Xavier
Habían pasado tres días desde lo del....casi.
Y sí, casi es una palabra pequeña, pero joder, sentí como si todo mi cuerpo hubiera girado alrededor de ese momento.
Ella. Mi boca. Su respiración. La forma en que su nariz rozó la mía.
Y luego, claro.
El gato.
El maldito gato.
Estaba en mi sala. Ben estaba leyendo algo en su tablet. Christian estaba tirado en el sillón como si la vida misma lo agotara. Yo tenía una taza de café frío en la mano, sin beber, solo sosteniéndola. Cómo un idiota.
Christian me observaba de reojo desde hacía rato.
—¿Te vas a quedar viendo el vacío o planeas regresas a la tierra en algún punto? —preguntó.
No respondí. Porque sí, estaba viendo el vacío. Pero el vacío tenía ojos azul grisáceo y un gato traidor.
Ben levanto una ceja.
—Estás pensando en Marlowe.
No era pregunta. Ben nunca preguntaba cuando sabía la respuesta.
—No —dije.
Mentira número uno. Y probablemente dos, tres y cuatro.
Christian soltó un suspiro dramático, apoyándose en los brazos del sillón.
—A ver, Xavier. Te hemos visto enamorado antes, pero esto. Esto tiene nombre y apellido.
—No estoy enamorado —respondí, demasiado rápido.
Los dos me miraron con la misma cara.
Me pasé una mano por el cabello, frustrado.
—Solo.....—exhale— Han pasado varias veces, varias. Y siempre —cerré los ojos— pasa algo. Es como si el universo estuviera jugando.
Ben dejo la tableta.
—Tal vez el universo no está jugando. Tal vez solo está esperando que ambos estén listos.
Casi me reí.
Casi.
—No puedo seguir avanzando —dije bajito, más para mí que para ellos.
Silencio.
Christian se enderezó, serio ahora.
—¿Por lo de reino? —preguntó
Asentí
—Diez meses —sentí el peso caer solo al decirlo— Ni siquiera son diez completos. Nueve y un poco. Y ya me voy. Me voy. Fin.
Las palabras sabían amargas.
No era algo que podía cambiar, no era algo que podía elegir.
Ben me miró con calma, como si pudiera ver dentro de mis pensamientos.
—Y, aun así, sigues acercándote.
Mi risa fue sin humor.
—Porque la quiero cerca —admití— Y porque cuando estoy con ella no pienso en nada de eso. Solo....ella.
Era la primera vez que lo decía en voz alta.
Se sintió demasiado real. Demasiado....verdadero.
Christian puso un codo en su rodilla, observándome fijo.
—Entonces decide, Xavier. Porque sí sigues, vas a querer más. Y ella también y cuando llegue el momento —su voz bajó, cuidadosa— va a doler. Mucho.
Lo sé.
Ben respiró hondo.
—Pero si te detienes ahora.....también va a doler.
Yo cerré los ojos, apoyando la cabeza contra el respaldo. Porque no había una opción que no rompiera algo.
Ni una.
Y aún así....
Recordé como se veía ella, medio dormida contra mi hombro.
La forma en que dijo mi nombre, suave. La forma en que mi corazón sintió como si hubiera encontrado casa.
—Sí —murmuré— Estoy jodido.
Christian sonrió, pero no con burla. Con esa emoción compartida que solo las amistades viejas permiten.
—Completamente —asintió.
Ben volvió a su tablet.
—Y aun así, vas a ir a verla.
No respondí.
Pero nos quedamos todos en silencio y ellos sabían que sí.
Me levanté, tomé mis llaves.
Cerré la puerta del apartamento detrás de mí, decidido a hablar con Marlowe. No sabía que iba a decirle exactamente, pero sentía que, si no aclaraba algo, iba a enloquecer.
Di dos pasos por el pasillo.....y ahí estaba alguien apoyado frente a la puerta de Marlowe.
Alguien que no debía estar ahí.
Oliver.
Genial. Perfecto. Exactamente lo que necesitaba para arruinar el día.
El tipo levanto la mirada cuando me vio acercarme. Sus ojos hicieron ese gesto típico suyo de "soy superior a ti" que siempre me pareció más risa involuntaria que amenaza real.
—Oh —soltó, cruzándose de brazos— Justo a quien no quería ver.
—Sentimiento mutuo —respondí, deteniéndome frente a él— ¿Qué haces aquí?
—Busco a Marlowe.
Mi mandíbula se tensó sola.
—No está —dije— Y aunque estuviera, no te abriría.
Marlowe se encontraba en clases solo que el idiota no lo sabía por qué no la conoce ni lo más mínimo.
Él sonrió, esa sonrisa torcida y desagradable que usaba cuando quería provocar.
—Las cosas no son como tú crees, príncipe.
Y ahí. Justo ahí. Todo en mi se tenso
—¿Que dijiste? —pregunté, con la voz más baja de lo que pretendía.
Oliver dió un paso hacia mí. Ni siquiera parecía asustado, parecía encantado.
—Oh, vamos, Xavier —susurró— ¿Oh debería decir, su Alteza?
Mi estómago se hundió. No porque me importará que alguien lo supiera. Sino porque él lo supiera. Ese tipo, precisamente.
Se acercó más, invadiendo mi espacio como si quisiera demostrar que podía.
—Pensaba que nadie lo notaría, ¿Verdad? —Soltó una risa seca— No soy idiota.
—Nunca dije que lo fueras —respondí— No hay que confirmar cosas que se notan.
Su mirada se endureció.
—Aléjate de Marlowe.
Ah. Ahí estaba. La verdadera razón.
—No voy a repetirlo —añadió con la voz más fría— Aléjate de ella o....
—¿O qué? —interrumpí
Oliver inclinó la cabeza.
—O lo haré público. Y créeme....no quieres eso.
Me reí. No pude evitarlo.
—¿De verdad crees que me amenazan con eso por primera vez? —dije calmado— Tengo amigos guardaespaldas de setenta años que intimidan más que tú.
Últimamente mentir ya te sale bastante natural eh
Él apretó los dientes.
—No estoy jugando, Arvest.
—Yo tampoco.
El silencio se cargó ente nosotros.
Podía ver el resentimiento en su cara. Su rabia. Su obsesión. Porque sí la tenía. Y era enfermiza. Marlowe le temía y con razón.
Me acerque apenas un poco, lo suficiente para dejar claro que no iba a retroceder.