Lo que juramos en secreto

Frutas No

Desperté con la desagradable sensación de que alguien me estaba mirando. Esa clase de sensación que uno tiene cuando ha hecho algo vergonzoso....como hablar dormida o roncar, cosa que, por supuesto, yo no hago, la dignidad va primero. Abrí los ojos y, efectivamente, ahí estaba él.

Xavier.

Con esa expresión que mezcla diversión y una especie de ternura descarada.

Perfecto. El acosador matutino de mirada bonita ha vuelto.

—Buenos días, dormilona —murmuró, y lo peor es que sonó genuinamente feliz.

Me incorporé despacio, intentando no parecer un desorden humano, aunque sabía que tenía el cabello como si hubiese sobrevivido a una guerra. Él se sentó a mi lado, completamente despierto, completamente fresco, completamente irritante.

—¿Por qué estás despierto? —pregunté, o más bien gruñí.

—Porque quiero aprovechar el día contigo.

Mi cerebro se quedó en pausa. ¿Aprovechar? ¿Conmigo? ¿Tan temprano? ¿Este hombre no conoce el concepto de sueño reparador?

Y entonces noté el brillo en sus ojos. Ese brillo que decía "tengo un plan". Y cuando Xavier tiene un plan, dos cosas pueden pasar o termino riéndome hasta que me duela el estómago, o termino preguntándome cómo demonios sigo viva.

Dios... y todavía no he tomado jugo.

—Levántate —dijo mientras apartaba mis cobijas sin mi consentimiento— Tenemos mucho que hacer.

—¿Qué clase de psicópata funcional madruga por gusto? —repliqué.

Él sonrió, porque claro, le encanta mi miseria matutina.

—Uno que tiene una sorpresa.

Ok. Eso sí despertó mi cerebro. Una sorpresa. Con Xavier, "sorpresa" puede significar desde "te compré tu pan favorito" hasta "prepárate emocionalmente".

Me levanté, arrastrando los pies hasta el baño. Cuando regresé, él ya había preparado la mesa con un desayuno que olía peligrosamente bien. Pan caliente, fruta fresca, café y té recién hechos.

—¿Has comprado todo esto? —pregunté, incrédula.

—Claro que sí. Quería que hoy empezaras bien.

Me senté, aún con ese rezago incómodo de pensamientos sobre Gabrielle. No algo que pudiera llamar dolor, solo esa sensación tonta en el pecho, como un comentario que uno no pidió escuchar. Pero cada vez que Xavier me hablaba, cada vez que hacía algo tan....él, ese peso se desvanecía un poco más.

—¿Estás bien? —preguntó con suavidad, como si me leyera la mente. Odio cuando hace eso. Me hace sentir demasiado vista.

—Sí, solo estoy cansada —mentí a medias.

Él no insistió. Solo se sirvió café, me miró un segundo más de lo necesario, y luego cambió de tema como si supiera que era justo lo que necesitaba.

—Hoy tienes que confiar en mí —dijo.

—Eso nunca es buena señal

—Vas a disfrutarlo, lo prometo

Lo miré con sospecha profesional

Marlowe Rosier, detective de señales sospechosas desde 2006

Pero había algo en él hoy....un entusiasmo tranquilo, casi dulce, que me sorprendió. No era su coqueteo habitual, no era su ironía brillante, era otra cosa. Algo que no terminaba de descifrar.

—¿Puedo saber a dónde vamos? —insistí.

—No

—¿Y si no quiero ir?

—Querrás

Lo peor es que tenía razón. Con él....siempre quiero.

Suspiré, resignada a mi destino.

—Está bien. Pero si terminamos haciendo algo como saltar desde un puente, te juro que te mato antes de caer.

Él soltó una carcajada.

—Nada extremo. Solo...especial.

Mi estómago dio un salto ridículo.

Muy bien, Marlowe. Cálmate. Es solo un chico con rizos bonitos y una sonrisa que podría iniciar guerras.

—Termina tu desayuno —añadió— Quiero salir antes de que la ciudad despierte por completo

—¿Me vas a secuestrar?

—Si te digo que no, suena peor.

Rodé los ojos, pero sonreí. No pude evitarlo. Porque sí, después de todo lo de Gabrielle, después de la confusión, el viaje, el cansancio...él estaba aquí. Conmigo. Rompiendo mi tranquilidad emocional desde las siete de la mañana.

Y aunque jamás lo admitiré en voz alta....

Me gusta. Mucho.

—Está bien, Xavier —dije finalmente— Llévame a tu sorpresa mortal.

Lo primero que hice al terminar el desayuno fue ponerme un abrigo que pareciera decir "soy funcional, pero con estilo". No es mi culpa que la moda y la supervivencia climática puedan coexistir. Xavier también se puso el suyo....aunque claro, en él todo parece una campaña publicitaria. Injusticias de la vida.

Salimos al aire frío y seco de la mañana. Era temprano, demasiado temprano para tomar decisiones importantes, pero suficiente para que la ciudad estuviera casi vacía.

Xavier metió las manos en sus bolsillos y comenzó a caminar con esa seguridad irritante. Yo avancé a su lado, abrazándome a mi abrigo.

—¿No vas a decirme a dónde vamos? —pregunté por quinta vez.

—No

—¿Ni una pista?

—No

—¿Aunque te ofrezca....un beso?

Se detuvo. Me miró.
Alzó una ceja. Sonrió como si yo acabara de confesar que soy capaz de vender mi alma por un croissant.

—¿Un beso por una pista? —repitió, divertido

—Uno pequeño —dije— Uno....puramente informativo.

Soltó una carcajada que resonó por la calle.

—No, pero aprecio la creatividad.

Perfecto. Intento de soborno fallido. Queda el chantaje emocional, pero lo úsalo después.

Seguimos caminando entre calles tranquilas, pasando cafés que apenas abrían y ventanas donde se reflejaba la luz pálida del amanecer.

Yo seguí intentando

—¿Es peligroso?

—No

—¿Requiere firma de consentimiento?

—No

—¿Animales salvajes?

—No

—¿Odio potencial?

—De ti, siempre

—Entonces dame una pista —insistí

—No

—Eres insoportable.

—Lo sé.

Me pegué a su brazo como si así pudiera robarle información por ósmosis.

—Dimeeeee —susurré.

—No

Dios... ¿qué clase de hombre resiste mis habilidades de interrogación? ¿Dónde están mis créditos universitarios por esto?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.