Habían pasado un par de horas desde que nos acomodaron juntos.
Xavier estaba en la cama de al lado, brazos cruzados, ceño fruncido y actitud de "odio todo lo que está pasando excepto estar aquí contigo" El vendaje en su frente lo hacía ver más frágil....pero su terquedad seguía intacta, si acaso, más fuerte.
Yo estaba medio recostada, con la cabeza doliéndome todavía, pero al menos ya sin la sensación de que el cuarto daba vueltas, un poco.
De vez en cuando, Xavier me miraba para comprobar que seguía respirando y cada vez que lo hacía, yo hacía lo mismo.
Era ridículo y también terriblemente reconfortante.
La puerta se abrió y entró un enfermero empujando una bandeja, dos bandejas, para ser exactos.
Las puso en unas mesas plegables frente a nosotros como si estuviera entregando evidencia de un crimen.
—Lunch —anunció sin emoción alguna.
Xavier y yo nos quedamos viendo el contenido.
Era...gris, todo gris.
Ni siquiera sabía qué se suponía que era el plato principal. Algo entre puré, gelatina y castigo divino.
Yo fruncí la nariz, Xavier frunció su alma.
El enfermero se fue y en cuanto la puerta se cerró, Xavier espetó.
—Esto no es comida
—Bueno... técnicamente podría serlo —dije, aunque yo misma dudaba.
Xavier levantó la cucharita de plástico con la punta de dos dedos, como si fuera radiactiva.
—Stormy, esto se mueve solo
Miré mi plato se movía lentamente, como si respirara.
—Oh dios
Xavier soltó la cuchara
—No pienso comer eso
—Xavier
—No
—Necesitas comer
—Prefiero morirme de hambre que comer esta....—miró el plato— cosa
—¿Y si te hace daño no comer?
—¿Y si me hace daño comerlo?
Tenía un punto, suspiré
—Bueno, al menos pruebalo
—Ni de chiste
Y lo dijo con una convicción digna de un monumento nacional
La puerta volvió a abrirse y entró Ben, con una carpeta en la mano, lentes de lectura apoyados al borde de la nariz y esa energía de "he visto cosas peores, pero esto gana".
—¿Ya les trajeron la comida? —preguntó
Xavier levantó la bandeja con dos dedos, como si fuera una amenaza biológica.
—Esto no es comida, Ben. Esto es una maldita ofensa.
Ben se acercó, vio la bandeja, la olió y retrocedió medio paso.
—Bueno —dijo con toda la diplomacia del mundo— Es....nutritiva.
Xavier bufó tan fuerte que casi se le abrió el vendaje.
—Eso no es nutritivo, eso es un insulto con textura.
Yo me tapé la boca para no reírme.
Ben suspiró, se sentó en la silla entre nuestras camas y dejó la carpeta en la mesita.
—Los doctores dicen que tienen que comer algo ligero, pero si no les gusta esto, puedo ver si nos dejan traerles sopa de la cafetería del piso de abajo, no es buena, pero no intenta matarte.
Xavier lo señaló dramáticamente
—Eso, eso quiero. Sopa que no intente matarme.
Ben lo miró como quien observa a un niño grande haciendo un berrinche justificado.
—Voy a pedir permiso —dijo, levantándose— Pero mientras tanto, por favor no hagan más corajes. Y tú —me miró a mí— si te mareas otra vez, llamas a alguien.
Asentí, aunque él sabía que probablemente no lo haría.
—Los demás regresan en veinte minutos —agregó Ben— Están haciendo turnos....Evangeline, Ellie, Evan, Eros, Christian y Eleonor está con los doctores ahora. Todos quieren asegurarse de que estén vigilados.
Xavier desvió la mirada, incómodo con la idea de tanta gente preocupándose por él, pero no dijo nada.
Yo, por mi parte, sentí ese nudo raro de emoción en el pecho.
¿Cómo no voy a quererlos si todos están aquí? Incluso en este caos absurdo siguen aquí.
Cuando Ben salió, Xavier me miró.
—Ni loca te comas eso, Stormy
—Jamás —respondí— Creo que podría demandar a alguien si lo hago.
Sus labios se levantaron apenas en una sonrisa.
—Sabía que eras inteligente
—Soy inteligente, no suicida
Los dos nos quedamos mirando las bandejas, luego nos miramos entre sí, luego volvimos a las bandejas.
Al mismo tiempo empujamos las mesas hacia el lado contrario
—Lejos —murmuró Xavier
—Muy lejos —agregué
Y así, unidos por traumas, golpes, vendajes y comida sospechosamente viva, esperamos a que Ben volviera con algo mínimamente comestible.
Cuando de pronto se escucharon pasos, pasos conocidos.
Pasos que sólo tenían dos velocidades, normal y pánico.
Mi corazón se me apretó en el pecho justo antes de que la puerta se abriera.
Primero entró mi mamá con su cabello rubio un poco despeinado por la prisa, ojos claros llenos de angustia y las manos temblándole apenas. Detrás de ella, mi papá, con su expresión firme, alerta, pero con los ojos rojos de haberse preocupado más de lo que admitiría jamás.
En cuanto me vieron, ambos se quedaron congelados.
—Hola —dije suavemente— Estoy bien.
Mi mamá soltó el aire como si hubiera estado conteniéndolo desde el avión. Caminó hacia mí tan rápido que pensé que iba a derribar la cama.
—Mi niña....—susurró, y de pronto ya me estaba abrazando, con tanta suavidad como fuerza.
Me apreté contra ella, sintiendo ese olor familiar que automáticamente hacía todo parecer un poquito menos aterrador.
Mi papá se acercó un segundo después, poniéndome una mano en el cabello, como cuando era niña.
—¿Estás bien, cielo? —preguntó con esa voz que siempre intentaba sonar controlada— ¿Te duele algo? ¿Estás mareada? ¿Quieres que llame a alguien?
—Papá estoy bien, de verdad —dije, aunque la voz me tembló un poquito.
Mamá se apartó apenas para tomarme el rostro con ambas manos.
—Nos asustaste muchísimo —susurró, con los ojos brillosos— Ellie nos llamó....dijo que fue un accidente fuerte.
—Lo fue —admití— Pero estoy aquí y Xavier también.
Ella parpadeó y giró la cabeza hacia la cama de al lado....donde Xavier, muy digno a pesar de estar en una bata horrenda, intentaba no parecer demasiado afectado por la caída de la familia Rosier sobre nosotros.