24 de diciembre
Si alguien me hubiera dicho hace dos años que iba a pasar Navidad con cuatro personas que se comportan como si fueran familia..... probablemente me hubiera reído en su cara. O me hubiera encerrado en mi cuarto. Una de dos.
Pero ahí estaban: Eros, Evan, Ellie y Evangeline, entrando por la puerta del apartamento exactamente a la hora que dije. Cómo si fueran un comité organizado. O como si yo fuera una dictadora navideña. Que no soy, por cierto.
Aunque.....quizás si les mandé un mensaje tipo "si llegan tarde, no hay chocolate caliente para nadie."
No lo dije en broma.
—¡Feliz casi Navidad! —gritó Evan, ya con una bolsa gigante en la mano, claramente no llevaba regalos. Sonaba a botellas. Por supuesto.
Ellie se lanzó encima de mí en un abrazo que me dejó sin aire, Pero con olor a galletas recién horneadas.
—Traje cosas —susurró— Muchas cosas. No preguntes como las conseguí.
Si, mejor no preguntar.
Evangeline entró detrás de ellos, perfecta, brillante, oliendo a invierno caro, pero con ojeras que intentaba disimular. Tiene esa forma de caminar como si nada le afectará.....y luego la ves a los ojos y entiendes que todo le afecta. Mucho.
—¿Todo bien? —le pregunté bajita.
Ella sonrió un poquito.
—Navidad —contestó— Ya sabes.
Eros me saludó con un abrazo suave, firme, cálido.
—Gracias por invitarnos —dijo— Realmente necesitábamos esto.
Traducción: Ellie necesitaba distracción, Evan necesitaba alcohol regulado para no quemar el edificio, Evangeline necesitaba compañía emocional, Eros necesitaba supervisarnos como papá cansado.
Y yo.....
Bueno, yo necesitaba no pensar en Xavier.
Xavier. Que llevaba horas sin escribirme. Lo cual era extraño. Mucho más extraño de lo que quería admitir.
Después de lo sucedido en el pasillo con un árbol navideño de testigo, volvió a empezar a evitarme.
No pienses en él, Marlowe.
Es Navidad. No puedes arruinarte la Navidad con un chico emocionalmente imprudente. ¿Verdad?
—¿Marlowe? —llamó Ellie, sacudiéndome el hombro— ¿Estás en tu monólogo interno otra vez?
—No —mentí descaradamente— Solo estaba......supervisando. ya sabes, que no tiren el árbol, que nadie explote la cocina.
—Yo explotó la cocina una vez y nunca me perdonan —protestó Evan desde la sala— ¡Una vez!
El árbol estaba encendido, las luces reflejándose en las paredes blancas del apartamento. Se sentía acogedor. Casi como un hogar temporal. Una pausa bonita entre todos el caos que había Sido esta última semana.
Una parte de mi solo quería disfrutar la noche, detenerme y respirar.
La otra parte....no dejaba de revisar el celular cada cinco minutos como una idiota.
No va a escribir
Y sí escribe....tampoco creo que vaya a ser bueno.
Porque yo conocía esa mirada que traía cuando se fue después de ayudarme con el árbol.
La mirada de "estoy pensando algo que no te va a gustar".
Y sí me conocía tantito...
Eso ya era suficiente para arruinarme el estómago.
El apartamento ya olía a canela, galletas quemadas (Evan) y a mi con un intento de pavo que todavía no sabía si iba a sobrevivir.
Ellie fue la primera en ponerse manos a la obra.
—Necesitamos música —declaró, conectando su teléfono como si estuviera desactivando una bomba. Y entonces empezó "All I Want for Christmas Is You" a todo volumen.
Evan gritó como si le hubieran disparado.
—¡NO! !NO, ELLIE! ¡Te lo ruego, no eso! —se cubrió los oídos.
—Es tradición —dijo ella, muy feliz.
—¡Es tortura!
Yo solo levanté las manos.
—Diplomáticamente no pienso meterme en eso.
Evangeline, que estaba acomodando las esferas del árbol, de manera perfecta, estéticamente colocadas, equilibradas como si fueran parte de una sesión fotográfica de revista, suspiró con una sonrisa cansada.
—Déjalos. Esto es mejor que escucharlos discutir sobre quien es peor cocinando.
—Evan es peor cocinando —dijo Eros sin levantar la mirada de las verduras que estaba picando.
—¡Traición! —protestó Evan— Además, ese arroz que hice el mes pasado salió perfecto.
—Parecía lodo —añadí
—Pero estaba rico —dijo Ellie, intentando defenderlo sin convencer a nadie.
Era.....bonito.
No perfecto, no silencioso, no de película. Pero bonito.
Mientras Eros y yo preparábamos la cena, Evan intentaba envolver regalos y fracasaba miserablemente. Evangeline tenía que reacomodar cada moño, cada listón, cada cinta, porque él hacia nudos como si estuviera atando una embarcación. Ellie se encargaba de las galletas (controlado: solo quemó una bandeja).
Y todos reían. O al menos sonreían.
Y por un momento yo también.
Encendimos luces, pusimos adornos ridículos en las ventanas, y Evan insistió en qué cada quien colgará una esfera más en el árbol y pidiéramos un deseo.
—Yo pido que este pavo no nos mate —dije.
—Yo pido que Ellie deje de poner la misma canción —refunfuñó Evan.
—Yo pido....que este año termine bien —susurró Evangeline, bajito, como si hablara ella misma.
Eros le puso una mano en la espalda. Apoyo silencioso.
Y Evan y Ellie la abrazaron sin decir nada.
Familia improvisada. De esas que llegan sin que las busques.
Mientras mezclaba la salsa en la cocina, una sensación rara me atravesó el pecho. Calidez. Nostalgia. Un poquito de miedo.
Xavier estaría disfrutando esto.
No, cállate. No pienses en él. Hoy no.
Eros me miró desde la mesa de picar.
—¿Todo bien Marlowe? Pareces lejos.
—Estoy aquí —sonreí. O eso intente— Solo....navidad. Ya sabes.
Él asintió como si supiera exactamente a quien estaba evitando pensar.
Cuando por fin servimos la comida, todos se sentaron alrededor de la mesa, llenando platos, riéndose de nada y de todo, peleándose por la última galleta
Por primera vez en semanas sentí que algo se acomodaba dentro de mí.