Xavier
El sonido de las voces de Marlowe, Ellie y Evangeline llegaba hasta la habitación como un murmullo constante.
Risas, hojas moviéndose, Ellie quejándose por la cantidad absurda de información, Evangeline intentando poner orden y Marlowe murmurando frases sarcásticas cada dos minutos.
Era....reconfortante.
Pero yo no estaba ahí, estaba sentado en la orilla de la cama, la espalda recta, con la sensación incómoda de que algo estaba a punto de explotar.
Mi madre cerró la puerta con suavidad antes de hablar.
—Tenemos que hablar, Xavier.
Lo supe desde su tono, ese tono nunca significaba nada bueno.
—¿Es sobre mis comentarios de antes? —pregunté, porque siempre intento ser gracioso cuando estoy a punto de entrar en pánico.
No funcionó, au mirada era seria, demasiado seria.
—No, Xavier. Es sobre tu padre.
Genial, perfecto, justo lo que necesitaba.
Me pasé una mano por el cabello y dejé salir un suspiro.
—¿Qué hizo ahora?
Mi madre no respondió enseguida, caminó hacia mí, con ese paso elegante que siempre ha tenido, y se sentó a mi lado, sus manos estaban entrelazadas, lo cual ya era una mala señal.
—Lo sabe —dijo finalmente.
—¿El accidente? —pregunté, sabía que la respuesta era "sí" pero quería escucharla de su boca.
Ella asintió
—Gabrielle....—inhaló profundo, casi molesta solo de pronunciar el nombre— él escándalo en el hospital, alguien grabó, circuló en redes, llegó a los medios.
Me quedé en silencio, el nudo en el estómago apareció de inmediato.
—Y eso lo llevó a él.
—Sí —dijo mamá con un hilo de voz— Tu padre se enteró de todo del accidente, de que no estabas solo, de que te quedaste aquí.
Giré la cabeza, mirándola.
—¿Qué está diciendo?
Ella bajó la mirada antes de decirlo.
—Tomó un vuelo anoche, llegará a Toronto mañana por la mañana.
Mi pecho se apretó de golpe.
No por miedo de que me gritara.
No por el accidente.
Por lo que venía después.
—Quiere que regreses —continuó ella, suavemente— Sin discusiones, sin explicaciones, sin preguntas.
Exactamente lo que temía.
Me levanté de golpe, caminando de un lado a otro, tratando de controlar el impulso de mandar a todos al infierno.
—¿En serio? ¿Después de todo lo que hablamos? ¿Después de decirle mil veces que necesito tiempo?
—Tú sabes cómo es —respondió mamá con un suspiro— Control, apariencias. Él cree que estás perdiendo el rumbo.
Reí sin humor
—¿Perdiendo el rumbo? Me dejé atropellar por un idiota que ni volteó, no estaba saltando de un edificio en llamas.
-No lo entiende -dijo ella, negando suavemente- No entiende que eres feliz aquí que estás....construyendo algo.
Su voz se volvió aún más suave.
—Que estás con alguien que te importa.
Cerré los ojos un segundo, sí, ella sabía. Lo sabía desde el primer momento que me vio mirar a Marlowe, como la miro.
—No voy a dejarla —dije, firme.
Mi madre me miró con una mezcla de orgullo y miedo.
—No quiero que la dejes, Xavier. Pero tu padre no va a escucharte, no esta vez. No después de un accidente que llegó a los noticieros.
Me dejé caer otra vez en el borde de la cama.
Esa sensación amarga en el pecho,
esa que había intentado ignorar desde que conocí a Marlowe,
volvió.
Siempre pasa, siempre tiene que arruinarlo todo.
—No quiero que ella se entere de esto —dije— No todavía, no así, no cuando sigue un poco débil
—Lo sé —respondió mamá— No voy a decir nada, pero Xavier, tienes que pensar qué vas a hacer cuando él llegue.
—No voy a irme —repetí
Y era verdad, no iba a dejar a Marlowe, no después de todo, no ahora.
Pero también sabía que mi padre haría lo que fuera para sacarme de Toronto.
Cueste lo que cueste.
Mamá me tocó la mano, suave.
—Estoy contigo, hijo pero tienes que ser inteligente esta vez, no impulsivo.
Asentí, incluso si por dentro tenía ganas de romper algo.
Desde afuera, se escuchó la voz de Ellie:
—¡MARLOWE, SI REPRUEBAS NOS CAMBIAMOS DE UNIVERSIDAD TODAS!
Seguido de la carcajada de Evan, que debió llegar con comida.
Y en medio de todo ese ruido,
ese caos, esa vida que yo quería,
me di cuenta de algo que jamás me había atrevido a aceptar en voz alta.
Yo no iba a perderla
No esta vez
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Siguiente día
El problema con mi padre es que nunca avisa. Simplemente aparece opeor cae como una tormenta sobre todo lo que toca. Por eso, cuando Christian me abrió la puerta del departamento con la mandíbula tensa y esa mirada de "prepárate", supe que el desastre ya estaba adentro.
Entré y ahí estaba él.
Mi madre, elegantísima incluso agotada, hablaba en voz baja con él. Ben estaba de pie a su lado, brazos cruzados, la espalda rígida y Christian formaban una especie de barrera humana cerca de la cocina, como si cualquiera de ellos pudiera detener un huracán de dos metros con corona y mal humor.
Mi padre levantó la mirada y sentí el golpe sin que dijera palabra.
Ojos verdes, los mismos que los míos, pero fríos, escrutándome de arriba a abajo como si necesitara asegurarse de que yo seguía siendo, funcional, presentable y utilizable.
—Xavier —dijo finalmente, su voz grave, un filo de acero en cada sílaba.
—Padre
La tensión se podía cortar con bisturí en la mesa frente a mi padre había un montón de papeles, carpetas, documentos sellados demasiados. Papeles que no deberían estar ahí, papeles que solo significaban una cosa él venía preparado, venía decidido.
Mi madre volteó a verme, su rostro suave intentando calmarlo todo, como siempre lo hacía.
—Hijo....—sus ojos decían ten cuidado.
Mi padre ni esperó, se puso de pie con esa postura impecable que había practicado desde que tenía mi edad.