El cuarto....bueno, mi cuarto, nos recibió con ese olor a madera vieja y perfume barato de velas que mi yo de quince años creía estético. La luz cálida entraba por las cortinas color crema, y en las paredes todavía estaban los corchos llenos de fotos, recortes, boletos de conciertos, dibujos horribles que algún día pensé que era arte.
Perfecto, Marlowe. Exactamente lo que toda adulta quiere que vea el chico que le gusta. Tus posters de boybands y tú colección de llaveros favorita.
Xavier se quedó parado en la puerta mirando alrededor, con esa sonrisa de siempre.
-Así que.....esta era tu habitación -murmuró, caminando hacia un estante lleno de libros gastados y figuritas que compraba en las ferias de ciencias- Me gusta. Es muy tú.
-Eso no es.... necesariamente bueno -bufé dejando mi maleta sobre la cama.
-Para mí sí -respondió, y ya estaba levantando un marco viejo con una foto mía y de Ian. El tenía dos años y yo 15 años.- Wow, eras toda una rebelde, ¿Eh?
-Cállate -dije empujándolo por el hombro, aunque se me escapó la risa.
Le señale el closet, enorme para una sola persona, pero con cajas que jamás tuve de energía de ordenar.
-Puedes poner tu ropa de este lado -le indiqué
Xavier abrió su maleta y literalmente en cuanto la abrió frunció el ceño como si hubiera visto un cadáver.
-¿Qué es esto? -preguntó, levantando una camiseta de manga corta....otra...otra....otra.
Ups
-Tu ropa -dije muy digna.
-Stormy. Estamos en diciembre. En Arizona. Hace mucho frío. -Su mirada fue dramática, exageradísima- ¿Por qué empacaste como si fueramos a Cancún? -me acusó.
Levanté las manos, defensiva.
-¡Tu me diste tu maleta! Yo solo.....organicé. Pensé en comodidad, no en meteorología.
-¿Y la comodidad es morirme congelado? -protestó, sacando una camiseta con decorado de flores que nisiquiera recordaba haberle guardado- ¿Esto en serio?
Me encongí de hombros.
-Se veía bonita.
-Marlowe -dijo con esa mezcla de risa y desesperación- Me estás saboteando.
-No te estoy saboteando. Te estoy.....curando el estilo.
Él soltó una carcajada de esas que nacen del pecho, y se acercó demasiado, apoyándose en el marco del closet.
-Dilo otra vez -susurró
-¿Qué?
-Que me estás curando el estilo.
-Te estoy curando el estilo -repetí, rodando los ojos.
-Gracias por preocuparte por mí....aunque vaya a morir de hipotermia.
-No vas a morir -dije empujándolo suavemente- Tengo suéteres. Muchos. Ya veré cuáles no me importa prestarte.
-¿Puedo escoger el que huela más a ti o eso es demasiado? -preguntó con esa sonrisa descarada.
Respira, Marlowe. No te desmayes. No aquí. No enfrente de los postres de One Direction.
-Cállate y guarda tus camisas horribles -contesté, sintiendo como se me calentaban las mejillas.
Xavier rió, obedeciendo, mientras yo intentaba no pensar demasiado en el hecho de que íbamos a dormir en la misma habitación durante una semana....y que acababa de ver mis cajas marcadas con "Cosas que no se deben tocar" escondidas en la parte arriba del closet.
Organizar las maletas debería ser una actividad normal, tranquila, cero peligrosa para mí dignidad. Pero claro, tenía a Xavier Arvest en el mismo cuarto, sentado en mi cama como si fuera el dueño del lugar, observándome doblar ropa con esa atención absurda que da más calor que calefacción.
Yo estaba sacando mis cosas de la maleta cuando escuché su voz detrás de mí.
-Ese vestido.....-dijo en un tono bajo, casi como si estuviera hablando solo.
Me giré el tenía uno de mis vestidos negros entre las manos, ese que usaba para las fiestas y era un poquito más corto de lo que mi padre aprobaría.
-¿Qué pasa con mi vestido? -pregunté intentando sonar normal.
Xavier levanto la mirada y sonrió de lado, con ese brillo verde en los ojos que significaba problemas.
-Que se te vería perfecto -dijo, sin vergüenza alguna- Literalmente perfecto. Tengo....pruebas en mi cabeza.
-¿Pruebas? -repetí, atragantándome con aire.
-Mmm....-ladeó la cabeza- Lo imaginé puesto. Confirme mi teoría.
Rodé los ojos, Pero estaba roja. Lo sentía. Hasta las orejas me ardían.
-Cállate -murmuré, arrebatándole el vestido para colgarlo.
Debería hacer un conteo de todas las veces que lo has callado en menos de una hora.
-¿Por qué? Es un cumplido -rió, recargando los codos en sus rodillas- Además, si no quieres que diga nada, ¿Por qué traes ropa que me hace pensar cosas?....Bueno técnicamente si se trata de tí, todo lo que te pongas me hace pensar cosas.
Auxilio. AUXILIO. Qué alguien me lleve al hospital.
Seguí doblando ropa, pretendiendo ignorarlo. Saque una pila de camisetas, un pantalón, una bufanda....Y entonces, el destino decidió humillar me: salió volando una bolsa pequeña que yo había escondido al fondo de la maleta. Una bolsa que contenía....bueno. Cosas. Ropa interior bonita. De esas que compras "Por si acaso" Pero dices que es solo para sentirte linda tú solita.
La bolsa cayó justo frente a Xavier.
Claro.
Por supuesto.
Porque Dios me odia.
Xavier la miro, luego me miró. Lentamente. Muy lentamente.
-¿Y esto? -preguntó, su voz peligrosamente suave.
-Nada -respondí demasiado rápido, agachándome para tomarla, pero él fue más rápido y la levantó primero.
-¿Nada? -abrió tantito la bolsa, suficiente para ver encaje- Marlowe Rosier.....no sabía que tenías gustos así.
-Dámela -susurré, rogando que en este momento nos tragara un agujero negro.
-No, espera, estoy pensando....-sonrió como si acabará de encontrar la octava maravilla- ¿Son nuevos?
-Xavier
-¿Los trajiste para usarlos aquí? -preguntó con toda la intención del mundo, mirándome como si pudiera leer mis pensamientos más indecentes.
-Xavier, dámela.
-Solo estoy diciendo que....-acerco la bolsa a mi pecho y me la entrego finalmente, pero sin dejar de mirarme- Si te pones eso, yo voy a tener un problema.