inclinó hacia mi hombro. Tan leve que, si hubiera sido cualquier otra persona, habría dudado de que ocurrió.

Pero yo lo sentí. No moví el brazo. No me acerque más. No respiré más fuerte. No quería romperlo. Era algo pequeño. Pero era real.

Y real ha sido algo escaso en mi vida por mucho tiempo.

Se quedó dormida. Verdaderamente dormida. Su cuerpo relajado contra el mío, como si confiara en qué no la dejaría caer. Cómo si....no tuviera que estar en guardia conmigo.

No supe que hacer con eso.

Así que no hice nada. Solo estuve ahí. Quieto. Sintiendo el peso ligero de ella, el calor, la manera en que su cabello rozaba mi cuello.

Cuando su respiración se volvió más lenta, supe que era hora de movernos.

La levanté despacio. No pesaba mucho, pero no era eso. Era la idea de sostenerla y no querer que se despertara sobresaltada. La sostuve con cuidado, como si tuviera bordes que no se debían romper.

Sus brazos se enredaron alrededor de mi cuello, inconscientes, como reflejo.

Sí. Eso. Eso sí me pegó un poco.

La llevé a su cuarto. Mantecada me vio con ojos redondos y juicio felino, como si estuviera inspeccionando mis intenciones. Le hice una especie de asentimiento. No sé por qué. El gato no respondió. Debí haberlo esperado.

La recosté en la cama con la misma precisión con la que uno guarda algo que no quiere que se raye.

Ella abrió los ojos un segundo.

—Yo....yo puedo caminar —murmuró.

—Lo sé —le dije— Pero no lo estás haciendo.

Sonrió apenas. Pequeña. Medio dormida. Suficiente para quedar quedarme ahí un rato más.

Pero me aparte. Por responsabilidad. Por miedo. Por algo que todavía no iba a nombrar.

Me detuve en la puerta. No la mire. Si lo hacía me quedaba.

—Me alegró estar aquí contigo —dije.

Y fue la verdad más honesta que he dicho en mucho tiempo.

Cerré la puerta. Me dirigí a mi departamento. Y por primera vez en años, sentir algo no me asustó.

Solo dolió un poco. Pero era un dolor que significaba que estaba vivo.

⋆。°✩ ───────── ✩°。⋆

Tres Doritos después >>>

Dormí mal.
No mal por incomodidad.
Mal porque pensé demasiado.

Marlowe.
Su cabeza en mi hombro.
Su respiración.
La manera en que dijo mi nombre medio dormida.

Si, Eso. Desperté con esa pequeña tortura hecha recuerdo repitiéndose en mi cabeza.

Fui a la cocina. Christian ya estaba ahí, sentado en la barra con una taza de café y la expresión de alguien que sabía exactamente lo que iba a decirme.

Genial

—Buenos días —dije, como si eso pudiera evitar una conversación.

Christian levantó la mirada lentamente. Muy lentamente.
Ese hombre podía matar a alguien solo con la forma en que toma aire antes de hablar.

—¿Dormiste bien? —preguntó.

—Normal —respondí.

—Ajá.

Silencio. Silencio de "te voy a arrancar la información quieras o no".

—¿Qué quieres Christian? —pregunté finalmente.

Él dejo la taza en la mesa. Sin ruido. Con precisión quirúrgica. Ya, ese era el equivalente a amenaza personal.

—Quiero saber —comenzó— que estás haciendo con Marlowe.

Ah. Directo. Claro.

Respira, no seas idiota.

—Nada —dije, demasiado rápido.

Christian arqueó una ceja. Si hubiera tenido un detector de mentiras, habría hecho el mismo gesto.

—Dime la verdad, Xavier.

Me cruce de brazos.
Mala idea. Parecía defensivo.
Los descrucé.
Peor. Ahora parecía nervioso.

Fantástico

—No estoy haciendo nada —repetí— Solo he estado trabajando en la agencia con ella, nos llevamos bien.

—Ya

Silencio. Otra vez.

Christian dió un sorbo a su café y hablo sin mirarme, como quien dice algo simple pero que en realidad pesa toneladas.

—Si le rompes el corazón, voy a tener problemas con Evangeline

Me congelé.

—¿Qué tiene que ver Evangeline?

Él soltó una risa corta. No divertida. Más como "no seas estúpido".

—Marlowe y Evangeline son....ya sabes cómo son —dijo— No lo dicen, pero se cuidan. Mucho. Si tú le haces algo a Marlowe, Evangeline se va a molestar. Y sí Evangeline se molesta....yo estoy jodido.

Se detuvo. Me miró directo.

—No pienso pasar por eso otra vez.

No dijo "otra vez" como quien lanza una palabra suelta.
No. Lo dijo como quien recuerda algo que todavía duele.

Lo entendí más de lo que queria.

Me froté la nunca sin saber dónde poner las manos, ni la voz.

—No planeo hacerle daño —respondí, y mi voz salió más seria de lo que esperaba.

Christian asintió, pero no sonrió.

—No me importa lo que planes —dijo— Me importa lo que pasa cuando sientes. Y tú —me señaló con la taza— tienes esa manía de correr cuando algo se vuelve real.

No dije nada. Porque sí, tenía razón.

—Así que decide ahora —terminó— Antes de que algo empiece. Porque sí empiezas y luego te vas....Marlowe no es de las que se recuperan rápido.

Sentí algo bajar por el pecho. No miedo.
Otra cosa.

—Lo sé —dije

Está vez, fue la verdad. Christian se levantó, se sirvió más café, se detuvo un segundo detrás de mí.

—Solo....no seas tú en tu peor versión —dijo

Y se fue.

⋆。°✩ ───────── ✩°。⋆

Marlowe

Desperté con la sensación de haber dormido dentro de una nube. De esas que no son esponjosas y bonitas, sino densas, tibias, como si alguien hubiera dejado una mano en mi espalda toda la noche.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.