Después de tanto tiempo, de tantas idas y venidas, de promesas rotas y arregladas, de heridas viejas y nuevas...ahí estabamos.
A casi finales del mes. En una habitación de hospital que olía a desinfectante y miedo residual, pero juntos. Como si todo los hubiera empujado inevitablemente hasta ese punto.
Xavier todavía sostenía mi mano, su pulgar trazaba líneas lentas sobre mi piel, como si temiera que soltarme me fuera a hacer desaparecer. La luz de la ventana caía sobre él, suave, dejando ver los moretones que apenas comenzaban a tomar tonos morados y verdes.
Yo lo miré, realmente lo miré.
Ese era el mismo chico que meses atrás había llegado a mi vida como un huracán disfrazado de arrogancia encantadora. El mismo que había jugado a provocarme, a desafiarme...y que ahora me estaba viendo como si yo fuera lo más frágil y valioso que había tocado jamás.
Y me salió, así, sin filtro.
—Xavier....—respiré hondo, ignorando el pinchazo en las costillas— Yo sí quiero.
Él parpadeó, confundido, inclinándose un poco hacia mí.
—¿Qué cosa? —preguntó con esa voz suave que solo usaba cuando algo lo tocaba de verdad.
No aparté la mirada, no esta vez.
—A ti —dije, con un hilo de voz firme pese al dolor— Quiero...esto, quiero estar contigo a pesar del miedo, del pasado, del accidente, de todo. Me dolían las costillas, pero más me dolía guardármelo.
—No quiero seguir haciendo como que no —continué bajito— Porque sí quiero.
Xavier se quedó totalmente quieto, como si mis palabras le hubieran detenido el mundo.
Sus ojos verdes temblaron un poco , y después, muy despacio, se llevó mi mano a los labios, no fue un gesto dramático, ni exagerado....fue algo íntimo, crudo, real.
—No sabes cuánto necesitaba escucharlo —susurró contra mi piel.
Sentí cómo exhalaba, como si por fin pudiera respirar de nuevo.
Su frente volvió a apoyarse en la mía, y por un momento nos quedamos así, respirando el mismo aire.
—Te lo juro, Marlowe....—dijo, casi vulnerable— Que no voy a desperdiciar esto, ni un día.
Yo sonreí apenas.
—Entonces quédate aquí —murmuré— Conmigo
Y él, sin pensarlo, asintió.
—No existe ningún lugar al que prefiera ir
Y ahí, a finales de enero, en un cuarto frío, con el sonido constante del monitor....por primera vez, ninguno de los dos tuvo duda alguna de que lo que queríamos era exactamente lo mismo.
Xavier seguía con la frente pegada a la mía, respirando como si acabara de sobrevivir a algo más grande que el accidente. Y quizás sí, quizás había sobrevivido a la idea de perderme.
Su mano subió hasta mi mejilla, con esa suavidad que nunca habría admitido en voz alta que tenía. Yo cerré los ojos un segundo, dejándome sostener, dejando que su toque calmara el punzante ardor en mis costillas....y el nudo en mi pecho.
—Marlowe....—murmuró, como si mi nombre fuera algo sagrado en su boca.
Cuando abrí los ojos, los suyos estaban brillando. Pero se quedó callado como si un pensamiento se hubiera interpuesto, soltó una risa suave, apenas un respiro, como si lo hubiera dejado sin defensa alguna.
Solo se inclinó, despacio, cuidando no lastimarme, como si yo fuera de cristal y nos besamos
Fue un beso tierno, cálido, lleno de todo lo que no habíamos dicho antes. Nada de los juegos, ni del coqueteo descarado, ni de las burlas este beso era otra cosa.
Sus labios se movieron contra los míos con una delicadeza que me erizó la piel. Mi mano bajó hasta su cuello, sintiendo su respiración acelerarse el rozó mi mejilla con el pulgar, como si quisiera memorizarla.
Y por un instante, el hospital desapareció, no había dolor, ni sueros, ni miedo, solo él, solo nosotros.
Cuando se separó apenas unos milímetros, su nariz rozó la mía, todavía sonriendo.
—Me encanta cuando estamos así sabías —susurró
Tragué, sintiendo el pecho agitarse.
—Pues acostúmbrate —respondí bajito— Porque no pienso irme a ningún lado.
Xavier volvió a besarme, más cortito, como un sello.
Y ahí, entre máquinas, cansancio y vendajes....los dos dejamos de esconder lo que ya sabíamos desde mucho antes.
⋆。°✩ ───────── ✩°。⋆
Una semana después
Había pasado una semana entera desde el accidente.
Siete días de sueros, turnos, regaños, revisiones, más sueros, más regaños, y un Xavier que casi se pelea con medio hospital porque odia la gelatina, "Stormy, ¿por qué me quieren torturar?".
Ahora él estaba completamente recuperado, caminaba como si nada, respiraba como si nada, parecía que lo habían sacado de una revista de salud perfecta y yo....yo seguía envuelta como regalo de cumpleaños.
Vale, exagero, pero todavía tenía el vendaje alrededor del torso, aunque el dolor ya no era esa puñalada constante que me hacía ver estrellitas, ahora era más como un "oye, recuerda que estuviste al borde del desastre, no te emociones", agradable.
Bien, Marlowe, fabulosa y sobreviviente. Todo elegante...dentro de lo que cabe.
La habitación hospitalaria seguía oliendo a gel antibacterial, perfume caro de Eleonor y, por alguna razón a té que nadie me dejaba tomar. Xavier estaba sentado a los pies de mi camilla, moviendo el pie con impaciencia, como si hubiera pasado un mes encerrado ahí.
—Te ves mejor —comentó, inclinándose apenas para verme a los ojos— Ya no frunces la cara cada vez que respiras, un progreso importante, diría yo.
—Gracias por la evaluación médica, doctor Arvest —respondí con una sonrisa lateral.
—Ah, por favor —resopló, rodando los ojos— El único doctor que mandas al demonio con una mirada es tu papá.
Ok, eso era cierto y también muy vergonzoso recordar cómo mi padre prácticamente lo interrogó mientras revisaba mis placas.
Xavier se acercó un poco más, apoyando un codo a mi lado.
Su cercanía ya no me sorprendía, pero sí me hacía sentir que las mariposas habían firmado contrato permanente en mi estómago.