Lo que juramos en secreto

Dos desconocidos

Andrea me había mandando mensaje a las seis de la mañana.
Seis.
De. La. Mañana.

Andrea: Ven a la agencia en cuanto puedes. Es urgente.

No había emojis. Eso me asustó más que cualquier tragedia laboral conocida por la humanidad.

Así que ahí estaba yo, entrando a la agencia con té en mano, mentalmente preparando para.....no sé, un incendio, un colapso estructural, una invasión alienígena.

Pero lo que encontré......
Lo que encontré fue peor.

Parecía que una tormenta había pasado por el departamento de diseño, había echo tres piruetas, un split en el aire, y luego había explotado.

Papel por todas partes. Carpetas abiertas. Lapices rotos. Una planta que juraría estaba viva el viernes.....ahora estaba pidiendo un sacerdote.

Y en medio del caos: Andrea.

La impecable, perfecta, peinada a prueba de terremotos Andrea.

Con un chongo tan mal hecho que parecía declaración de guerra. O de rendición. No estaba segura.

-Santo cielo -murmuré- ¿Qué paso aquí? ¿Vinieron los cuatro jinetes del apocalipsis a pedir presupuesto?

Andrea giro hacia mi tan rápido que el lápiz que traía detrás de la oreja salió volando.

-Marlowe Rosier -dijo con tono apocalíptico- Él, llegó.

Yo parpadeé.

-¿Él.....quien?

Andrea abrió los ojos como si yo hubiera preguntado quien era Santa Claus.

-El nuevo jefe.

Ah, eso.

-¿Y por qué parece que ocurrió un levantamiento social en tu oficina? -pregunté, dejando mi té en una mesa que tenía la estabilidad emocional de una gelatina.

Andrea se pasó las manos por el cabello, mal movimiento, ahora parecía más esponjado.

-Porque el antiguo jefe renunció. Y el nuevo.....el nuevo viene con "ideas frescas" -dijo haciendo comillas con las manos mientras el alma le abandona el cuerpo_ Quiere reorganizar absolutamente todo desde cero. Todo, Marlowe. Incluso la distribución de escritorios.

Eso explicaba la plata muerta. Y la mirada también muerta de Andrea.

-¿Y.....que necesitas exactamente que yo haga? -pregunté con cautela.

Andrea se acercó, agarrándome de los hombros como si fuera su tabla de salvación en el Titanic.

-Necesito que me ayudes a sobrevivir, ¿Te parece suficiente?.

Yo asentí lentamente.

-Siempre y cuando esto no incluya quemar archivos, esconder cadáveres o falsificar firmas. Porque para eso.....tengo que mentalizarme.

Ella suspiró tragicomicamente.

-Solo necesito que seas tú. Ordenada. Rápida. Inteligente. Profesional.

Ay, a veces Andrea sabía cómo pegarle a mi ego justo donde funcionaba

-Esta bien -respiré profundamente, acomodando mi bolso- ¿Por dónde empezamos?

Andrea hizo un gesto amplio, abarcando el desastre.

-¿Por aquí -dijo con desesperación- Antes de que él vuelva y crea que soy una incompetente.

Yo sonreí de lado, empezando a recoger papeles.

-Andrea, no eres una incompetente. Solo.....estás teniendo un ataque existencial con accesorios de papelería.

-Lo sé -dijo- Y ni siquiera tengo maquillaje puesto. Mírame, Marlowe. ¡Mírame!

La miré
Había visto finales de temporada menor dramáticos.

-Andrea, estamos en esto juntas -dije apoyando el fajo de documentos contra mi cadera- Si el nuevo jefe quiere guerra pues....

Ella alzó la cabeza.

-¿Si?

-Pues que se prepare porque no ha conocido a las diseñadoras en modo post-navideño.

Andrea cerró los ojos como quien encuentra fe en la humanidad.

-Gracias. De verdad. Yo asentí y comencé a juntar carpetas, tratando de recomponer un orden lógico en medio del caos absoluto.

Y, mentalmente, solo pude pensar una cosa.

Genial. Mi vida profesional también está en incendio. Perfecto. Navidad si dejó huellitas.

Me encontraba mirando un contrato, cuando la puerta volvió a abrirse de golpe y sin necesidad de voltear, lo sentí. Cómo si el aire cambiara de temperatura, como si mi respiración se encogiera sola.

Xavier había llegado.

Lo escuché agradecerle algo a la recepcionista, su voz baja, tranquila, tan irritantemente normal, y luego sus pasos acercándose. Me obligue a seguir revisando el contrato en mi mano como si estuviera a punto de convertirme en una estatua humana.

-Ah, Xavier, por fin -dijo Andrea levantando la mirada. Sonaba exhausta pero aliviada- Necesito que revises estos informes, y luego hablo con ustedes dos al mismo tiempo, ¿De acuerdo?.

"Ustedes dos". Genial, maravilloso, perfecto.

Levanté la vista sólo porque era peor fingir que no había notado su presencia. Y ahí estaba él, con esa expresión tranquila que ya conocía demasiado bien....aunque algo en sus ojos, un brillo que no lograba descifrar, me dijo que él también sintió el golpe al verme.

-Marlowe -asintió, como si fuéramos colegas que se toleran y nada más.

-Xavier -respondí igual de neutral, quizá un poco más fría de no necesario.

Andrea nos observo a los dos, ladeando la cabeza. Seguro noto algo raro, porque era imposible no hacerlo: nunca antes habíamos estado distantes. De hecho, trabajábamos demasiado bien juntos. Y ahora......parecía que un campo minado entero se extendía entre nosotros.

-Bueno, ¿Qué esperan? -refunfuñó Andrea, señalando los montones de papeles- El nuevo jefe quiere revisiones antes de la tarde, así que......cooperen, ¿Si?

La palabra cayó justo donde dolía.

Cooperar.

Yo carraspeé, me moví hacia otra mesa y me concentré en separar informes, Xavier se colocó en la mesa paralela, lo suficientemente lejos como para no rozarnos, lo suficientemente cerca para que cada movimiento suyo me distrajera.

Sentí la tensión, gruesa, invisible, casi asfixiante. Evan y Ellie siempre decían que yo era muy buena fingiendo calma.

Mentira. Mentira absoluta.

Porque en ese instante, escuchar el sonido del teclado de Xavier, o el modo en que exhalaba, o como pasaba hojas, me estaba destrozando el enfoque.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.