El mundo volvió primero como un zumbido. Un sonido grave, constante, como si mi cabeza estuviera sumergida en agua.
Intenté abrir los ojos
Dolor, un destello agudo detrás de mis párpados.
Respiré o lo intenté. Mi pecho se sentía pesado, como si hubiera dormido con una roca encima.
Parpadeé de nuevo, más fuerte, hasta que la luz blanca del techo se filtró en mi visión, borrosa, temblorosa, como si el mundo estuviera lejos, muy lejos de mí.
¿Dónde?....
Un olor a desinfectante, sábanas ásperas, un pitido rítmico.
Hospital
No. No, no, no....¿qué pasó? ¿Qué—?
Intenté mover la cabeza y un dolor punzante me atravesó la sien. Me queje en voz baja, apretando los ojos, respirando entrecortado.
—¿Marlowe?
La voz llegó suave, temblorosa.
Giré un poco, demasiado poco, y vi a Ellie, sentada a un lado de la cama, con el maquillaje corrido y los ojos enormes, rojos y brillosos.
Ella saltó de la silla casi de inmediato.
—¡Dios! Estás despierta, estás....— no terminó la frase, se le quebró la voz mientras me tomaba la mano con cuidado, como si fuera de cristal.
La miré, confundida, asustada, la garganta cerrada.
—¿Qué....qué pasó? —mi voz salió áspera, débil, como si no fuera mía.
Ellie respiró hondo, tratando de calmarse.
—Tuviste un accidente. El...el coche— su voz volvió a romperse— el coche que venía del carril de la izquierda se pasó el alto y...los golpeó directo.
Mi pecho se apretó.
El coche, la luz, el grito, Xavier...
Mi corazón dio un salto desesperado.
—¿Xavier? —la palabra salió forzada, raspada, cargada de miedo— Ellie, ¿dónde está? ¿Está bien? ¿Dónde?
Ella me apretó la mano.
Demasiado fuerte, demasiado rápido.
Su reacción me heló la sangre.
—Está aquí —dijo rápido, como si hubiera ensayado esa frase— está en el hospital también. Está con los médicos.
El mundo se me hundió debajo de los pies aunque estaba acostada.
No. No, por favor no. Que no le haya pasado nada. Que no....
—¿Está bien? —mi voz tembló, quebrándose sin permiso— Ellie, dime si está bien
Ella tragó saliva, sus ojos brillando demasiado.
—Lo están atendiendo —repitió, como si fuera todo lo que podía decir.
Mi estómago se contrajo con un miedo tan físico que sentí náuseas.
Intenté incorporarme, pero el dolor me atravesó las costillas como una lanza. Caí de nuevo contra la almohada con un jadeo ahogado.
Ellie se inclinó sobre mí, presionando un botón para llamar a alguien.
—No te muevas, Marlowe, por favor —su voz sonaba desesperada— tienes golpes, estás muy adolorida, te dieron calmantes hace poco. No fuerces nada.
—Quiero verlo —susurré, casi sin aire.
—Lo sé. Lo sé, hermosa. Pero los médicos dijeron que primero debías despertar y estar consciente. Fue....—desvió la mirada, respirando temblorosa— fue un choque fuerte.
Mi pulso se aceleró tanto que el monitor cambió el ritmo.
Un enfermero entró apresurado,e revisó, me habló con calma, me pidió que respirara, que no me moviera, que todo estaba bajo control.
Mentira, nada estaba bajo control.
Xavier no estaba en esta habitación. Y eso era lo único que importaba.
Cerré los ojos con fuerza, intentando recuperar algún recuerdo después del impacto. Solo fragmentos. Su mano buscando la mía. Su cuerpo inclinándose hacia mí. El golpe. La oscuridad.
Por favor, que esté bien. Por favor. Por favor.
Escuché pasos acelerados en el pasillo. Voces. Una puerta que se abrió de golpe.
Y entonces....
Evangeline apareció en la entrada.
El rostro pálido, el pecho agitado, sus ojos clavados en mí.
—Oh, gracias a Dios —exhaló aliviada, entrando para abrazarme con extremo cuidado— despertaste
Yo apenas podía responder. Mi garganta ardía.
—Ev....¿él? —mis dedos temblaron sobre la sábana.
Ella intercambió una mirada con Ellie.
Un segundo.
Un silencio pesado.
Y luego:
—Los médicos siguen con él —dijo Evangeline, con esa sinceridad suave que dolía más que cualquier mentira— Pero está vivo, Marlowe.
Mis ojos ardieron.
Una lágrima se deslizó por mi mejilla antes de que pudiera evitarlo.
Vivo.
Pero no estaba conmigo.
Te necesito aquí. Por favor, Xavier.... solo despierta. Solo despierta.
La habitación se sentía demasiado grande, demasiado blanca, demasiado vacía.
Y la ausencia de él era un puño enorme cerrándose en mi pecho.
El silencio en la habitación apenas dejaba espacio para mis pensamientos, pero el miedo los empujaba igual, aferrándose a cada rincón de mi mente como un eco insistente.
Ellie seguía a mi lado, sosteniéndome la mano. Evangeline se había quedado de pie junto a la ventana, mirando el pasillo como si esperara que el mundo entero entrara por esa puerta en cualquier instante.
Y, como si lo hubiera invocado, escuchamos pasos apresurados acercándose. Varias voces. Un movimiento brusco.
La puerta se abrió.
Entraron Ben y Christian primero.
Los dos se detuvieron al verme despierta. Y en sus rostros, tan distintos, tan opuestos, vi la misma emoción: alivio y preocupación entrelazados.
Ben fue el primero en acercarse.
—Marlowe —dijo con esa voz grave y cálida que siempre parecía traer calma, aunque esta vez sonaba rota en los bordes— Nos diste un buen susto.
Christian, detrás de él, no dijo nada al principio. Solo me observó con ese gesto serio suyo, el ceño fruncido en una mezcla de tensión y...¿angustia? Sí Angustia.
—¿Cómo te sientes? —preguntó finalmente, su tono suave, demasiado suave para alguien tan reservado como él.
—Golpeada —murmuré, con un hilo de voz— y....y asustada.
Ben asintió despacio, como si hubiera esperado esa respuesta.
Pero no estaban solos.
Detrás de ellos entró una mujer.
Una mujer que nunca había visto.
Y que, desde el primer segundo, no pasó desapercibida.